El médico alemán (Wakolda)

5 Dic

La representante argentina para los Óscar, en El Peliculista.

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“Me pareció el colmo de la impunidad que el propio Mengele tuviera una farmacia. Su hijo le visitaba regularmente, asistía a fiestas con Perón y su nombre figuraba tal cual en la guía telefónica. Nadie se preguntó nunca de dónde venía, quién era… Simplemente prefirieron no saber.”

Lucía Puenzo

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El médico alemán (Wakolda)

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El médico alemán (Wakolda).

Año: 2013.

Directora: Lucía Puenzo.

Reparto: Florencia Bado, Àlex Brendemühl, Natalia Oreiro, Diego Peretti, Elena Roger, Guillermo Pfening, Alain Daicz, Juan I. Martínez.

Tráiler

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          Atendiendo a su todavía escueta filmografía como directora –alguna película más cuenta en su haber como guionista-, se puede intuir que el gran tema alrededor del cual gravita la obra de Lucía Puenzo es el de la pérdida de la inocencia. En el caso de XXY, el punto de inflexión lo marcaba la exploración de las fronteras del sexo y el amor por una pareja de adolescentes desorientados física y emocionalmente. En El niño pez, el reflejo de esta experiencia iniciática era más abrupto si cabe, ya que al proceso de autodescubrimiento romántico se le agregaban mil y un excesos narrativos –tramas de asesinato, incesto y trata de blancas- que acababan por abocar al filme al puro despropósito.

El médico alemán (Wakolda) también muestra cierto extremismo en la concepción de este rito de paso a la madurez, ya que el agente desencadenante del mismo –incluso de manera literal, gracias a un ensayo con hormonas somatotrópicas- es la relación íntima entre una niña con problemas de crecimiento y nada menos que Josef Mengele, “el ángel de la muerte”, quintaesencia de las atrocidades científicas nazis, oculto bajo identidad falsa en la recóndita Patagonia argentina. 

          En su camino, El médico alemán deja una reflexión acerca de la fascinación que produce lo prohibido –refugio del mal, en unas cuantas ocasiones-, la accesibilidad del hombre común a la firma de pactos con el diablo, el dilema de hacer oídos sordos a los principios morales y la obsesión del ser humano con la perfección física y la tiránica y ficticia idea de “normalidad” ligada a ella, así como -pasando ya a un ámbito más local- sobre la responsabilidad del país sudamericano respecto a su herencia genética, histórica y social de la Alemania nacionalsocialista.

Aparte de la niña protagonista, es también el país quien ha de perder su (fingida) inocencia.

          A diferencia de otras revisiones más fantasiosas al exilio de Mengele –Los niños del Brasil a la cabeza-, Puenzo opta por mostrar a un ser humano creíble, con un innegable y turbio carisma personal que la interpretación del catalán Àlex Brendemühl, contenido y excelente, ayuda a dar cuerpo. Mengele es por tanto una pieza más de ese reducto alemán enclavado en medio de sobrecogedores paisajes alpinos, el núcleo mismo de una ambientación cargada de legítima ambigüedad, cuya esencia se manifiesta a través de una cotidianeidad idílica en su imagen pero terrible en su trasfondo. Exactamente igual que la mirada de su enigmático recién llegado, ora de amable galeno, ora de frío entomólogo.

          El empleo de símbolos y metáforas quizás no sea el más discreto –la muñeca desmontable, la alusión repetida a la muda de piel de la araña, la puntuación del atractivo en el colegio, la defensa de las muñecas distintas por parte del padre, ese citado remedio hormonal para el crecimiento-, pero sí resulta valioso para componer con precisión el armazón interno del drama. El desarrollo de la película tiende a alejarse un tanto de ese contacto y enfrentamiento entre la pureza y la monstruosidad para aproximarse en cambio al terreno de la intriga. Si bien se pierde parte de esa riqueza dramática previa, el equilibrio y mesura de su tratamiento, sin aspavientos ni excesos, además de su fluidez y solvencia como entretenimiento, permiten que sin embargo no desentone respeto al resto del metraje.

          Seleccionada por la academia de cine argentina para competir en los Óscar.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

9 comentarios to “El médico alemán (Wakolda)”

  1. Walder Messin 6 diciembre, 2013 a 01:44 #

    Una que veré sin duda, no he leído la reseña para no desvelar nada, aunque usted afortunadamente pocas veces lo hace, le agradezco. Del genero belicoso del conflictivo periodo de la Segunda Guerra y relacionados lo ultimo que he viso ha sido el “Stalingrado” de Fedor Bondarchuk http://www.imdb.com/title/tt1966566/?ref_=nv_sr_1 siendo la película Rusa (o de por la zona) rodada enteramente en 3D al parecer también candidata al Oscar (que no para tanto) me gustaría que le hicieras una reseña/critica. Eso si se pierde mucho de la misma pues hasta ahora no hay versión en la red ni siquiera en ingles, si domina usted el ruso y el alemán aventajado queda,

    • Walder Messin 6 diciembre, 2013 a 01:45 #

      Disculpad la falta de comas.

      • elcriticoabulico 6 diciembre, 2013 a 12:40 #

        Había oído hablar de ella, pero la verdad es que no creo que llegue a Ávila: aquí los cines son poco de cine ruso y ni siquiera tienen 3D. Habrá que alquilarla por ahí. De todas maneras, no me dio la impresión de que pudiera llegar a la altura de otras películas bélicas-conmemorativas del cine ruso como Masacre, ven y mira.

    • Walder Messin 6 diciembre, 2013 a 17:32 #

      Por supuesto creo que aun no se ha hecho una película bélica que supere la obra de Elem Klimov (en lo que al frente ruso se refiere) y esta nueva revisión de Stalingrado no es la excepción. Aunque ver de nuevo a Thomas Kretschmann como oficial de infantería da la sensación de estar viendo la continuación de la de Vilsmaier.

      • elcriticoabulico 7 diciembre, 2013 a 05:32 #

        Jaja ¡Cierto! No me había fijado en la coincidencia. Está visto que le debe de gustar pasar penalidades y pegar tiros bajo la nieve.

  2. Dessjuest 8 diciembre, 2013 a 22:40 #

    Es curioso, pero por lo que se ve Mengele en el trato personal debía resultar un tipo bastante amable, exquisito y simpático, los niños judíos iban con él con agrado, sin saber su triste final evidentemente, ese tipo de personas, el mal más atroz en un rostro amable, siempre me resultaron harto interesantes.

    • elcriticoabulico 8 diciembre, 2013 a 23:40 #

      Besucón, incluso. Aquí, gracias al excelente trabajo de Brendemühl, alterna amabilidad y frialdad. No es que sea especialmente cariñoso, pero se le ve bien educado.

      • Dessjuest 8 diciembre, 2013 a 23:43 #

        Bueno, sé que no tiene nada que ver, pero me faltan dos capítulos para acabar “Breaking” y no quiero verlos 😦 me da pena que se acabe, es injusto, mientras los tenga ahí aun no habrá finalizado.

        Qué serión por favor, qué pasada.

        • elcriticoabulico 9 diciembre, 2013 a 12:23 #

          Me dio un montón de rabia haber roto la regla de no esperar a que estuviera terminada y verla del tirón, porque luego se me han ido escapando bastantes cosas del argumento y la evolución de personajes. Desconfía del final: a la mayoría de gente le encanta; a mí me parece que tiene mucha fantasía, mucha prisa y poca garra.

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