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Corazón de cristal

6 Feb

“El único realista de verdad es el visionario.”

Federico Fellini

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Corazón de cristal

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Corazón de cristal.

Año: 1970.

Director: Werner Herzog.

Reparto: Josef Bierchbichler, Stefan Güttler, Clemens Scheitz, Sonja Skiba.

Filme

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            Aunque se le integre en la nómina de fundadores del Nuevo Cine Alemán, Werner Herzog, como muchos de los personajes de su obra, siempre ha navegado contracorriente de todo. En contraste directo frente los cánones de este movimiento de renovación, Herzog despreciaría en buena medida el realismo -incluso en sus numerosas realizaciones documentales-, para adentrarse en un universo propio en el que el individuo parece encontrarse inmerso en una batalla marginal y obstinada contra la sociedad, la naturaleza y uno mismo, desarrollada en un escenario que roza el surrealismo y la atemporalidad, situado en la delgada frontera que separa lo onírico de lo enloquecido y enajenado.

Estas sensaciones delirantes y apocalípticas, en las que el ser humano es un mísero ente abandonado a merced de un universo cruel e incomprensible, definen y se apoderan de Corazón de cristal, película que sigue a las apabullantes Aguirre, la cólera de Dios y El enigma de Kaspar Hausen, las obras con las que Herzog había conquistado la atención del panorama cinematográfico internacional.

            No obstante, si en la primera rasgos de estilo como la aparente improvisación de la puesta en escena y la presencia sobrecogedora de la naturaleza, las interpretaciones amateurs llenas de parlamentos torpes e inconexos, y la partitura new age de Popol Vuh funcionaban a la perfección para componer una atmósfera alucinada e irreal, en Corazón de cristal -película que gravita alrededor del desconcierto y el temor colectivo que sufren los habitantes una pequeña comunidad que ve extinguirse su modo de vida-, naufragan en la confusión y el absurdo.

Quizás también contribuya a ello la inundación símbolos y alegorías que, a un servidor, se le antojan en exceso difusos e inexpugnables -¿la orfandad del hombre adocenado e incapaz de conocer la realidad y la verdad que existe más allá del horizonte, en una apropiación de la caverna platónica?, ¿la pérdida de contacto con lo trascendente?, ¿la decadencia de la sociedad occidental?-.

            De este modo, en Corazón de cristal no se produce la pretendida conexión de las imágenes con el subconsciente recóndito y primitivo. El espectador no cae atrapado en el ejercicio de hipnosis que proyecta Herzog y que, durante el rodaje, se comenta que sometió a los propios actores de la película –no alcanzo a comprender con qué objetivo-.

El filme posee algunas escenas sorprendentes y de gran sugerencia en su apelación a lo irracional. La descripción del trabajo de soplado de cristal enraíza en su atávica capacidad de fascinación con el célebre documental Glas, rodado por el holandés Bert Haanstra a ritmo de jazz. Pero, por el contrario, el inescrutable cripticismo del argumento y la primigenia dejación estética característica de Herzog, dañina para muchas escenas, provoca que uno no termine de sumergirse y participar en la ensoñación que abraza y delimita esta particularísima propuesta.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 5.

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