The Master

11 Ene

“La religión prácticamente ha demostrado que es una estafa inmobiliaria.”

Frank Zappa

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The Master

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The Master.

Año: 2012.

Director: Paul Thomas Anderson.

Reparto: Joaquin Phoenix, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams, Jesse Plemons, Ambyr Childers, Ramy Malek, Laura Dern.

Tráiler

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            La posguerra es uno de los momentos propicios para la creación de nuevas corrientes religiosas, filosóficas y políticas. La destrucción física, mental y espiritual del combatiente, el alivio tras sentir en el paladar el acre sabor de la muerte, la desesperación ante el despiadado absurdo del combate, la decepción por la rotunda negación de la utopía que debía suceder al horror.

            Los Estados Unidos del cambio de década entre los cuarenta y los cincuenta se encontraban en una encrucijada entre la neurosis bélica de la saliente Segunda Guerra Mundial y la paranoia anticomunista de la entrante Guerra Fría, plasmada en uno de sus primeros capítulos por el enfrentamiento ardiente de la Guerra de Corea.

Freddie Quell (Joaquin Phoenix, un tanto sobreactuado) ejemplifica el ánimo de este país maltrecho, enfermizo y autodestructivo. Veterano de la campaña del Pacífico, trata de cauterizar sus heridas militares y sentimentales con cócteles de alcohol y aguarrás, violentas trifulcas y un peregrinar desorientado hacia no se sabe bien qué. Hasta que, casualidades del destino, se topa con Lancaster Dodd (pletórico Philip Seymour Hoffman) reverendo iluminado de ‘La Causa’ –un trasunto de la Cienciología, según proclaman los expertos-.

            Paul Thomas Anderson retorna a sus indagaciones acerca de las turbias raíces fundacionales de una Norteamérica dual y malsana. Tras ese oscuro y complejo retrato de la colisión entre la ambición material desmedida y la fe insustancial y vanidosa que testimoniaba Pozos de ambición, The Master dibuja ahora un retablo torturado de la sociedad estadounidense de posguerra por medio del combate psicológico entre el indomeñable, impulsivo y desarraigado Quell, perdedor y marginal, y el paladín y charlatán del autoconocimiento místico y el autocontrol emocional Dodd, exitoso y admirado.

La atmósfera, sello de identidad de un creador con gran talento visual, compone un escenario desbordante de opresión psicológica, tan crispado y febril como sus personajes, punteado por la incisiva banda sonora de Jonny Greenwood, miembro de Radiohead, que combina inarmónicas notas electrónicas -un simple registro rítmico similar al empleado en Pozos de ambición-, junto con melodías orquestales y temas de Ella Fitzgerald y Duke Ellington, destinadas a apuntalar la ambientación histórica.

            A este extenuante duelo físico y mental (e interpretativo) entre maestro y alumno, líder y sometido, le pesa en cambio cierto hermetismo en su exposición, esa opacidad sanamente exigente que en ocasiones se torna reconcentrada, inescrutable y quizás un pelín insistente. No obstante, el discurso mantiene su intensidad durante toda la película, cosa que no ocurría con la más irregular Pozos de ambición, despeñada en el esperpento durante su último tercio.

            Un nuevo paso de una las voces más interesantes y talentudas del cine estadounidense.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

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18 comentarios to “The Master”

  1. pastiva 11 enero, 2014 a 18:08 #

    El cine complejo y diferente, a veces no es síntoma de calidad, demasiada pretenciosa, resultado indiferente, pero por encima la pareja de actores.

    • elcriticoabulico 12 enero, 2014 a 15:44 #

      Me gustó, pero no me entusiasmó tanto como para considerarla una de las películas del año.

  2. altaica 12 enero, 2014 a 03:15 #

    Acabo de leer tu magnífica crítica y me ido a leer otras sobre esta película, que según algunos es una pieza maestra del cine en décadas. Me fío más de ti, sin duda, y ya comentaré cuando la vea.

    Por cierto, he visto esta noche la película de Coppola “El hombre sin edad” y me gustaría que en la medida de lo posible afrontaras una crónica. No obstante, te aviso que en ésta sí que no hay ambages y se afrontan cuestiones religioso filosóficas bastantes complejas, dándolas el director por manifiestas, tales como el continuo retorno, la esencia femenina, la dualidad personal, psicoanálisis y siempre un viaje extraño, difícil, obsesivo, sin condescendencia alguna salvo al rigor técnico estético del autor.

    • elcriticoabulico 12 enero, 2014 a 15:47 #

      Me sucedió una cosa curiosa con The Master: cuando la terminé creí que no la había entendido, aparte de las premisas que señalo en la crítica. Hablando de ella con gente, resulta que no debe de haber mucho más allá de este mensaje. Entonces consideré que, aunque siendo una película muy estimable, quizás hubiese más ruido, y más estirado y repetitivo, que nueces. Ojo, gente de la que me fío mucho, sí la considera la película del año. Es cuestión de comprobarlo.
      La de Coppola la echaré un ojo, que no la he visto. Me da un poco de pereza el último Coppola, la verdad.

  3. kaldina 12 enero, 2014 a 06:26 #

    Suena bien, es un tema que me gusta. Gracias por la recomendación.

  4. altaica 12 enero, 2014 a 16:58 #

    Sí, ten cuidado pues entenderla es un viaje siniestro. Una curiosidad extraña, rara y puede que para algunos insoportable. Ya me contarás.

    Y en cuanto a Anderson ya son algunos los que avisan de que se le está encumbrando perdonándole casi todo, así que me gusta que no te cases con nadie.

    • elcriticoabulico 12 enero, 2014 a 17:20 #

      ¡Qué menos que tratar de acercarse a una película con cierta independencia! Y todo esto reconociendo que quizás simplemente esté equivocado en mi apreciación o no haya sabido ver lo que había más allá de ella.

  5. Anonim@ 12 enero, 2014 a 21:02 #

    Coincido con la primera persona que comenta, totalmente bien definido en dos lineas. Tenía mogollón de expectativas sobre la película y la temática, pero no conseguí pasar de los primeros 60min. Una hora perdida supongo o fue un mal momento para verla! Le falta ritmo.

    • elcriticoabulico 13 enero, 2014 a 03:19 #

      Más que le falte ritmo es que es oscura y hermética, desde su ambientación hasta su mensaje, pasando por el tratamiento del mismo. Es una película exigente, pero yo creo que merece la pena.

  6. Dessjuest 12 enero, 2014 a 22:59 #

    Esta no la he visto ni la veré, pero vaya, como tengo a este blog por algo más que un blog, un sitio para leer y aprender, pero también para compartir charlas respecto al cine comentaremos.

    Este finde como siempre me quedé sin tocar pelo, pero si que fui con las niñas al cine, me gusta ir cada dos o tres meses, es caro pero vaya, las crias flipan con el asunto del cine y a mí me gusta ir con ellas.

    Vimos “Frozen”, y cuando acabó la peli la gente aplaudió, hacía tiempo que no veía aplaudir en un cine, a mis niñas les entusiasmó y la verdad es que salvo alguna canción, que abusan de ellas, es una gran peli, aventuras, emociones, romanticismo, todos los valores disney vaya, de sus pelis, que él debió de ser un poco bastante joputas.

    Y humor claro, mucho, con el muñeco de nieve que la verdad es que es un secundario merecedor de un spinoff en condiciones, no sé, yo me lo paso mejor viendo pelis de dibujos que con la mayoría de pelis para adultos, que parece que olvidaron que la principal función del cine es entretener.

    Si tenéis crios cerca pilladlos como excusa y vedla 🙂

    • elcriticoabulico 13 enero, 2014 a 03:27 #

      El cine de animación aporta un montón de alegrías a niños y adultos, aunque también creo que su emblema, Pixar, está entrando en un cierto estancamiento de ideas. También es que había puesto el nivel muy alto. Es cine muy entretenido, como dices, pero también capaz de despertar emociones más allá del puro espectáculo infantil y de desenterrar preciosos mensajes acerca de la vida y de, incluso, el cine. Hay en la animación obras muy trabajadas, con muchas capas y lecturas. De todas maneras, yo creo que a mis hijos les pondría una combinación de la filmografía de Miyazaki y Chaplin, por si quieres experimentar por ahí.

  7. altaica 13 abril, 2014 a 22:03 #

    La vi ayer tranquilo y en óptimas condiciones, y realmente pienso que si en vez de filmarla su prestigioso director lo hubiese hecho otro, todas las maravillosas crónicas y críticas que sobre la misma se vierten, serían otras de muy distinto rango y calado.

    El aforismo “cría fama y échate a dormir” le viene que ni pintado a esta película y a su director. No me extraña nada que cuando la vistes pensaras que algo se te había escapado, que semejante narración, personajes y aparente complejidad (no la tienen en lo más mínimo, en tanto que lo que cuenta y cómo lo cuenta no es nada en comparación con el formato elegido, la narración impuesta y el artificio perfectamente organizado para contar una vacuidad superlativa) deberían de atesorar otros misterios, pues en realidad asistimos a un viaje bastardo donde se pretende categorizar y esencializar lo que no es más que un documento epidérmico sobre una sociedad epidérmica, que a algunos al otro lado del Atlántico y con unas cuantas civilizaciones de más a las espaldas, nos debería de producir, cuando menos, risa y de la floja.

    Me resulta desolador que quien ha sido capaz de adentrarse tan brillantemente en el alma humana como Anderson con “Magnolia”, nos proporciones semejante majadería. En todo momento uno tienen la sistemática sensación de una película sistemáticamente contada y filmada desde el artificio de la complejidad, con la misión de darle categoría psicológica e intelectual, cuando solo, y digo solo, asistimos al duelo externo, somero y epidérmico de un retrasado mental o en el límite del mismo, y un “Maestro” cuyas frases, doctrinas y razonamientos no se sostienen ni entre las tetas de la estanquera de “Amarcord”.

    Diálogos imposibles por absurdos, escenas presuntuosas que albergan la nada, reiteraciones que se hacen insoportables, imbricaciones de personajes sin sentido, escena tras escena rebuscada cuando lo que plasman es patético y todo desde la falaz artimaña, con una continua sensación de importancia gratuita. Larga, aburrida, tediosa, insustancial en lo que cuenta y como lo cuenta… El ejemplo más claro y manifiesto de como desde la pretensión de lo enrevesado muchos caen en la trampa sin llegar a ver que la esencia de lo contado no resiste semejante artificio. Solo salvo a los dos actores principales que estimo portentosos, máxime teniendo que arrastrar sus virtudes en semejante comistrajo.

    Si los lamentos y profundidades de la sociedad americana son esto que nos cuenta el bueno de Anderson, no me extraña nada de nada que una chuchería adquiera la categoría de alta gastronomía.

    • elcriticoabulico 14 abril, 2014 a 02:08 #

      Yo creo que sí se la ha sobrevalorado y creo que su discurso dice algo menos de lo que trata de ostentar, pero virtudes sí le encuentro unas cuantas. Obviamente, bastante por debajo de otras como Boogie Nights o Magnolia.

  8. ALTAICA 14 abril, 2014 a 10:33 #

    He leído algunas críticas en blogs de referencia y los resúmenes de otras de críticos conocidos nacionales y foráneos, y sigo sin salir de mi asombro. En buena parte de ellas se habla de que esta película hay que volver a verla para poder apreciar el enorme trasfondo intelectual que atesora.

    No sé el nivel intelectual de los que así opinan, pero desde mi escaso trasfondo intelectual digo sin pudor que esta película de Anderson no encierra conceptos intelectuales de calado, salvo que se refieran a aspectos bastante comunes en base a lo que cuenta. Distinto es cómo lo cuenta, aspecto éste que sí promueve una continua y falsa especulación del espectador, el cual no sale de su asombro pues si se ajusta a lo visto en la obra, nada queda para el análisis y sí para el asombro por su estupidez manifiesta (insisto, categoriza vía formato una vacuidad). Una parafernalia narrativa ampulosa, compleja, plúmbea y retórica de un asunto, una trama y unos personajes nimios. No hay más, pese al revestimiento trucado que todo lo adorna.

    Ahora bien, si por complejidad intelectual se asoman ideas, conceptos y aspectos como la influencia que en la sociedad y en muchos de sus hijos deja un ambiente de posguerra y previamente la propia guerra, la evasión y huida hacia extrañas creencias motivada por el derrumbe de pilares que todo conflicto armado provoca, o el análisis y crítica infantil que de esas mismas creencias filosófico religiosas de tres al cuarto realiza (insistencia en que el hombre no forma parte del mundo natural, se ha salido de él, y poquísimo más, salvo una estupidez vs patochada detrás de otra sobre la cienciología o cualquier otra rama de las múltiples sectas que anidan en la sociedad norteamericana, la perturbación sistemática sobre un individuo a modo de conejillo de indias, o sobre cierta clase media-alta con pocas obligaciones y mucho tiempo libre), o la mancha que infundadas y patéticas creencias puede generar en mentes casi anormales/psicóticas o en los ya citados moradores de estatus sociales que no tienen más que hacer que dedicar su ocio a la búsqueda de incitaciones religiosas nuevas; son aspecto intelectuales de calado, la cosa pinta mal para el ámbito crítico, salvo que el formato, la rebuscada narrativa y la ampulosidad de la misma sean el vehículo actual para dar complejidad a la nada. Todo esto me provoca risa y a muchos críticos les daría yo para leer, si es que se enteran de algo, pues el papel de celofán es lo suyo y no lo que él envuelve, la novela de Pérez de Ayala, “Belarmino y Apolonio”. Lo dicho, malos tiempos para el intelecto.

    • elcriticoabulico 14 abril, 2014 a 14:34 #

      Yo ya te digo, me pregunté si es que se me había escapado algo. The Master tiene una buena proporción de ejercicio de estilo. En este sentido, la realización y la atmósfera me parecen impecables.

  9. ALTAICA 14 abril, 2014 a 13:11 #

    Ya lo último que he leído en Fotogramas es que se trata de un memorable duelo de psicósis. Esto es verdaderamente la repanocha.

    • elcriticoabulico 14 abril, 2014 a 14:39 #

      Bueno, ya sabes que todo crítico también tiene una pequeña parte de vendehumos…

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