El lobo de Wall Street

30 Ene

Sexo, drogas y acciones en stock, en El Peliculista.

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“La Mafia no es diferente a cualquier otra avariciosa corporación americana cuyo objetivo es la obtención de máximo beneficio.”

Francis Ford Coppola

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El lobo de Wall Street

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El lobo de Wall Street.

Año: 2013.

Director: Martin Scorsese.

Reparto: Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Kyle ChandlerP.J. Byrne, Kenneth Choi, John Bernthal, Rob Reiner, Joanna Lumley, Jean Dujardin, Matthew McConaughey.

Tráiler

          ¿Tiene derecho El lobo de Wall Street a ser una película divertida? Porque, a pesar de que le sobre por lo menos una hora de metraje, El lobo de Wall Street es una comedia arrolladora, repleta de situaciones estrambóticas, personajes marcianos y ocurrencias desternillantes, dirigida por Martin Scorsese como si quisiera imprimir en ella el ritmo vital de cualquiera de los cocainómanos que aparecen en sus fotogramas –con sus agresivos picos de euforia y sus respectivas depresiones ahogadas en charlas interminables o puros balbuceos incoherentes-.

Pero, ¿es lícito que así sea? En realidad, el Jordan Belfort de Leonardo DiCaprio -magnífico, por cierto- pasa por ser un hermano gemelo del Henry Hill (Ray Liotta) de Uno de los nuestros: chicos listos capaces de cumplir su destino escrito en la sangre y conquistar la cima del mundo; financiero uno, criminal el otro. De hecho, la estructura de ambas películas es idéntica, ya que describen un ascenso y caída marcado por el exceso y comentado por el protagonista a través de una socarrona voz en off llena de útiles lecciones teóricas acerca del funcionamiento del mundo y la sociedad. Y, más aún, ambos relatos describen una apropiación indebida del sueño americano, el de hacer un millón desde un centavo. No por nada, tipos como Al Capone en la vida real y mafiosos como Tony Montana en la vida cinematográfica -curiosamente los dos apodados ‘Scarface’-, fueron baluartes y acérrimos defensores de la América del capitalismo. Terence Winter, creador de la serie Boardwalk Empire y responsable de los libretos de numerosos capítulos de Los Soprano, así como del de la presente cinta, bien lo puede atestiguar.

Sin embargo, la principal diferencia estriba en que mientras que el gángster es un estereotipo de fantasía –su influencia no es demasiado diferente a la de jugar a indios y vaqueros– y sus repercusiones sobre la sociedad son muy localizados, el bróker de bolsa y los ingenieros de finanzas de alto standing son sujetos responsables de primer orden en la mayor debacle económica –y con ello social, cultural, sanitaria, educativa,…- que ha tenido lugar en la Historia contemporánea. Recordemos que el filme adapta un libro autobiográfico del propio Belfort, timador condenado por malversar 146,5 millones de euros de sus inversores y que, tras cumplir 22 meses de cárcel, ha retornado a la senda del éxito gracias a sus conferencias sobre técnicas bursátiles.

          Es decir, que bailarle el agua a estos hijos de la grandísima puta y regalarles una película que les ría las gracias y celebre con palmoteos sus divertidas jaranas llenas de alcohol, drogas, putas y dólares, no me parece una decisión moralmente aceptable. Principalmente debido a que, aparte de dosificar puntuales alusiones al deseo de todo ciudadano de enriquecerse a cualquier precio, al venidero colapso de los chanchulleros Lehman Brothers, Goldman Sachs y compañía o al cinismo de la banca suiza, el trasfondo no parece albergar mayores intenciones que mostrar lo maltrecho que ha quedado el citado sueño americano, la devoción del estadounidense medio por el vil metal y la corrupción ética y personal aparejada a todo estatus de poder, por desgracia siempre desde una óptica más festiva, fascinada o simplemente testimonial que crítica, profunda o contextualizada –ni su quiera llega a darse el caso del Wall Street de Oliver Stone, la cual pretendía ser una crítica seria y acabó creando a un icono para las nuevas generaciones de neocons ultraliberales y especuladores bursátiles, Gordon Gekko, aquí invocado-. En El lobo de Wall Street hay mucho humor, pero poca sátira; hay acciones, pero no consecuencias.

          Sí, es verdad, el juicio corresponde a los espectadores, desarmados ante lo que se les narra en pantalla, pero la ecuanimidad de Scorsese no es estricta –el filme sostiene que Belfort es de los pocos brókers que no procede de una familia de gilipollas, que se ha hecho a sí mismo a base de perseverancia y pasión y que, presuntamente, a partir de cierto punto solo roba a ricos que se lo pueden permitir y dan más beneficios-. Los personajes que pululan por el filme son unos depravados, aunque unos depravados guasones y majetes que, como cualquier hijo de vecino, les encanta salir de parranda con los amigotes a ponerse pedo y a follarse tías buenas, solo que con más lujos y gastando más dinero, eso sí. Vamos, la situación soñada para cualquier persona menor de 30 años. Una envidia.

Scorsese dirige sus prósperas y alocadas aventuras con exactamente el mismo estilo que sus thrillers criminales, entremezclado con cierto regusto puntual a videoclip. Sus imágenes, desbordantes de lujuriosa fuerza y vitalidad, crecen en asociación con la cuidada banda sonora para redondear la crudeza de un guion marcado por transgresiones morales dotadas de un grotesco sentido del humor, abundantísimos tacos, desnudos integrales y esnifado de sustancias de lo más variopinto.

          El asunto es que, a causa de repetir y abusar del chiste del bróker como encarnación moderna de los césares romanos -máxima expresión del hedonismo pecaminoso fundamentado en el ejercicio del poder-, la obra se convierte en una sucesión de dinero y fiestas un tanto fatigosa y alargada, tanto más cuando en alguna escena determinada, el cineasta neoyorkino confunde mostrar el ridículo y resultar ridículo. Porque, en definitiva, todo esto termina pareciendo finalmente el producto de una juerga salida de madre.

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Nota IMDB: 8,6.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 6.

14 comentarios to “El lobo de Wall Street”

  1. kaldina 30 enero, 2014 a 18:54 #

    mmm No he querido verla, no me llama la atención.

    • elcriticoabulico 30 enero, 2014 a 19:44 #

      A mí el tema no me interesaba especialmente, pero hay determinada gente a la que hay que ir a ver sí o sí.

  2. Diego 31 enero, 2014 a 12:04 #

    La verdad es que a mí la película no se me hizo larga. Se ha hablado mucho de que le sobraba metraje pero me parece que se sostiene perfectamente con las tres horas. Quizá veinte minutos del final.
    En cuanto a que baila el agua a los brókers… Quedan retratados como tarados, hijos de puta y egoístas. No creo que porque haga gracia lo que hacen la idea de Scorsese fuera decir que “al fin y al cabo son unos tipos majos”. Sus acciones les describen y quedan como lo que son: drogadictos, puteros y desalmados.
    Esto es mi impresión, claro, y ya he leído varias críticas argumentando lo mismo que tú. Así que lo mismo Scorsese debería haber sido algo más crítico.
    Saludos.
    Felicidades por el blog, resulta interesante y práctico.

    • elcriticoabulico 31 enero, 2014 a 12:23 #

      Quedan retratados como hijos de puta y, como digo, comprendo que las intenciones de Scorsese no son las de hacer una película que los retrate como malos de opereta para convertirlos en simples chivos expiatorios al final de una moraleja aleccionadora. No obstante, al mismo tiempo, el retrato de Belfort no me parece esencialmente negativo. Sí, es infiel y le pega duro a las drogas, pero es un tipo que ha logrado hacer un imperio de la nada a base de (indigno) esfuerzo y que consigue el placer que busca, aunque luego se le va un poco de las manos (un niño que juega con juguetes peligrosos, el amigo al que se le ha ido de las manos la noche y se ha cogido un pelotazo digno de grabar entre risas y subir a YouTube). Además, sus aventuras tienen un notable parecido con los videoclips, que son la expresión actual de los cuentos de hadas.
      Comprendo perfectamente tu opinión, me parece muy inteligente y con muchas razones a las que sujetarse, y en algún momento yo también pude ver la película desde dicha perspectiva. Pero, al final, para mí termino por primar otra impresión distinta.
      Un saludo y gracias por pasarte.

  3. Dessjuest 31 enero, 2014 a 23:00 #

    Pues creo que volvemos al recurrente tema de la duración, excesiva duración, de las pelis, muy buena tiene que ser para aguantar tanto tiempo, o mucho tiene que contar, osea, “El Padrino” en el primer ejemplo o una de la saga del señor de los anillos en el segundo, la verdad es que da mucha pereza ponerte a verla.

    • elcriticoabulico 1 febrero, 2014 a 15:25 #

      Acertada reflexión. No estoy en contra de las películas abultadas por estar. Pero implican un riesgo muy elevado: mantener el interés, la concentración y el entusiasmo por el relato es dificilísimo. Valga u ejemplo reciente y destacable: La vida de Adèle, una cinta romántica sobre una pareja de chicas homosexuales, dura tres horas y creo que no le sobra ni un gramo. Me mantuvo absorbido durante todo el metraje.

  4. altaica 1 febrero, 2014 a 02:02 #

    Es puro y duro Scorsese. Hace exactamente lo mismo en esta película cuando dibuja a los brókers que cuando configura a mafiosos de poca o mayor monta. Nunca se ha caracterizado el director italoamericano por excesivos juicios de valor. Nos muestra a estos personajes como son o actúan, como viven y se comportan, y será lo que hacen y como lo hacen lo que entrará a juzgar el espectador. Distinto, bien distinto, es si les otorga credibilidad, si están bien o mal dibujados, si profundiza en ellos o los superficializa, si meramente esboza o dibuja en profundidad.

    A veces se ha dicho que es condescendiente con la mafia y los mafiosos, que es complaciente con la violencia de los que la ejercen, en tanto que hay recreación estética y efectista, pues muchas de sus escenas violentas anidan excesos y giros trágico cómicos, pero no hay discurso. Hay exposición, solo exposición.

    El mayor problema siempre lo he visto en su narrativa y en la continua epidermis que lo inunda todo. En este caso vuelve a caer en su mismo y sempiterno error, esto es, jugarlo todo al continuo y sistemático golpe de efecto. Me siguen pareciendo personajes de paja, ausentes de calado, navegando siempre en las formas, actos al servicio de momentos efectistas. Brókers estereotipados o mafiosos haciendo de mafiosos oficiales. Nada más. Sin más. Y todo en una vertiginosa apariencia, en un ritmo supuestamente frenético que a penas se sopese no alberga densidad real y sí estrictamente formal. A modo de mecano bastante hueco.

    Ni que decir tiene que “El lobo de Wall Street” es una película mala, profundamente mala. Mala en su confección como ya he dicho (ya sabes que no me gusta este director y como articula sus historias, no siempre obviamente) y es peor pues juega y juega mal. Como bien dices no es de rigor afrontar una historia como esta desde ese ángulo tan epidérmico, centrado en lo estrambótico, en la superficialidad más palmaria y miserable, mero reflejo externo de un ausente en la obra verdadero y desolador pleito ético interno. Y no, no se salvan sus mafiosos de poco o mucha monta, pues no son como dices hijos de la fantasía, pues como ya nos contara Coppola en su magistral “Padrino II”, hoy todo es (desde hace mucho tiempo) finanza, bolsa, poder y política. Y claro está, como tú y yo sabemos en los arquetipos del western había más dignidad, ética, moral, lírica y épica que impostura. Al menos la impostura superficial que siempre retrata el bueno de Scorsese. No hay más que ver, por poner un ejemplo, ese bodrio llamado “Gangs of New York”, otra vuelta de tuerca más en la pueril superficialidad de un momento histórico y de unos hechos.

    Cada vez me ratifico más en lo que opino sobre lo que tú ya sabes. Y no quiero insistir más pues parece que soy un cruzado contra alguien. Un gran abrazo.

    • elcriticoabulico 1 febrero, 2014 a 15:32 #

      En mi opinión, esta película sirve para darte la razón en casi todas las acusaciones contra Scorsese, que ya sabes que en muchas otras películas no las comparto. Yo creo que su cine de gángsters si contiene un notable peso reflexivo. Aquí, el esquema viene a ser muy parecido (cambiemos pistolas por teléfonos, ambición de poder por ambición de placer, y un par de detalles cosméticos más). Como bien señalas, mucha voluntad de exposición y, al mismo tiempo, un importante vacío detrás de sus imágenes ampulosas. Quizás es uno de sus principales fallos, más allá de la discusión acerca de si se trata de una mirada condescendiente o condenatoria. En realidad son tres horas de desparrame que, si se miran bien, tampoco es que digan gran cosa en comparación con su abultada apariencia. Un abrazo, Altaica. Un lujo de comentario, como siempre.

  5. Mariana Hernández 16 abril, 2014 a 19:03 #

    Leonardo DiCaprio ha crecido mucho en esta película. También sale brevemente Thomas Middleditch de Silicon Valley y Matthew McConaughey que tiene una escena imperdible.

    • elcriticoabulico 17 abril, 2014 a 01:10 #

      Pues por lo visto, la escena de McConaughey con su mantra y sus respiraciones está tomada de un ejercicio que él utiliza en la vida real para calentar la voz antes de actuar. ¡Gracias por pasarte, Mariana!

  6. Dessjuest 7 junio, 2014 a 23:38 #

    Pues para mí el problema de la peli no es que sea larga, que aguanta bastante bien, el problema es que para que sea larga y aguante bien mete un montón de escenas que como tales escenas pues molan, son divertidas, pero que en conjunto nada aportan, si te las ahorras tampoco pasa nada.

    Sale Margot Robbie, que era lo único decente de esa mierdosa serie llamada “PanAm”, está que se sale, qué cosa más linda, índice de follabilidad máximo 🙂

    • elcriticoabulico 8 junio, 2014 a 16:00 #

      A mí es que se me hace muy redundante. Son tres horas de dinero-farra-dinero-farra. Se puede contar más y en menos tiempo. O por lo menos lo mismo.

      • Dessjuest 8 junio, 2014 a 17:42 #

        Sí, pero al menos con alguna escena te ries, cosa que no pasaba con la de la gran estafa, aunque esta es bastante más larga incluso.

      • elcriticoabulico 8 junio, 2014 a 20:46 #

        A mí es que es un personaje que me da demasiada tirria como para reírme con él, sobre todo cuando Scorsese te está diciendo que quien te ha metido en esta mierda de crisis no es un monstruo extraordinario, sino un timador, un golfo y un farlopero de tres al cuarto. Pero sí, en comparación con La gran estafa americana, mucho más divertida, dónde va a parar.

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