La última cacería

31 Mar

Hedor de muerte en el Oeste. El análisis completo, en Bandeja de Plata. Aquí, unos simples apuntes.

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“Te equivocas, chico. Matar a un elefante no es un delito. Es mucho más que eso. Es un pecado matar a un elefante ¿Entendido? Es un pecado. Es el único pecado que puedes cometer comprando una licencia.”

John Wilson (Cazador blanco, corazón negro)

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La última cacería

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La última cacería.

Año: 1956.

Director: Richard Brooks.

Reparto: Stewart Granger, Robert Taylor, Debra Paget, Lloyd Nolan, Russ Tamblyn.

Tráiler

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             En el singular territorio del western, la vida y la muerte conforman dos líneas gemelas que se entrecruzan, hibridan y enfrentan sin solución de continuidad. En La última cacería, el desacuerdo entre la voluntad de vida y la voluntad de muerte intrínsecos a la condición humana quedan encarnados en el duelo antagónico entre dos hombres: un cazador de bisontes que mata “porque es lo único que sabe hacer” y un cazador de bisontes que mata porque “matar es la expresión misma de la vida”.

             [más] El acercamiento de Brooks al western, trazado a través de La última cacería, Los profesionales y Muerde la bala, se establece desde el desencanto y la conciencia del fin de una época. [más] una tierra de gigantes caídos [más]. El rebaño de bisontes que oficia la apertura del filme, bestias telúricas y magníficas ligadas a las raíces mismas del país, no son más que los pálidos fantasmas de las ingentes manadas que otrora surcaron las praderas vírgenes, diezmadas por la salvaje codicia del hombre blanco y el hambre reverencial del piel roja.

[más] La contradicción entre el hastío de negociar con la muerte y el impulso destructivo e insaciable. Entre el atentado natural y religioso de erradicar estas hermosas criaturas y la patética voracidad del hombre entregado sin medida a sus apetitos primarios e irracionales. [más]

McKenzie, honesto y tolerante, torturado por lo que considera un crimen, es un individuo hostigado por unos remordimientos que, a falta de cura mejor, trata de acallar cínicamente con dinero. Mata porque así está escrito en su sangre, porque es su destino irreparable. Por su parte, Gilson es un sujeto que siente el asesinato como una pulsión irreprimible, un imperativo existencial equiparable al sexo, a la embriaguez. [más]

             [más] La última cacería denuncia el atropello ecológico ejercido por el hombre occidental, adalid de la presunta civilización, en el nombre de saciar su avaricia o, simplemente, distraer su aburrimiento. Brooks filma las escenas de caza con una desarmante ausencia de énfasis. Más que un acto épico, el espectador contempla crudas ejecuciones. [más]

La lectura económica es otra de las múltiples esquinas que contiene esta obra repleta de afiladas aristas, perfiladas por unas líneas de guion que conjugan su deje discursivo a fuerza de su despiadada contundencia [más]. Gilson se siente dueño de todo aquello sobre lo que se posan sus ojos, de todo lo que ambiciona su deseo [más].

             Pero incluso por encima de todo ello, La última cacería configura un combate cósmico y trascendental. [más] la trama dibuja un agrio crescendo trágico [más], mientras que el escenario adquiere un aspecto casi apocalíptico, inundado de rasgos atávicos y prodigiosos [más], excepcionalmente simbólicos y reveladores a la hora de representar la anticlimática resolución del duelo; conclusión por ello mismo todavía más significativa y poderosa.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7,5.  

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