Noche en la ciudad

2 Oct

“Todo el mundo sabía que ya se estaban entregando citaciones para comparecer ante el Comité de Actividades Antiamericanas. También llamaron a la puerta de Jules Dassin. Cuando Jules acudió al productor Darryl Zanuck, éste le contestó «será mejor que te largues de la ciudad».”

Norman Lloyd

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Noche en la ciudad

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Noche en la ciudad.

Año: 1950.

Director: Jules Dassin.

Reparto: Richard Widmark, Gene Tierney, Googie Withers, Francis L. Sullivan, Herbert Lom, Stanislaus Sbyzsko, Hugh Marlowe.

Tráiler

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            La infamia de la caza de brujas en Hollywood se cernía sobre Jules Dassin, delatado como filocomunista por aquellos compañeros de profesión que habían sucumbido a las presiones de la paranoia mccarthista. Cineasta de referencia en la evolución del cine negro, al cual había revestido de argumentos y estilos de corte naturalista sin prescindir de la intensidad y contundencia, Dassin estrenaba su exilio europeo en Londres, megalópolis equivalente a las estadounidenses San Francisco, Los Ángeles, Nueva York y Chicago, urbes canónicas del noir.

            La introducción de Noche en la ciudad justificará la mudanza asimilando el acto criminal a la naturaleza humana, un hecho universal detectable en cualquier ciudad del mundo. Del mismo modo que ocurría en La ciudad desnuda, la delincuencia se integra como un elemento cotidiano más de la vida de la urbe, conformando un sustrato ennegrecido por las desigualdades y la miseria moral, manifestado en mil y una formas audaces, testimonio directo del ingenio y la capacidad adaptativa y de supervivencia de la especie, y recogidas al detalle por la cámara atenta y el afinado oído del realizador.

Es este el contexto en el que sobrevendrán las desventuras de Harry Fabian (Richard Widmark), artista huérfano de arte en el que canalizar sus aptitudes creativas, volcadas entonces en el timo a salto de mata, la estafa al por menor y las efímeras ilusiones de un porvenir de riqueza. Un individuo con sueños de prosperidad atrapado en el lodo de una sociedad organizada en compartimentos estancos e inmutables en los que, indefectiblemente, el pez grande se sienta a la mesa con el pez chico cocinado en su plato.

            La excusa de una nueva ocurrencia de Fabian -el intento de controlar la promoción de la lucha libre en el territorio de la capital británica-, sirve para desvelar un mundo en ruinas, erigido sobre una madeja de engaños entretejida por la codicia sin límites de sus moradores. Un retrato agrio de la condición humana, devenida en un cúmulo de entes de voluntad retorcida, lubricados por el papel de las libras y ligados sin remedio a un futuro de desgracia, desencadenado por maliciosos resortes como la perpetua traición, la ley del más fuerte, el fin como justificación de cualquier medio o la imposibilidad de hallar una válvula de escape para el posible ascenso de clase social y económica.

Repleta de sustanciosos detalles que definen con minuciosidad la atmósfera de estos bajos fondos, pertenecientes a un universo enseñoreado por una noche eterna, sin espacio para la benéfica luz del día, la rigurosa e inteligente puesta en escena de Dassin hace vibrar la tragedia, la cual se desarrolla a un ritmo arrollador determinado por el inmisericorde son de su virulento crescendo dramático. Por su lado, el formidable reparto completa y da sentido a la envilecida geografía humana del filme, desde el rostro nudoso de Widmark, especializado en los inicios de su carrera en personajes turbios o poco recomendables, hasta la inmaculada belleza de Tierney; del amenazador hieratismo de Herbert Lom a la bestial ternura de Stanislaus Sbyszko.

El patetismo de sus personajes, sumidos en la desesperación mientras tratan de burlar penosamente el peso del fatalismo inherente a sus reprobables actos, contrasta con la turbadora crueldad que la atormentada histeria de la trama depara a los últimos y extraños resquicios de inocencia presentes en el relato: la compasiva esposa de Fabian (Tierney), el anciano campeón de lucha grecorromana empecinado en dignificar su arte (Sbyszko).

            Y es que, aunque el noir haya emigrado a Europa, el destino continúa suponiendo una condena irrompible para un ser humano que persiste obstinado en su degradación más absoluta.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 9.

4 comentarios to “Noche en la ciudad”

  1. Alfredo Paniagua 3 octubre, 2013 a 08:32 #

    Impresionante esta película, Jules Dassin es una apuesta segura en cuanto a cine negro, era un mago para contar estar historias.

    • elcriticoabulico 3 octubre, 2013 a 13:03 #

      Se le menciona menos de lo que se debiera dentro de los grandes del género. Si no es mi director noir favorito, por ahí andará.

  2. antoniomartingarcia 3 octubre, 2013 a 17:19 #

    Una película buenísima, que capta a la perfección la atmósfera de depravación y mantiene un ritmo narrativo “in crescendo” muy conseguido. Además, Widmark está magnífico. Junto a “Rififí” (¡qué otro peliculón!), la obra maestra de Dassin.

    • elcriticoabulico 3 octubre, 2013 a 22:40 #

      Ambas son películas que le agarran a uno y lo agitan hasta ponerle en la piel de sus desesperados protagonistas. Además, qué ritmo. Magníficos ejemplares de cine negro.

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