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A propósito de Schmidt

26 Feb

“No pienso jubilarme porque sé que me echarías mucho de menos.”

Jack Nicholson

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A propósito de Schmidt

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A propósito de Schmidt.

Año: 2002.

Director: Alexander Payne.

Reparto: Jack Nicholson, Hope Davis, Kathy Bates, Dermont Mulroney, June Squibb.

Tráiler

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             El hombre, desorientado en la encrucijada. Ya sea a causa de la jubilación y la viudez repentina, sea a causa del infortunio romántico, sea a causa de la tragedia familiar, los protagonistas de A propósito de Schmidt, Entre copas y Los descendientes, obras señeras de Alexander Payne, son víctimas de una crisis personal decantada por una mezcla de soledad y desarraigo que los conduce a la búsqueda de respuestas, no se sabe bien dónde ni cómo.

             Al igual que otros ilustres ejemplos de miembros de la tercera edad volcados a la carretera –Fresas salvajes, Harry y Tonto, Una historia verdadera-, Warren Schmidt tratará de resolver los brumosos interrogantes existenciales que lo acongojan por medio de un viaje iniciático situado, paradójicamente, al final del camino.

Un periplo donde poder repasar el debe y el haber de su biografía, revisar su escala de valores y creencias y encontrar un sentido que ofrezca al menos consuelo frente al derrumbe del mundo que lo rodea, herido de muerte y condenado a la desaparición sin huella –su supresión como miembro útil y activo de la comunidad, el fin de su figura como padre proveedor, el hurto del recuerdo idealizado y añorante de su esposa fallecida-.

             Schmidt, encarnado por un formidable y contenido Jack Nicholson, es la viva imagen de la clase media norteamericana-occidental, anestesiada por la grisura de un consumo superficial, la consecución de unos sueños de promoción laboral absolutamente inanes e insatisfactorios y el ensimismamiento dentro un matrimonio tradicional exitoso solo en su fachada publicitaria, carente de significado afectivo verdadero y fundamentado en la incomunicación entre extraños. Carcasas vacías que, en realidad, esconden un sinfín de humillaciones y frustraciones acumuladas y mal digeridas.

De ahí el punto de contraste que ofrece el niño Ndugu, desternillante confesor a distancia y, acaso, instrumento redentor por su agradecida inocencia y sinceridad.

             Payne retrata a su criatura en su enternecedor patetismo natural, melancólico, estupefacto e hilarante a partes iguales; rasgos característicos, involuntarios y universales que se ciernen sobre todo individuo perdido y desamparado, mártir de una sociedad deformada, hipócrita, absurda e ininteligible.

En consecuencia, la narración practica hábiles equilibrios entre el drama y la comedia. Su sabia administración por parte de su director, un cineasta con excelente oído para captar las pequeñas miserias de la experiencia diaria del ser humano contemporáneo y una más que notable pericia para la puesta en escena –la mole grisácea que atrapa a un hombre que mata al tiempo mientras el tiempo lo mata, el progresivo desorden de su persona y su entorno-, evita que la película se transforme en una tragicomedia de cartón piedra.

             Un conmovedor y divertido acercamiento al fracaso cotidiano, al miedo que produce la soledad y el olvido, a la necesidad íntima y vital de crear un legado.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 8.

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