Plan de escape

23 Ene

Chuache y Sly: Los gemelos golpean dos veces, en El Peliculista.

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“Ahora Arnold Schwarzenegger es mi mejor amigo. Resulta raro, dada la gran rivalidad que manteníamos. No obstante, él sigue siendo tremendamente competitivo. ¿Ves este reloj? Es un modelo único en el mundo y yo lo llevaba el otro día para nuestro almuerzo. Arnold estaba desesperado porque le pudiera conseguir uno, pero le tuve que explicar que era imposible. ¡Se puso hecho una furia!”

Sylvester Stallone

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Año: 2013.

Director: Mikael Håfström.

Reparto: Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Jim Caviezel, Amy Ryan, Vincent D’Onofrio, 50 Cents, Faran Tahir, Vinnie Jones, Sam Neill.

Tráiler

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Plan de escape

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Plan de escape.

          El cine es, entre otras muchas cosas, una máquina del tiempo que nos permite retornar a la juventud con solo hacernos ver en la pantalla que nuestros héroes de las películas de antaño continúan vivos y dando guerra (aunque con las canas mal teñidas, recauchutados con botox y con dos o tres metros de pellejos colgantes podados a base de liftings). Y nadie como Sylvester Stallone ha sabido entender que esta nostalgia es dinero, lo que le ha llevado a reciclar su mortecina carrera mediante la construcción de un auténtico parque de atracciones sobre los dinosaurios del cine de acción.

Ya sean firmadas y facturadas por sus propias manos (Rocky Balboa, John Rambo, Los mercenarios, Los mercenarios 2 y la próxima Los mercenarios 3) o encargadas a terceros (Una bala en la cabeza, intento de recuperar la fisicidad del thriller ochentero, La gran revancha, recién estrenada, y la presente Plan de escape), las películas de Stallone están concebidas, diseñadas y elaboradas a medida con el objetivo de inducir esa reconfortante morriña de tiempos pasados (y presuntamente mejores) en aquellos espectadores que crecieron amamantados por sus amorosos e hipertrofiados pechos, ya adultos y con una nómina con la que costearse la entrada a la sala. O al menos algunos.

          Siguiendo esta idea, Plan de escape emplea como reclamo el choque apoteósico entre Stallone y Arnold Schwarzenegger: los emperadores del mamporro, los reyes del mambo y los que cortaban el bacalao durante los ochenta y los principios de los noventa, rivales íntimos por el cetro mundial del ‘action hero’ definitivo y ahora, tras los breves e insuficientes roces acontecidos en la saga de Los mercenarios, aliados a tiempo completo en su arriesgada misión de financiarse el plan de pensiones.

          La película se encuadra dentro del género carcelario, capítulo de fugas imposibles. Para aumentar la espectacularidad, la trama introduce a Ray Breslin (Stallone), experto en detección de vías de escape en prisiones de máxima seguridad, dentro una cárcel privada destinada a confinar a toda la vil morralla de la que prefieren desentenderse los civilizados gobiernos del mundo. Una vuelta de tuerca que podría asociarse incluso con esa corriente cinematográfica coetánea que comienza a sacudirse las cadenas ultrapatrióticas posteriores al 11-S para desarrollar una mirada crítica hacia las actuaciones de Estados Unidos –véase La noche más oscura en el cine serio; la reivindicable Iron Man 3 en el de palomitas-; tendencia que en esta ocasión se traduce en la alusión obvia a los desmanes perpetrados en Guantánamo. Además, a ello se le añade el apunte hacia la explotación capitalista sin escrúpulos de una nueva mercancía, la libertad humana -pregunten por el turbio sistema penitenciario norteamericano, buena parte de él en manos de oscurantistas corporaciones-.

Por supuesto Plan de escape, con aspiraciones de puro espectáculo de pirotecnia, se encuentra a kilómetros de esta finalidad, pero recordemos que este género carcelario nació con vocación de denuncia social y concienciación ciudadana.

          Aparte de esta primaria excusa argumental y de una ambientación que, acorde a las pretensiones de más difícil todavía, posee una estética futurística y tecnológica que ya quisieran para sí películas de ciencia ficción como Fortaleza infernal (1 y 2) o MS1: Máxima Seguridad, lo cierto es que Plan de escape ofrece pocos motivos para la sorpresa. Hasta se puede rastrear en su mecanismo interno trazas de clásicos inmortales como Fuerza bruta, presentes en el retrato de ese carcelero de crueldad despiadada, modales refinados y gusto por la música sinfónica, hijo bastardo del icónico capitán Munsey de aquella.

A su vez, fiel reproducción de los grandes éxitos del dúo protagonista, la película aúna movimiento constante amenizado con una generosa ristra de chascarrillos chulescos. El sueco Mikael Håfström, que había prometido mucho con Evil (Ondskan) y posteriormente se ha ido diluyendo en proyectos hollywoodienses prefabricados, controla con pulso firme el desarrollo de la función. Dejando de lado las evidentes incongruencias del guion -tampoco conviene hacerlas demasiado caso en una cinta de este pelaje-, uno se entretiene bastante observando las andanzas de los dos viejos mitos, basadas, paradójicamente, en la inteligencia y no en los músculos –de hecho, el personaje de Stallone sería capaz de dejar en pañales al mismísimo MacGyver-.

Quizás por esta razón, las fantasmadas pardas del final y el embarullamiento con el que se resuelve todo – Håfström se ve obligado a insertar unas cuantas secuencias explicativas, por si las moscas-, provocan que esa mueca de velada satisfacción acabe torciéndose un poco. Aunque, en definitiva, es imposible no reconocer que Plan de escape es una cinta que da exactamente lo que se espera de ella. Ni más, ni menos.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 5,5.

4 comentarios para “Plan de escape”

  1. Dessjuest 23 enero, 2014 a 23:24 #

    El otro día lei que ambos, Arnoldo primero y Stallone segundo, son los actores que más muertos tienen en su haber en el cine, por contar algo curioso.

    Sobre la peli ni la vi ni la veré, tenía esperanzas en que llegada a cierta edad empezaran a hacer pelis riéndose de ellos mismos pero ya vi con “Los Mercenarios” que no, y mira que Stallone cuando más me ha gustado es en la comedia “Oscar”.

    • elcriticoabulico 24 enero, 2014 a 12:40 #

      Lo vi, lo vi. Creo que lo dijeron en La Sexta 3. De todas maneras, tienen más mérito esos muertos que se cargan de manera individualizada, atenta y cariñosa con una buena torsión de cuello que todos aquellos que caen a golpe de ametralladora (lo de John Rambo haciendo papilla a narcotraficantes tailandeses, o de donde fueran, es una salvajada total). Chuache lleva desde los noventa haciendo pelis donde se ríe de sí mismo, en eso es un crack: Los gemelos golpean dos veces, Poli de guardería, El último héroe, Junior, Un padre en apuros,…

      • Dessjuest 24 enero, 2014 a 12:57 #

        Ese sí, incluso “Mentiras Arriesgadas” me parece una peli bastante infravalorada, Stallone en ese sentido me parece que envejece peor, es como el viejecito que no cambia de cinta y te cuenta la misma batalla una y otra vez.

        • elcriticoabulico 24 enero, 2014 a 16:58 #

          Lo cierto es que ha sabido utilizar esa flaqueza y convertirla en dólares. Como digo en el artículo, sabe vender la nostalgia.

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