Memorias de un hombre invisible

3 Ene

Despidiendo a John Carpenter (por segunda vez) en Cine Archivo.

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“Todas las buenas ideas ya se han usado.”

Charlton Heston

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Memorias de un hombre invisible

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Memorias de un hombre invisible.

Año: 1992.

Director: John Carpenter.

Reparto: Chevy Chase, Daryl Hannah, Sam Neill, Michael McKean, Pat Skipper, Stephen Tobolowsky.

Tráiler

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            En la década de los noventa, la filmografía de John Carpenter, cineasta referente del terror y la ciencia ficción y dueño de una carrera con propensión a los altibajos, comenzaría su declive definitivo. Tras el descalabro de la entrañable Golpe en la Pequeña China, Están vivos había supuesto un relativo reencuentro con el éxito, al menos desde el punto de vista de los resultados artísticos. No obstante, como sucediera con su inmediatamente anterior El príncipe de las tinieblas, también perteneciente a esta parcela más propia de la “serie B”, sus poco grandilocuentes cifras de recaudación -bastante por encima del presupuesto inicial de este tipo de producciones, cabe decir- acabarían por endosarla una etiqueta de fracaso no del todo justificada.

Sumido en una desasosegante deriva profesional y después de atravesar un inhabitual periodo de cuatro años de silencio –hasta entonces, el realizador neoyorkino acostumbraba a entregar una obra por curso– la decisión de decantarse por un encargo inane en vez de profundizar en la variante más personal y a la postre satisfactoria de su cine –pese a la persistencia de sus enconados detractores y a la controvertible aridez de la taquilla- constituiría un error de cálculo del que Carpenter, a fuerza de renovados fracasos de crítica y público, no terminaría de recuperarse.

            El libreto de Memorias de un hombre invisible llevaba dando tumbos por la Warner Brothers desde mediados de la década anterior, estrechamente ligado a las ambiciones actorales del humorista Chavy Chase, ejemplo palmario de comediante surgido del Saturday Night Live con gran popularidad en Estados Unidos pero nula incidencia fuera de sus fronteras. En lo que parece una evidente contradicción, Chase pretendía proporcionar un giro “más serio” a su carrera, casi toda ella reducida a películas acuñadas bajo la marca National Lampoon, por medio del reflejo de la trágica soledad del hombre invisible, el clásico fantástico creado por H.G. Wells y con numerosas versiones cinematográficas ya sobre sus espaldas desde la fundacional El hombre invisible, de James Whale. Quizás demasiadas como para poder aportar algo nuevo, por mucho Paul Verhoeven, inmerso de igual modo en un profundo bache creativo, volviera a insistir en el tema no mucho más tarde con El hombre sin sombra, con la lección aprendida eso sí de las novedades en cuanto a efectos especiales aportadas por la presente película.

Ante una perspectiva tan poco halagüeña, el encargado original de conducir semejante vehículo de lucimiento, Ivan Reitman, responsable de comedias fantásticas afines como Los cazafantasmas –es decir, no precisamente un virtuoso del séptimo arte-, renunciaría al proyecto debido a sus dudas acerca de las posibilidades dramáticas del asunto.

Ya con Carpenter enfundado con resignación en su traje de artesano a sueldo, Memorias de un hombre invisible llegaría a las pantallas manteniendo intacto ese carácter primigenio de coto vedado para mayor gloria de su estrella protagonista. Es difícil intuir en qué consistían estas mencionadas intenciones de respetabilidad interpretativa albergadas por Chase, a tenor de la insulsa mezcolanza de drama y humor que propone el filme. Refugiada en la efectividad de sus efectos visuales, exigencia imprescindible e inevitable para la constatación física de la condición invisible del personaje y la justificación de la cinta como espectáculo, Memorias de un hombre invisible termina por parecer un cruce bastardo entre Con las horas contadas y Cariño, he encogido a los niños.

            El argumento presenta a Nick Halloway, un individuo que, desde un punto terminal de su desesperación, relata al espectador los convulsos avatares que, a causa de un accidente científico intermediado por una resaca de caballo, le han conducido hasta tal situación. Como se deduce, las gracietas de Chase transitan los trillados predios que van desde el descubrimiento del fenómeno, su proceso de aceptación, su repudio y la restitución personal definitiva, en este caso unida a la vertiente romántica propiciada por la presencia de Daryl Hannah, aspirante a sex-symbol lastrada por una desafortunadísima elección de papeles y películas.

Y es que Memorias de un hombre invisible contiene un tímido apunte moralizante: la denuncia de la despersonalización del ciudadano medio norteamericano –asocial, apolítico, aético, apático- en el contexto del capitalismo ultraliberal imperante en los Estados Unidos en tiempos de los dos mandatos de Ronald Reagan y prorrogado durante el primer y último término de George Bush. Es significativo que la única acción que el desventurado protagonista pueda realizar con libertad y autonomía sea ganar dólares apostando a valores bursátiles.

Siguiendo esta idea, el extraño aprieto fantástico permite al bueno Halloway ser consciente de “su invisibilidad social previa a su invisibilidad física”, lo que servirá para trazar de aquí en adelante un abrupto y simplón camino de redención que le devuelva, al menos en el campo de la dignidad, su estatus como ‘persona’, a su vez establecido por oposición frente a una de las grandes sombras de este sistema americano poblado de claroscuros: el implacable y enajenado perseguidor de la CIA que pretende convertir al hombre invisible en el arma de espionaje definitiva –una ilusión febril sin duda motivada por el visionado de El espía invisible, donde el nieto del hombre invisible utilizaba sus prácticos recursos biológicos para desentrañar las operaciones del enemigo nazi-. El oficio de Sam Neill a la hora de conferir cierto relieve a este villano de cartón piedra le facilitaría obtener el papel principal en la siguiente obra de Carpenter, la lovecraftiana En la boca del miedo.

            Sin embargo, lo peor que se le puede a imputar a un producto prefabricado como Memorias de un hombre invisible no es su paupérrimo guion o el carácter estomagante de Chase, factores conocidos de antemano, sino que una película firmada por un autor del talento y la cinefilia de Carpenter pueda resultar tan decepcionantemente fría, impersonal y desapasionada.

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Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 4,9.

Nota del blog: 4.

4 comentarios to “Memorias de un hombre invisible”

  1. kaldina 3 enero, 2014 a 21:08 #

    Me dio risa tu artículo, hasta parece que te molestó la peli.

  2. plared 14 enero, 2014 a 01:45 #

    A mi sinceramente me gusto. No es que sea una gran película, pero dentro de sus limitaciones me parece bastante interesante. Vamos que por encima de la media tranquilamente.

    • elcriticoabulico 14 enero, 2014 a 14:53 #

      ¡Hombre Plared, dichosos los ojos! Me pareció una película en la que se abusa del piloto automático en la redacción y en la dirección. Flojita, flojita.

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