Prisionero del odio

26 Ene

“Es importante realizar documentales, porque permiten acceder al fondo de la verdad. Pero no siempre se pueden hacer, y el público está acostumbrado a la ficción. La ficción, además, permite componer mejores metáforas y abrir más puntos de vista.”

Costantin Costa-Gavras

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Prisionero del odio

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Prisionero del odio.

Año: 1936.

Director: John Ford.

Reparto: Warner Baxter, Gloria Stuart, Claude Gillingwater, Ernest Withman, Douglas Wood, John Carradine, Harry Carey.

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            Las situaciones críticas son las que miden la verdadera catadura de una nación. En contraposición con el ejemplo inspirador de Abraham Lincoln, que abraza sinceramente el himno enemigo después de su derrota en aras de la necesaria reconciliación, Prisionero del odio recoge el arbitrario juicio y la barbárica condena aplicada al doctor Samuel A. Mudd, acusado de participar en la conspiración para el magnicidio del Presidentedonde la mano ejecutora sería la de John Wilkes Booth.

            John Ford, enconado humanista y defensor de los derechos del individuo, analiza las vergüenzas de la muchedumbre como animal irracional e incontenible por medio de un caso ejemplar. Es cierto que reduce cualquier tipo de matiz acerca de la inocencia de Mudd en el asesinato de Lincoln -hecho histórico no del todo aclarado-, pero es innegable el buen juicio y la ferocidad crítica de su discurso, además del convencimiento, la solidez y el poder emotivo con que lo expresa.

            Esa citada y abrupta contradicción entre el cerrilismo psicótico de la colectividad herida y el sentido común, la mesura y la tolerancia que el asesinado líder esgrimía como principio ineludible, hasta en los peores momentos, llena de amargura las progresivas conclusiones que el filme extrae a partir de un proceso judicial en el que, con el fin de apaciguar torpemente un dolor salvaje, el Estado miope e impotente deja en suspenso cualquier garantía básica de civilización –presunción de inocencia, justicia equitativa, compasión hacia el prójimo, valores morales,…-.

Un precioso y frágil legado arrasado no por una bala, sino por las teas de la turbamulta. Resulta curioso comparar las similitudes entre la masa exultante que aclama al Lincoln victorioso y la masa furibunda que clama por la sangre; esa misma masa que, individualizada, se horroriza ante la visión de un ahorcamiento.

            Ford despoja la máscara de la rugosa y corrompida cara oculta de América, la que se aferra a la agresividad histérica y embiste en vez de sentarse, recapacitar y redoblar con el debido convencimiento las virtudes humanas que lo han convertido en adalid de la libertad y la igualdad. Una imagen contundente, valiosa y todavía vigente, vista la enajenada soflama seudopatriótica y peligrosamente filofascista enfervorecida tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

            Por desgracia, menor intensidad luce la descripción de las atrocidades sufridas por el infortunado médico (un concentrado y estimable Warner Baxter), más superficial y armada con ligereza por medio de unos cuantos recursos manidos de crueldad y desesperación. Acaso más lúdica y espectacular, esta segunda vertiente resta cierta entidad a un conjunto, no obstante, con fuerza de sobra para arrear una buena ristra de atinados y devastadores mazazos contra la sociedad norteamericana.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

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