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La última noche

5 Mar

“Nueva York es un personaje más de mis películas. Es una ciudad capaz de representar el estado de ánimo que requiere cada escena.”

Sidney Lumet

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La última noche

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La última noche.

Año: 2002.

Director: Spike Lee.

Reparto: Edward Norton, Rosario Dawson, Barry Pepper, Philip Seymour Hoffman, Brian  Cox, Anna Paquin, Tony Siragusa, Levan Uchaneyshvili.

Tráiler

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            Los atentados terroristas del 11 de septiembre no solo dejarían su aciaga impronta en los códigos y la formulación del cine catastrófico hollywoodiense. En los años posteriores al desgarrador acontecimiento, otros géneros como el drama mostrarían también una manifiesta influencia de su traumático impacto.

La última noche escenifica las horas finales de libertad de un camello condenado a siete años de cárcel (Edward Norton) en una Nueva York con las cicatrices del horror aún abiertas, poblada de fantasmas, víctima de una atrocidad después de la cual, como ocurrirá con el protagonista del filme tras su paso por prisión, nunca volverá a ser la misma.

Es el brutal asesinato de una inocencia fingida, falaz, feliz, autosatisfecha.

            Con La última noche, Spike Lee dejaba de lado las características inquietudes raciales de su filmografía, enfocadas desde el punto de vista de la comunidad afroamericana neoyorkina, para explorar con admirable humanidad y empatía las heridas de unos personajes descompuestos y desamparados, pequeñas piezas sueltas de la sobrecogedora y hermosa megalópolis que trata de resurgir, terca e imponente, de sus estremecedoras cenizas.

            La luctuosa partitura de Terence Blanchard, compositor de cámara de Lee, y la grave fotografía de Rodrigo Prieto, completan y redondean la excelente composición de atmósfera, que produce unos fotogramas densos de emociones contenidas, exudadas, al borde de la explosión.

Sentimientos e impulsos capturados con tensión, intensidad y claustrofobia por el objetivo del realizador gracias también un montaje crispado, con abundantes cortes y recursos expresivos poderosos, algunos tomados de su repertorio personal como los monólogos escupidos con odio mirando a cámara –quizás la escena más conocida de la obra, similar a otras de películas como Haz lo que debas o el ‘efecto flotante’ de la doble Dolly, aquí un tanto gratuito y excesivo dentro del tono más bien intimista del filme, al igual que sucede con la aparición directa de la mafia que propicia la crisis del protagonista –fugaz y poco trascendente, no obstante-.

            El guion de David Benioff, adaptación de su propia novela, radiografía los miedos, las culpas y el arrepentimiento de un hombre que afronta la consumación cierta e inmediata de su fatídico destino. Norton perfila su trabajo desde el aplomo y el matiz, garantía para la adecuada y profunda conexión del espectador con su estado anímico. En manos de un reparto desbordante de talento y perfectamente entonado, lo mismo ocurre con el resto de personajes, individuos acosados por las deudas, la insatisfacción, el desengaño, la desorientación, los embates del inmisericorde cinismo de la realidad.  

            Por mucho que lo intente, ni siquiera el extraordinariamente conmovedor soliloquio paterno sirve ya como nuevo remanso paz con el que recobrar la ingenuidad perdida.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 9,5.

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