Fuerza bruta (Entre rejas)

22 Nov

“La cárcel es como Palm Springs, pero sin gentuza.”

Robert Mitchum

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Fuerza bruta (Entre rejas)

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Fuerza bruta.

Año: 1947.

Director: Jules Dassin.

Reparto: Burt Lancaster, Hume Cronyn, Charles Bickford, Howard Duff, John Hoyt, Jeff Corey, Jack Overman, Art Smith, Whit Bissell, Roman Bohner, Yvonne De Carlo, Ann Blyth.

Tráiler

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           El cine carcelario es uno de los subgéneros por desgracia más encadenados al cliché y el lugar común, recursos fáciles y previsibles explotados hasta la saciedad por productos que tratan simplemente de aportar su particular toque de modernidad –casi nunca de innovación- por medio de la acentuación de la violencia de las imágenes y las tramas con el fin de amoldarlas a las cambiantes exigencias de las modas y sensibilidades del momento.

Por estas mismas razones, reencontrarse con un filme con el vigor y la intensidad de Fuerza bruta supone un acontecimiento más que gratificante. Pero claro, no todas las películas pueden contar tras las cámaras con un maestro del noir como Jules Dassin, con la incisiva pluma de Richard Brooks en el guion o con el compromiso con la realidad sociopolítica de su tiempo de un productor como Mark Hellinger.

            Siempre sin perder de vista la vertiente de entretenimiento del filme, propiciada por el atractivo de su argumento, Fuerza bruta aborda la inhumanidad del sistema penitenciario estadounidense -contraproducente para su presunta función social a tenor de su carácter incitador de la irracionalidad, artífice de una irreparable espiral de violencia-, dentro un discurso crítico que, de paso, arremete contra cualquier tipo de represión totalitaria, extensible por tanto al ámbito político tanto estadounidense como internacional –hasta aparece aquí el papel de la prensa como intermediario entre poder y población civil-.

Un debate que se expresa a través del duelo entre el convicto Collins (Burt Lancaster), subyugado por la injusticia y con implacables ansias de libertad, y el carcelero Munsey (Hume Cronyn), ejemplo palmario de la abominable deformidad del sistema, enardecida por un flagrante vacío de autoridad ética y legal –curiosamente, Lancaster y Cronyn repetirían intento de fuga en cintas posteriores como El hombre de Alcatraz y El día de los tramposos, respectivamente-.

            Caracterizada por una lectura cuya lacerante oscuridad, pesimismo y ambigüedad moral queda simbolizada por la densidad de su blanco y negro, Fuerza bruta renuncia al empleo de artimañas para justificar por completo a su personaje principal. Collins, gángster de profesión, es un personaje que no duda en ignorar la suerte de sus compañeros a la hora de alcanzar sus propósitos individuales o de encargar el asesinato a sangre fría de cualquier traidor a la causa, si la anunciada espera en el exterior de su esposa gravemente enferma sí añade cierto punto de chantaje emocional a sus motivaciones –el historial de todos los delincuentes implica de un modo u otro a una mujer, lo que sirve para sacar a la luz la atrocidad de un mundo desquiciado, confiere una interesante dimensión poética a su condena y propone a su vez una imagen redentora o de libertad con formas femeninas-.

Por su parte, el capitán Munsey representa a un individuo que hace de la crueldad gratuita su modo de vida, presumiblemente en aras de una ambición desmedida aunque en realidad con el mero objetivo de satisfacer sus tendencias psicóticas, enquistadas en un perfil personal que guarda evidentes conexiones con el nazismo: la defensa del darwinismo social, la persecución del poder absoluto mediante la fuerza o su refinamiento musical en contraste con la agresividad de sus métodos –lo que da lugar a una innovadora contraposición entre música clásica, el Tannhäuser de Richard Wagner para más señas, y la cruda violencia de sus actos-.

Entre medias, conformando por sí mismo un velado fondo de escenario, destaca la figura del doctor Walters (Art Smith), encarnación del ciudadano medio, racional y comprensivo arrollado por las circunstancias y al que el libreto le depara un tortuoso e irremediable camino de impotencia, mal ahogado en decepción y alcohol.

            Dassin dirige con implacable nervio una cinta atrapada desde su mismo comienzo en la intimidante arquitectura de la prisión y desarrollada más tarde a través de escuetos escenarios conquistados por la claustrofobia y la penumbra. Lancaster y sobre todo Cronyn, excelente, demuestran que la contención interpretativa también es capaz de hacer saltar chispas sobre la pantalla.

             Casualidad o no, Fuerza bruta contaría en su equipo con un elevado número de represaliados por las listas negras del maccarthismo, como Jules Dassin, Art Smith, Jeff Corey, Howland Chamberlain y Crane Whitley.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8,5.

4 comentarios to “Fuerza bruta (Entre rejas)”

  1. Alfredo Paniagua 23 noviembre, 2013 a 11:03 #

    Brutal esta pelicula, como ya hemos comentado en otras ocasiones. Dassin tiene títulos como para hacer una larga lista de reseñas a cada cual más interesante. Por cierto, y no me llevo comisión, ha salido una edición remasterizada de Fuerza Bruta.

    • elcriticoabulico 23 noviembre, 2013 a 14:25 #

      Alfredo, ya sabes que tienes apuntado el mérito de la recomendación. También opino que Dassin es de los grandes olvidados del noir, tiene por ahí auténticas joyas del género.

  2. uraniaenberlin 9 diciembre, 2013 a 20:30 #

    Sin dudarlo una de mis preferidas de ese encorsetado subgénero carcelario (no muy aficionado soy la verdad) donde parece que todo va en la misma línea de tiempo cinematográfico..Fuerza Bruta es desde luego la mejor de Dassin junto a Noche en la Ciudad y La Ciudad desnuda (dejando de lado la “francesa” Rififi)..Magistral e intensa recreación carcelaria en todos y cada uno de sus personajes (en particular Hume Cronyn…el pequeño psicópata jefe de los carceleros). Lancaster no defrauda y te olvidas de Charles Bickford un veterano de mil tablas. Quizás la única pega (suave) sea la presencia de unas féminas metidas un tanto a contrapie, en particular, dos deslumbrantes señoritas: Yvonne de Carlo y la fascinante Ella Raines. Quizás la mejor de este subgénero junto a la “pleistocénica” (dicho sea con cariño) Soy un Fugitivo del inmenso Paul Muni…o la excelente réplica carcelaria femenina de Sin Remisión de John Cromwell. Aunque no deberíamos perder de vista el Brubaker de Redford o Fuga de Alcatraz de Eastwood.

    Saludos

    • elcriticoabulico 10 diciembre, 2013 a 02:15 #

      La frase final de Soy un fugitivo es algo que ninguna otra película de cárceles se ha atrevido a repetir. Tampoco es un género que me entusiasme, pero si es una película del calado de ésta, como para no entregarse. El detalle de las chicas sí envejece peor que el resto, sobre todo porque los flashbacks son un pelín toscos, aunque bueno, también aporta esa visión romántico-poética del exterior libre y de la condena. Un saludo.

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