El arpa birmana

31 Ene

“No es el rifle quien mata, sino un corazón endurecido.”

Stanley Kubrick

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El arpa birmana

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El arpa birmana.

Año: 1956.

Director: Kon Ichikawa.

Reparto: Shôji Yasui, Rentarô Mikuni, Jun Hamamura, Taketoshi Naitô, Shunji Kashuga, Kô Nishimura.

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            La guerra transforma a las personas. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Kon Ichikawa era un cineasta conocido sobre todo por sus comedias. Después de la Segunda Guerra Mundial, Ichikawa retrataría el horror, la barbarie y la muerte desde una de las aproximaciones más escalofriantes al conflicto: Nobi (Fuego en la llanura). En ella, el ser humano quedaba reducido a poco más que una alimaña malherida, desquiciada y antropófaga. Tres años antes, en El arpa birmana, su visión del hombre era igualmente desengañada, aunque en ella se podía rastrear todavía tibios y frágiles rescoldos de esperanza.

            En El arpa birmana, la redención del sargento Mizushima, motivada por la crisis espiritual que le provoca ver las montañas de cadáveres insepultos –registrados con total crudeza a través de imágenes espeluznantes-, es a la vez una llamada a la redención de la condición humana en su conjunto y una proclamación de la necesidad de mantener la memoria de la tragedia.

            Alejada de los estereotipos canonizados por el cine estadounidense, el pelotón japonés que protagoniza la cinta no es más que un puñado de hombres que tratan de sobrevivir en medio de una sinrazón que, afortunadamente, parece tocar a su fin (o no). Son amistosos, reflexivos y nobles y conservan su humanidad a través del uso de la música, arte universal y armonizador por excelencia. No es casual que el término de la lucha se anuncie y se materialice por medio de una canción entonada al alimón con las tropas otrora enemigas, dibujada por Ichikawa en una secuencia a la luz de la luna de elevado influjo lírico –obtenido a costa de la verosimilitud, claro-, ejemplo de una elegancia estética de la puesta en escena que es expresión directa de la delicadeza de los sentimientos manejados en el filme.

            El arpa birmana tampoco cae del todo en la revisión autoindulgente pese a omitir aspectos polémicos acerca de la cruenta actuación imperialista de Japón sobre el sureste asiático, que conocería episodios absolutamente negros. Su antibelicismo desarrolla también una mirada crítica acerca del fanatismo de los ejércitos nipones –la irracional batalla postrera de la colina-, enfervorecidos por un patriotismo mal entendido que, en primer lugar, atenta contra cualquier tipo de valor humano y, en segundo, supone un servicio inútil a la nación, necesitada de brazos enérgicos para su reconstrucción.

El encuentro en el puente entre el sargento Mizushima y sus antiguos compañeros supone entonces el trazado de dos vías cruzadas de afrontar la posguerra: el retorno al hogar con la simple satisfacción del superviviente frente al renovado sacrificio personal emprendido con el propósito de cerrar las espantosas heridas abiertas  -simbolizado en el entierro de los muertos-, alcanzar definitivamente la ansiada paz interior y alimentar el recuerdo de la degradación física y moral que la guerra puede infligir al hombre. Una remembranza imprescindible.

            En 1985, Kon Ichikawa rodaría una nueva versión de El arpa birmana, esta vez en color.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

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6 comentarios to “El arpa birmana”

  1. altaica 1 febrero, 2014 a 01:19 #

    Una de mis películas fetiche de la historia del cine. Víctor, aún recuerdo el día que la vi por primera vez y la conmoción que me produjo.

    Extraña en su género, desoladora y lírica al mismo tiempo, brillantísima y sencilla, bordeando lugares casi imposibles en lo que cuenta y como lo cuenta, asumiendo riesgos que sortea de modo casi milagroso, y siempre hermosa.

    Una película a reivindicar pues está excesivamente olvidada y está a la altura de las grandes películas del cine nipón.

    • elcriticoabulico 1 febrero, 2014 a 15:28 #

      Es una película de alto voltaje emocional, sin duda. Además, es toda una proclamación pacifista que clama por cerrar las absurdas heridas del conflicto pero sin caer en la ingenuidad torpe de querer enterrar con ellas el recuerdo de sus pútridas raíces, sus envenenados efectos y sus terribles consecuencias.

  2. ALTAICA 3 febrero, 2014 a 14:19 #

    Siempre que he hablado de esta película nadie la comenta, así que cada vez estoy más convencido que son pocos los que la hen visto y de ahí que su director sea mucho menos valorado que otros de su generación o país. Me alegra bastante que tú seas uno de los que te han acercado a verla. Un abrazo.

    • elcriticoabulico 3 febrero, 2014 a 15:29 #

      El cine clásico japonés supone cierto nivel de exigencia que no todo el mundo está dispuesto a tolerar. Por mi parte, ya sabes que soy un tipo permeable a hacer caso de las sugerencias (las cuales, por lo general, suelo terminar por agradecer mucho, como has podido ver). Un abrazo.

  3. aturo 20 abril, 2014 a 09:08 #

    brillante pelicula, brillante analisis.

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