Malavita

21 Nov

Robert de Niro va al cineclub y le ponen Uno de los nuestros. Previously, en El Peliculista.

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“Toda mi vida he luchado por proteger a mi familia.”

Michael Corleone (El Padrino)

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Malavita

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Malavita.

Año: 2013.

Director: Luc Besson.

Reparto: Robert de Niro, Michelle Pfeiffer, Dianna Agron, John D’Leo, Tommy Lee Jones, Jimmy Palumbo, Domenick Lombardozzi, Jon Freda.

Tráiler

            No hay nada como las paradojas y los conflictos entre opuestos para construir una comedia. En el caso de Malavita, filme que narra las aventuras de una familia de ex mafiosos refugiada en Normandía a causa de su participación en el programa de protección de testigos, el juego humorístico derivado de los lamentables esfuerzos del ser humano por adaptarse a esa sociedad que no comprende pero a la que necesita pertenecer se establece por partida doble.

Por un lado, está el tradicional choque cultural entre los pragmáticos y campechanos Estados Unidos y la Francia chauvinista y elitista. Por el otro, nos encontramos ante la cómica contradicción entre el modo de vida mafioso, con su propia escala de valores morales y legales, y los estrictos márgenes que impone la sociedad civil con su conjunto de leyes y convenciones de urbanidad –también explorado por unas cuantas películas recientes que hacen del guiño metacinematográfico su razón de ser, como La chica del gángster, Una terapia peligrosa o Falsas apariencias-.

             Una encantadora novelita de Tonino Benacquista sirve de pretexto a Luc Besson para regresar como director al thriller criminal después de más de una década –en los últimos tiempos, su participación en el campo se restringía a aportar desde la silla de productor su sello característico de adrenalina desbarrada-. El tema del libro daba para ello: si el escritor encontraba inspiración en la pugna de su familia, inmigrantes de origen italiano, por integrarse en el país galo, Besson bien podría rememorar capítulos de su caótica relación con Hollywood, aunque esta fuese esencialmente comercial y a distancia.

             Malavita sabe entender la ligereza de su propuesta y actúa en consecuencia, sustentándose sobre un guion que funciona más por simple acumulación de situaciones que por medio de un argumento debidamente trenzado –sin entrar a comentar flagrantes fallas de credibilidad, sometidas a las exigencias del humor, como el permanente uso del inglés entre los nativos normandos o las erráticas decisiones del jefe de operación-. La mirada costumbrista hacia la apacible Francia rural entra entonces en colisión con las costumbres estridentes de los recién llegados, lo que da lugar a una farsa repleta de chistes sobre tópicos culturales y gags de violencia paródica cercanos al ‘slapstick’ y el ‘cartoon’ –no hay más que ver la estética de la bomba que en cierta escena fabricará el sufrido cabeza de familia-, poco sorprendentes en su concepción pero al menos eficaces en su cometido, simpáticos por su entrañable regusto cinéfilo e irónico.

Los cuatro puntos de vista que ostenta el relato, cada uno ligado a un miembro de la familia en su proceso de aclimatación a un entorno “hostil”, confieren al metraje un agradecido dinamismo que palia en parte la total falta de trascendencia de la obra. A pesar de que el realizador parisino mantiene controlado el ritmo a golpe de su típico montaje frenético, su estilo revela ya unos cuantos síntomas de oxidación, evidente sobre todo en detalles como el forzado y manido empleo de la banda sonora.

Cada uno de estos personajes supone además la plasmación de la fantasía popular de poder obrar con la autoridad e impunidad absoluta, sin ataduras éticas o legales, característica de esa visión romántica de la mafia, cristalizada e inmortalizada de manera decisiva por el séptimo arte. De ahí el cálido y divertido homenaje que, de igual modo que hacía la citada Una terapia peligrosa con su recreación subconsciente de El padrino, sitúa a Robert de Niro frente al espejo, en esta ocasión como improvisado y encandilado espectador de Uno de los nuestros, clásico moderno del cine de gángsters protagonizado por él mismo.

          Y es que Malavita encadena su suerte en buena medida al carisma de sus otoñales intérpretes, auténticos iconos del cine de gángsters como De Niro (sobran los ejemplos), Michelle Pfeiffer (esposa de mafioso en Scarface, el precio del poder) y Tommy Lee Jones (terco agente del orden en El fugitivo, U.S. Marshals y La presa). En este sentido, se agradece en especial la contención de De Niro -demasiadas veces víctima de la sobreactuación a la hora de abordar su propia caricatura-, y la incomparable clase y elegancia de Pfeiffer, inestimables contribuciones para salvar los muebles.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 5,3.

Nota del blog: 5,5.

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2 comentarios to “Malavita”

  1. plared 22 noviembre, 2013 a 04:31 #

    Hay actores que deberían retirarse con la dignidad de un torero. En fin….La pela es la pela. Cuidate

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