La gran belleza

19 Ene

“Necesito cambiar de ambiente. Necesito cambiar muchas cosas. Tu casa es un refugio. Tus hijos, tu mujer, tus libros, tus amigos extraordinarios. Estoy perdiendo el tiempo, yo no hago nada. Tenía ambiciones, pero… Quizás esté perdiendo en todo…olvidándome de todo.”

Marcello Rubini (La dolce vita)

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La gran belleza

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La gran belleza.

Año: 2013.

Director: Paolo Sorrentino.

Reparto: Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Carlo Buccirosso, Iaia Forte, Pamela Villoresi, Galatea Ranzi, Giusi Merli.

Tráiler

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            Como si de un sosias envejecido del Marcello Rubini de La dolce vita se tratase -el cual habría asumido y disfrutado de su pertenencia a la orilla de los monstruos que mostraba aquella legendaria última escena-, Jep Gambardella siente en la nuca el frío aliento de la muerte, echa la vista atrás y se pregunta si tanta parranda festiva pero vacua, tanto dejarse llevar por el ‘dolce far niente’, ha merecido la pena. Jep Gambardella también busca y añora su ‘Rosebud’, su inocencia pura y perdida.

            Mientras encadena interrogantes y temores acerca del paso del tiempo, la finitud del ser humano y el sentido de la vida, La gran belleza aspira a diseccionar la alta sociedad romana, nocturna y hedonista; como la película de Federico Fellini, aunque salvando las debidas distancias. Imbuyéndola también de una fuerte personalidad autoral, Paolo Sorrentino trata de extrapolar la naturaleza decadente, pedante y frívola de sus personajes, auténticos cretinos, a la realización de la cinta: abigarrada, ostentosa y, en último caso, extenuante.

            Encumbrados por la interpretación de Toni Servillo, que compone una nueva máscara para su colección personal, los ojos de Jep Gambardella, escritor que no escribe, cretino cuya superioridad moral se basa en arquear la ceja y descerrajar un comentario irónico, proponen un punto de vista atractivo desde el que observar esta decrepitud física y moral, envuelta en el halo mágico que desprende la Ciudad Eterna, hermosa y maltratada, exuberante y ruinosa al mismo tiempo.

Sin embargo, el traspaso de personalidad no termina de funcionar, en parte por la propia aparatosidad del filme y en parte porque el mensaje que quiere transmitir desde su trasfondo filosófico es escueto y se expone mediante temas y metáforas un tanto manidas, superficiales y que cuando se golpean suenan a cartón piedra –los capítulos del viaje parecen componerlos una artista conceptual de cháchara inflada, un cirujano plástico elevado a gurú, una niña explotada como referencia pictórica del momento y, en el apunte de redención, una santa austera y espiritual-. Es por esta razón por la que, después de más de dos horas de metraje, la moraleja pretendida acaba por resultar insistente y redundante.

El verdadero esfuerzo para manifestarse como autor de Sorrentino, a la sazón guionista de la obra, parece haberse quedado en la forma. Tanto exceso y barroquismo resulta contraproducente a la hora de sumergirse de lleno en el voluptuoso y fantástico universo de Gambardella –probablemente la experiencia cambie ante una pantalla de cine, pero no ha sido el caso-, así como en el empeño de profundizar en las cuestiones trascendentales que lo atormentan.

            Interesante, irregular y en cierto sentido fallida.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 6,5.

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14 comentarios to “La gran belleza”

  1. altaica 19 enero, 2014 a 19:29 #

    Pero que bien te “cargas”, en cierta medida, a esta joya del cine reciente para una amplia mayoría crítica. Y digo bien, pues tu ataque frontal está perfectamente argumentado y no presenta fisuras, sin que por ello dejes de darle igualmente algún valor. Pero claro cuando algo tiene el prestigio y la fama que atesora esta película, las expectativas son altas.

    No la he visto pero no sé el motivo intuía alto similar a lo que cuentas. Ya te diré cuando toque verla. Un abrazo y siempre mantén la independencia que muestras.

    • elcriticoabulico 19 enero, 2014 a 23:31 #

      Ojo, que no es llevar la contraria por le mero hecho de llevarla, porque cuando me gusta una de las “pelis del año” también lo admito sin que se me rasguen las vestiduras, caso de La vida de Adèle. Creo que La gran belleza me hubiera gustado más de haberla visto en cine. En cualquier caso, si al final tienes la oportunidad de encontrarte con ella, espero tu opinión al respecto.

  2. altaica 20 enero, 2014 a 01:12 #

    Faltaría más, claro que no es cuestión de ir contracorriente, en tal caso sería una impostura adulterada o amañada, y eso jamás me lo imaginaría de ti. Sencillamente es que no le has visto tantos valores.

    Cuestión bien distinta es cuando de algunas obras esperamos o tenemos conocimiento de críticas superlativas y tales expectativas e información pudieran tener efectos contraproducentes, pero claro no vivimos en compartimento estanco. Por cierto me quedé con la lista que hiciste de lo mejor del año pasado para verlas cuando toque. Si mal no recuerdo después de la magistral “Amor”, la que más te gustó fue “Mud”, que la verdad tiene una buenísima pinta. Un abrazo y sigo esperando tus listas en el blog de Antonio, “Diccineario”, con suma atención.

    • elcriticoabulico 20 enero, 2014 a 14:17 #

      Sí, puse a Mud la segunda, aunque es una decisión trampa. Soy consciente de que se le pueden imputar unos cuantos fallos que la penalizarían un poco más de lo que yo lo hago, pero es que la historia me conquistó y la disfruté mucho, qué le vamos a hacer.
      En cuanto a lo de las listas, ya le comenté a Antonio: necesito por lo menos tres o cuatro décadas más de ver películas para poder armar una lista medianamente sólida. Tengo lagunas imperdonables que debería solucionar antes de osar a elegir nada.

  3. ALTAICA 20 enero, 2014 a 17:53 #

    Bueno, bueno, por esa regla de tres ninguno podríamos hacer lista medianamente fundamentada, pues ya somos dos a los que les falta ver miles de películas. Esa es una excusa que no pasa, pues creo sinceramente que para tu edad has visto más de lo que el 99% de la gente. Por tanto y todos aceptando nuestras lagunas, deberás poner las que más te gusten dentro de las que uno ha visto. Incluso dejar ciertas listas en aquellas décadas que uno maneje mejor. Aquí no es una cuestión de sabiduría o carrera de películas visionadas, máxime teniendo en cuenta que con las que aparecen analizadas en este blog ya sería suficiente para hacer una lista bastante decente. Creo que te exiges demasiado.

    • elcriticoabulico 21 enero, 2014 a 00:24 #

      Jajaja. Si hasta tratando de hacer la de 2013, que mira que es condensada, pasé un mar de apuros, dudas y comeduras de cabeza,… Y sigo con la comezón de que me quedó una cosa injusta y del todo incompleta.

  4. celeste 21 enero, 2014 a 12:15 #

    Vi esta peli después de que un amigo me la recomendara con mucho entusiasmo y no me gustó nada. Me pareció un anuncio largo y pretencioso, además de aburridísima. Siempre alegra leer opiniones similares. Un saludo.

    • elcriticoabulico 21 enero, 2014 a 16:37 #

      La cogí con muchas ganas. Me gusta Sorrentino y me atrae el argumento, pero es mucho envoltorio y poco contenido. Como los personajes, sí.

  5. altaica 4 mayo, 2014 a 22:00 #

    De “Viaje al fin de la noche”, novela rupturista y libre, profundamente libre, imagino que toma Sorrentino el proceso narrativo que imprime a esta obra maestra del cine moderno, que no me duele en catalogar como uno de los milagros más profundos que he podido ver en décadas. Y sí, podemos intuir muchas influencias ya comentadas, tanto cinematográficas, literarias o simbólicas.

    Un circo que supera al felliniano y que desde la acracia narrativa y la más brutal ironía se atreve a yuxtaponer la belleza y el ridículo, es decir, volver a representar el teatro de la vida, si bien ésta vez despedazándolo sin piedad. Fiesta pagana que desde la frivolidad afronta el fracaso, desde la vida reflexiona sobre el dolor, la muerte, la amistad, el mito o el paso del tiempo. También el arte, el vacío y la nada, siempre la nada, lo viejo y lo nuevo, el supermercado de la toxina botulítica repleto de hijos híbridos de Browning y Gilliam y…, tantas cosas…

    Simbología y ausencia de esquemas narrativos lógicos, siempre al servicio de un terrorífico duelo entre la necesidad de lo liviano o superficial y cierta esencia con altas dosis de decadencia y nunca tomándosela demasiado en serio, sí la vida, la propia vida, para seguidamente volver a una espiral siempre repetida. Un dios pagano bien vestido y con un puñado de escasas conclusiones vitales, que desde el fracaso y sintiéndose un perdedor pasea su pose, sus miserias, sus grandezas, sus carencias, su esperpento… Un viaje siempre relativo, hueco a veces y abisal otras, pero donde el miedo jamás deja de estar presente. Un fracaso continuo, donde los jirones no dejan ver el asfalto pero da igual pues todo es una danza atrabiliaria, un gran truco de magia a modo de funeral mundano pues a fin de cuentas “durante los próximos días, cuando sientas el vacío, que sepas que puedes contar conmigo”. Sarcasmo acompañado de lágrimas falsas, de amigos inventados, de todos aquellos que jamás cuidarán de nadie, que proclaman fidelidad invertida, que tras la muerte de la amada juran amañada veneración…

    Solo queda la nostalgia a aquellos que no tenemos futuro, esto es, a todos, a la fauna desilusionada, simbólicas jirafas que aparecen y desaparecen, enanos y gigantes que hablan y hablan, el ruido, los silencios, los sentimientos, los autoengaños, el truco de la vida.

    Brutal, inteligentísima, arriesgada, desmedida, libre… Una brutal obra maestra que como se ha dicho pone a nuestros pies la vida desnuda y sucia en el fondo y hermosísima en la forma, ¿o no? quien sabe..

    • elcriticoabulico 5 mayo, 2014 a 00:40 #

      Me sorprende mucho que te entusiasme de tal manera La gran belleza, tanto más después de aquellas discusiones acerca de la impostura de discurso y el esteticismo de Ordet. A mí me parece una película que, como sus personajes, aparenta mucho, apunta muy alto y no dice tanto -con una simbología un tanto facilona y sobada además- y, en consecuencia, con mucha incidencia de la forma (cierto que es, como digo, parte de su mensaje, aunque es también un rasgo que acompaña mucho a Sorrentino en otras cintas). Muy atractiva, eso sí. Creo que se podría condensar todo el filme en esos superlativos títulos de crédito finales, lo que más me entusiasma de la obra. Recogen muy bien la belleza eterna de Roma y, a la vez, la fugacidad del tiempo, siempre fluyendo.

  6. altaica 5 mayo, 2014 a 01:22 #

    La estética en Ordet es tan distante de la que nos ofrece La gran belleza que compararlas es, cuando menos, observar dos mundos antagónicos. Pero no solo en sí mismas, es mucho más los motivos y las causas por las que son utilizadas. Que a fin de cuentas es mucho más importante.

    En la primera la frialdad y su pose son pura recreación afectada, amanerada y trascendentemente insoportable (sé que es una herejía y lo asumo, pues hablar así del gran Dreyer es muy aventurado). Por contra Sorrentino se derrama, se abre en canal, es valiente hasta la extenuación, y en realidad el envoltorio dice mucho menos que lo que envuelve, si bien lo utiliza a veces desde el esperpento o circo, desde la desmesura, para en otros momentos (a modo de magistral ambigüedad) ser reflejo de la calma y el tempo.

    Si te soy sincero viendo esta película me he acordado mucho de Mallick, pues para mi cuenta más La gran belleza en algunas secuencias sobre la vida y la condición humana que todas las películas que he podido ver del norteamericano. Pero hablamos de extremos, de películas tan especiales que no me extraña nada que promuevan discursos y opiniones tan encontradas.

    Insisto, no veía una obra tan compleja e inteligente en mucho tiempo.

    • elcriticoabulico 5 mayo, 2014 a 15:37 #

      No le veo tanta profundidad yo a esta película, la verdad. O no la sé captar.

  7. altaica 10 junio, 2014 a 00:34 #

    No te había leído y estoy algo ocupado/preocupado últimamente, pero me gusta tanto esta película que cuando de ella hablo de inteligencia, ¿cuál es el motivo? Estamos ante un viaje existencial, ante una continua paradoja, ante la vida, la intuición de un final sin equipaje moral, ante el desencanto, lo tragicómico, la ironía del que la usa como falsario escudo, ante el esperpento, lo grotesco, la tristeza, la vida, los impostores y la impostura, la frivolidad, lo auténtico y lo epidérmico, lo clásico y lo moderno, las mentiras y las fragilidades, el carnaval humano, los dioses de piedra y los paganos, la iglesia en sus dos máscaras, la oquedad, el descenso a los infiernos, la decrepitud y su prólogo, la hipocresía, lo mundano y lo divino, lo lírico y la mezquindad, la ruindad y lo trivial, la búsqueda de la esencia perdida, la búsqueda de aquellos tiempos en los que la ironía no lo había prostituido todo, el retrato crepuscular, el hastío y el cansancio, la melancolía, la prisión de la impostura que ni un marino techo imaginario puede fundir las rejas, el continuo simulacro, la nada como equipaje de vida, el proceso interior, la decepción y la indolencia, lo deprimente, la lucidez amarga, el exceso, una pintura atrabiliaria o contemplativa, la enajenación social, las miserias de la fauna humana, el surrealismo simbólico, el destierro, el fracaso, el desarraigo, siempre la soledad, lo chabacano y lo distinguido, de lo sacro a lo seglar, lo sarcástico, de lo frívolo a lo trascendente, de las raíces a las suculentas viandas, de la honestidad a la inmundicia, del falso exorcista a la santidad, de la belleza a la fealdad más repugnante, de la sinceridad como mecanismo de soberbia vestida de dios pagano, del deseo a la comprensión, de la solidez dramática en el discurso siempre ambiguo y sin dogmatismo, perdonando siempre y mostrando tan solo… No hay elevación, sublimación, afectación, solemnidad, pianos o amaneramiento, no pretende la trascendencia pero trasciende infinitamente. Hasta la santidad la viste en contraposición de fealdad imposible, de ridículas piernas que no llegan al suelo, de zapatillas que al caer rompen el falso boato que ella no desea, de ronquidos al dormir en el suelo… nada queda solemnizado en exceso. Puro dualismo sin discurso, solo reflexión y paseo. La ironía de llamar a la persona que más lo conoce y con la que más se muestra él mismo, la “impostora”, cuando es la notaria de su vida. Un retrato humano formidable, inteligentemente girado, torcido… ¿Hemos progresado? ¿somos en esencia contradictorios? ¿es la trascendencia el camino o, por el contrario, es lo mundano? ¿son incompatibles? ¿somos sinceros con nosotros mismos? ¿la sinceridad para con otros esconde una actitud soberbia pues hay juicio? ¿podemos juzgar? ¿qué queda cuando las luces se apagan y la decrepitud asoma? ¿supimos elegir la bifurcación correcta en el camino de la vida? ¿solo podemos valorar lo que añoramos? ¿lo imperecedero se impone a lo efímero? ¿somos una sociedad embalsamada incapaz de apreciar la belleza? ¿estamos nuevamente en aquella puta Roma? ¿es nuestro mundo hoy banal y hueco? ¿cuántos de nosotros podemos mirar atrás como Gambardella y ver la mochila llena? ¿el paso del tiempo nos hace irónicos para sobrevivir? ¿qué recordamos del sexo? ¿Una caricia o la gimnasia? ¿somos un zoológico ambulante? ¿es la primera vez sublime o solo graciosa? ¿donde quedaron los principios? ¿es esta película un fresco de la decadencia? ¿es esta película una mirada irónica a modo de tratado social? ¿Es esta película una introspección personal desoladora y descarnada? ¿es solo una mirada cuando paseamos?

    • elcriticoabulico 11 junio, 2014 a 00:40 #

      Caramba, y yo que creí que la película no hablaba de tantas cosas como pretendía aparentar… He leído dos corrientes de opinión muy encontradas al respecto: la que no le encuentra tanta miga a La gran belleza y la que sí.

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