Archivo | 16:55

Los canallas duermen en paz

9 Dic

“No me gustan esos directores que van por ahí hablando de su propia visión del mundo… Eso solo lo pueden hacer cinco o seis directores en todo el mundo, incluidos Kubrick y Kurosawa.”

John Cleese

.

.

Los canallas duermen en paz

.

Los canallas duermen en paz.

Año: 1960.

Director: Akira Kurosawa.

Reparto: Toshirô Mifune, Masayuki Mori, Kyôko Kagawa, Tatsuya Mihashi, Takashi Shimura, Kô Nishimura, Takeshi Katô, Kamatari Fujiwara, Chishû Ryû.

Tráiler

.

             Asolada como está la economía occidental por los indisimulados desmanes de las empresas campeonas del capitalismo y, en el caso español, con especial ascendente del hipertrofiado sector de la construcción, no viene mal recuperar una ácida cinta de cine criminal como Los canallas duermen en paz, firmada Akira Kurosawa, mayestático autor con un talento artístico tan solo igualado por su lucidez para diseccionar al género humano y la sociedad creada a su imagen y semejanza.

            El Nishi de Los canallas duermen en paz pertenece a esos héroes quijotescos de su filmografía, aunque cuenta con un tono decididamente más ambiguo en su proceder. Un comportamiento más digno del noir, sí, pero a su vez marcadamente hamletiano, como evidenciarán las líneas maestras del argumento. Pese a su enigmática y melodramática coartada, la búsqueda de justicia de Nishi alcanza unas cotas nada desdeñables de crueldad física y psicológica, tan solo susceptibles de ser aplacadas por la tímida voz de la conciencia que ofrece uno de sus aliados -en el cual, por cierto, se reconocen muchos más valores humanos- y, en especial, por la inesperada aparición del amor, sempiterna corriente redentora contra el odio desbocado que gobierna el mundo.

Interpretado con imponente contención por Toshirô Mifune, su antológica aparición como fuerza justiciera al borde de un cráter humeante reviste al protagonista de un aura fantasmagórica y terrible, a juego con el castigo que el libreto depara a los tejemanejes sin escrúpulos de una corporación pública de administración del suelo en ilícita colaboración con otra ambiciosa compañía constructora privada –uno recuerda aquí también a los taimados boicots en el filo de la navaja de su posterior Yojimbo así como su influencia en Por un puñado de dólares e Infierno de cobardes-.

             Así pues, el mal entremezcla en su ser las deshumanizadas formas del capitalismo impuesto por el virreinato estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial junto con las estructuras y códigos de sometimiento y honor tradicionales de la sociedad feudal japonesa, representados por la sumisión ciega y absoluta hacia el superior en el plano laboral y, de manera más trágica, en el personal.

             Desde el magnífico prólogo de la boda –Francis Ford Coppola, reconocido admirador de Kurosawa, repetiría algo similar para dar comienzo a la monumental El padrino-, el cineasta nipón descerraja sin contemplaciones una película agria y estremecedoramente despiadada, rodada con una prodigiosa rotundidad y vigor, en absoluto reñidos con la elegancia estilística. Además de esta concreta y precisa presentación de drama y caracteres, no hay mejor plasmación de la agresiva atmósfera de hipocresía que el falso entierro de uno de los personajes, así como tampoco existe mejor modo de capturar el desaliento y reducir a los partícipes de la trama delictiva a la condición de simples marionetas en manos de una autoridad omnipotente e invulnerable que ese ácido y visceral desenlace.

            De apariencia lúdica, catalogada en muchas ocasiones de manera miope como obra menor, Los canallas duermen en paz no deja piedra sobre piedra en su análisis del irreconocible Japón de finales de los cincuenta, extensión particular de la sociedad capitalista global. Pasado más de medio siglo, no hay más que proceder a su visionado y después leer el periódico para constatar su descorazonadora vigencia.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 9.

A %d blogueros les gusta esto: