Contra corriente

8 Oct

Contribución de un servidor al especial sobre Robert Mulligan (Primera parte) para CINEARCHIVO.

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“Rodamos Anaconda en Brasil, en el río Amazonas. Lo gracioso es que en el colegio tenía un profesor, el señor Henley, al que le volvía loco el Amazonas. Siempre estaba diciendo “el Amazonas esto” y “el Amazonas aquello”, y yo pensaba “¿qué cojones me importará a mí el río Amazonas?”. Cuarenta años después allí estaba, filmando Anaconda en el maldito Amazonas. Resulta que Jon Voight, Ice Cube y JLo no paraban de hacer preguntas sobre el río y yo conocía todas las respuestas. Me tomaron por un tipo culto. Gracias, señor Henley.”

Danny Trejo

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Contra corriente

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Contra corriente.

Año: 1967.

Director: Robert Mulligan.

Reparto: Sandy Dennis, Patrick Bedford, Eileen Heckart, Ruth White, Jean Stapelton, Sorrell Booke, Roy Poole, Jeff Howard, Ellen O’Mara.

Tráiler

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            A pesar de su firme conciencia liberal-progresista y su retrato crítico de la sociedad coetánea, la generación del compromiso estadounidense -auténticos francotiradores en defensa de los derechos y libertades colectivos y privados surgidos desde el refugio de la realización televisiva tras el fin de la ignominia del maccarthismo-, no pareció reparar de una manera particularmente incisiva en las vicisitudes del sistema educativo norteamericano.

Si bien en alguna obra se podía apreciar la decisiva relevancia de la enseñanza y el aprendizaje en el proceso de maduración del individuo (El milagro de Anna Sullivan, de Arthur Penn), la reivindicación de las instituciones de enseñanza -donde el maestro se arrogaría el papel de corrector o enmendador del maltrecho sueño americano como garante del imprescindible principio de igualdad de oportunidades-, queda en cambio relegada a dos únicos filmes: esta Contra corriente, firmada por Robert Mulligan, y la tardía Conrack, de Martin Ritt, más orientada hacia los conflictos socio-raciales del Sur profundo del país.

            En este contexto, cabría mencionar el carácter pionero de Semilla de maldad, de Richard Brooks -cineasta precedente a la generación de la televisión pero también caracterizado por una innegociable independencia y responsabilidad cívica-. Basada en un texto autobiográfico de Evan Hunter, es esta la cinta fundadora de ese popular subgénero en el que un incauto pero arrojado profesor ha de hacer frente a la turbamulta de jóvenes estudiantes enfurecidos por las hormonas y, sobre todo, por la miseria moral y económica imperante en su entorno.

Casualmente, su taquillero remake británico, Rebelión en las aulas, coincidiría en fecha de estreno con Contra corriente, ensombreciendo su pervivencia futura en la memoria cinematográfica. Y es que, en cierto sentido, Contra corriente presenta una variación sobre el citado esquema, aunque si aquellas son películas eminentemente masculinas –al fin y al cabo sus protagonistas, Glenn Ford y Sidney Poitier, dejan abierta la posibilidad de imponerse haciendo uso de su robusto físico-, nos encontramos en este caso con una película dotada de una sensibilidad, digamos, más femenina.

No solo porque por su parte se inspire en una novela de Bel Kaufman, de nuevo autobiográfica, sino porque opta por atemperar la agresividad de ese antagonismo entre docente y alumnos para apostar por un mayor ahondamiento en el retrato psicológico de su personaje principal, el cual tendrá los dulces rasgos de Sandy Dennis, actriz que venía de ganar el año anterior el Oscar a mejor actriz secundaria por ¿Quién teme a Virginia Woolf? y que se antoja como una estupenda elección de cásting dado su aspecto vulnerable y su acertada interpretación de voz trémula y maneras inseguras.

             Afirmada sobre unas estrictas aspiraciones de verosimilitud, Contra corriente escribe la crónica de ese rito de paso o esa aventura íntima que supone el conflicto entre el optimista idealismo del profesor neófito y la cruda y despiadada realidad de la educación en ambientes marginales y deprimidos. Un mundo opuesto al imaginado y que, en su inmisericordia, convierte la vocación y el entusiasmo en un hecho ignorado en el mejor de los casos, y en un arma arrojadiza, ridiculizable y despreciada en el peor de ellos.

El proceso de crecimiento y adaptación personal de la señorita Barrett, destinado a dar sentido a su trabajo y dotar de eficacia a su salutífera influencia social, se convierte entonces en una carrera de obstáculos disputada en contra de unos adolescentes abandonados a su suerte y despojados futuro, del escepticismo de una otrora honrosa profesión reducida ahora a simple perro guardián y a merced de la autocondescendencia, y de un sistema estatal que, en perfecta consonancia con las consignas neoliberales todavía frescas en la actualidad, intercambia el soporte financiero necesario por desprecio manifiesto, somatizado de manera especialmente lacerante -el guion ya se encargará de subrayarlo- en ese alud de formularios y papeleo capaz de ahogar hasta la voluntad más resistente.

Destaca aquí la habilidad de Mulligan para transmitir los estados emocionales de la protagonista a través de la pura creación de atmósfera: el desamparo de Dennis en medio del caos arrollador de la escena, la toma temblorosa que recorre por primera vez el aula vacía, la cámara que huye asustada de la clase a causa del timbre de comienzo de curso, la mayor serenidad y estabilidad del plano según avanza el metraje, el empleo de una banda sonora que guarda más flexiones sombrías de las que aparenta su estilo informal,…

             Aunque el relato se ciñe a los códigos instaurados por Semilla de maldad –la personificación de las intenciones redentoras en un supuesto caso perdido, el apunte superficial a las barreras sociales y étnicas como germen de la problemática, la determinación inquebrantable frente a los torpedos lanzados por propios y extraños-, en consonancia con su espíritu realista, las conquistas y derrotas de Contra corriente, si bien de fácil empatía, resultan más laxas en su dramatismo. Los avatares de la sufrida maestra mueven más a la compasión que a la tensión, rasgo que en la película de Brooks ejercía un poderoso efecto conservador para un argumento a estas alturas sobado en exceso. Quizás por esta misma razón, el desgaste de Contra corriente sea más pronunciado que en una obra doce años anterior.

Un peso decisivo en este envejecimiento corresponde paradójicamente a una característica destinada a otorgar frescura a la cinta, como es su rotunda negativa a esquivar la polémica. Tan loable premisa queda sin embargo en evidencia a la hora de introducir un nuevo factor en la ecuación: el suspense sexual existente en las relaciones entre profesores y alumnos. Un elemento que fructifica en una subtrama demasiado melodramática y poco creíble –a pesar de que lega la escena más violenta del filme, una atroz humillación en forma de corrección gramatical de una confesión de amor- y en un enfrentamiento con escasa intensidad y poder escandalizador visto a día de hoy, escarmentados como estamos por la ficción televisiva española, resuelto finalmente de modo poco satisfactorio.

             Pese a no encontrarse entre lo más selecto de la filmografía Mulligan, Contra corriente mantiene detalles que ponen a las claras la pericia técnica del director estadounidense así como su preocupación por las ambigüedades y dilemas de la sociedad de su tiempo, muchas de ellas por desgracia perpetuadas en el presente.

Inédita en España.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

2 comentarios to “Contra corriente”

  1. Dessjuest 8 octubre, 2013 a 16:49 #

    Yo reconozco que esta la tengo medio vista, quiero decir que fue de esas que no pude acabar de ver por aburrimiento.

    • elcriticoabulico 8 octubre, 2013 a 22:46 #

      La encontré defectos, pero la verdad es que no me aburrí con ella. Aunque tengo entendido que hay gente a la que sí le ha pasado, no eres el único.

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