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Nixon

3 Dic

“Están tratando de crucificar sin piedad a Richard Nixon, pero cuando se escriba la historia de este periodo, el caso Watergate no será más que una nota al pie de página.”

John Wayne

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Nixon

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Nixon.

Año: 1995.

Director: Oliver Stone.

Reparto: Anthony Hopkins, Joan Allen, James Woods, J.T. Walsh, Paul Sorvino, E.G. Marshall, Mary Steenburgen, Bob Hoskins, Powers Boothe, Dave Hyde Pierce, Ed Harris.

Tráiler

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             Nixon, el hombre obsesionado con presentarse ante Dios como ‘Honest Dick’ –Dick, el honesto, sobrenombre que la Historia atribuye a otro presidente, Abraham Lincoln– y que finalmente sería recibido a las puertas de Pedro Botero con el menos laudatorio ‘Tricky Dicky’ –Dicky, el tramposo-. Un año después de su muerte, Oliver Stone, cineasta del compromiso político, firmemente orillado en su discurso hacia posiciones antiimperialistas y críticas con la historiografía oficial, recuperaba la figura de Richard Nixon, uno de los presidentes más controvertidos de la historia de los Estados Unidos, para realizar un nuevo ensayo acerca de las relaciones entre el individuo y el poder.

            El hijo de una familia pobre y piadosa, el enconado anticomunista de su irrupción en la arena política, el hombre hecho a sí mismo que caía derrotado ante el niño bonito porque le sudaba demasiado el bigote por televisión, el cadáver político que resucita a fuerza de voluntad, el realista pragmático que gobierna con feroz determinación durante una de las épocas más tumultuosas del país, el líder oscurantista y viciado que sucumbirá por el mayor escándalo político de la Historia contemporánea estadounidense.

            Nixon escruta y se sumerge en las sombras del personaje público y de la persona, del político y del ser humano, al mismo tiempo que trata de denunciar las aberraciones enquistadas en la sociedad y la política norteamericana. Lo que podría ser la confirmación del sueño americano en el ámbito de la política, un ascenso heroico a la cúspide cimentado sobre el puro esfuerzo y la superación personal, se convierte en cambio en un descenso a los infiernos en virtud de un desgraciado pacto con el diablo. Un diablo que, opina Stone, es el corazón mismo del sistema: la democracia más poderosa del mundo desfigurada hasta ser una fiera salvaje y desbocada, construida sobre la muerte y no sobre la felicidad de sus integrantes.

Estamos entonces ante Richard Nixon, un individuo torturado por sus complejos íntimos que solo desea redimirse y ser amado en la victoria pero que ni siquiera es el vencedor cuando gana las elecciones presidenciales, preso y esclavo de facto de poderes superiores, intangibles y despiadados. Estamos también ante Richard Nixon, una figura trágica que cae en el pecado de la soberbia desmedida –la hybris griega que nublaba a los poderosos y les conducía irremisiblemente a la perdición- y que, de tanto caminar por su borde, al final es tragado por el abismo.

            El retrato, monumental y minucioso, alcanza momentos de gran intensidad –personalmente encuentro muy atractivo el estilo de montaje de Stone para desgranar la biografía del personaje y hacer aflorar de manera vibrante la tensión emocional de ciertas escenas climáticas-, si bien, en contrapartida, esa desmesura característica provoca que en ocasiones la película caiga en la caricatura.

Aparte de dudosas elecciones como la superficial semblanza de J. Edgar Hoover y de algún que otro célebre secundario, la leve cursilería en la recreación de los dramas de la infancia del protagonista, la materialización de sus fantasmas personales o esa especia de viaje astral reservado para su colapso político, físico y mental; el principal daño que aqueja al filme es que la inconmovible postura ideológica de Stone implica en algunos momentos reducir a Nixon a poco más que una especie de Ricardo III contrahecho y paranoide.

Por otro lado, la desmesurada extensión del metraje provoca la progresiva pérdida de dinamismo del filme, debido así mismo a que el polémico cineasta neoyorkino acaba por resultar un tanto machacón en la exposición de su idea acerca de la acción destructora que el poder ejerce sobre el individuo.

            Además de por medio de esta película tan interesante como irregular, Stone registrará los avatares políticos de Nixon y del gigante norteamericano con mayor densidad de datos, mayor concreción y agilidad e idéntico punto de vista dentro de su recomendable serie documental La historia no contada de los Estados Unidos, recientemente estrenada.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

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