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Sueños eléctricos

12 Mar

“Nunca confíes en un ordenador que no puedas arrojar por la ventana.”

Steve Wozniak

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Sueños eléctricos

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Sueños eléctricos.

Año: 1984.

Director: Steve Barron.

Reparto: Lenny von Dohlen, Virginia Mardsen, Bud Cort.

Tráiler

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            En la que probablemente sea mi escena de asesinato favorita del cine, el astronauta Dave Bowman procede a desconectar uno por uno, con parsimonia y sin misericordia, los circuitos internos de la rebelde computadora HAL 9000. La absoluta frialdad del hombre se contraponía entonces a una máquina tremendamente conmovedora a causa de la palpable autoconsciencia de su ser y de su muerte, repleta de dudas y temor. Uno, a pesar de las tropelías que ésta había realizado poco antes, se identificaba con la humanidad de HAL 9000. O, cuanto menos, se ponía un poquito de su parte.

En Sueños eléctricos -delirio cómico-romántico nacido en los libérrimos ochenta sin miedo a los límites del buen gusto o de las convenciones tradicionales e inmersos en plena revolución informática-, un tímido y torpe arquitecto y un ordenador que cobra personalidad propia gracias a un cortocircuito provocado por un vertido de champagne, se disputan a la bella Virginia Mardsen, uno de los iconos eróticos de la década.

Y ocurre algo parecido que con 2001: Una odisea del espacio: uno desea que ese PC entrañablemente vintage, ortopédico y audaz sea quien lleve a la chica.

            Autoproclamado “cuento de hadas para computadoras”, la película denuncia la obsesiva y atolondrante dependencia del ciudadano contemporáneo de la tecnología y la informática –y de esto hace ya treinta años-, que en el caso del protagonista se extenderá al tramposo uso de las inesperadas habilidades musicales de su ordenador –literal- para la conquista de su amada vecinita, chelista profesional.

            Antítesis amable de los morbosos recovecos de la estrecha relación entre hombre y técnica que exploraría un cineasta agudo y retorcido como David Cronenberg –ver Videodrome– o de las reflexiones metafísicas de Blade Runner acerca de los sentimientos humanos y la inteligencia artificial, Sueños eléctricos ofrece una alternativa naif, empalagosa y adorable a ratos -sobre gracias a sus chispazos de humor blanco- que apuesta por el despertar emocional analógico. Un discurso que, en su génesis, mantiene fresca su vigencia en la edad de los smartphones y las redes sociales, toda vez que además la programación exhibida por el enamoradizo aparato es realmente visionaria.

Su narración sencilla, lineal y no estrictamente coherente –incluso dentro de su encuadre fantacientífico- permite un visionado sin esfuerzo –y sin excesiva pasión-, mientras que el magnetismo del ordenador y el encanto de Mardsen compensa lo irritante que resulta el personaje principal encarnado por Lenny von Dohlen y el ocasional regusto hortera característico de los videoclips de la época.

 

Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 5,5.

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