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Violent Cop

24 Sep

“Un cineasta japonés que quiere hablar de la vida y la muerte hoy no tiene más posibilidades: mostrar policías o mostrar yakuzas, y en ambos casos hay violencia de por medio.”

Takeshi Kitano

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Violent Cop

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Violent Cop.

Año: 1989.

Director: Takeshi Kitano.

Reparto: Takeshi Kitano, Maiko Kawakami, Makoto Ashikawa, Shirô Sano, Sei Hiraizumi, Harukyû, Ittoku Kishibe, Ken Yoshizawa.

Tráiler

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            Al igual que en esas historias donde la chica que acompañaba a su amiga al casting se queda al final con el papel en la película, la llegada de Takeshi Kitano a la silla de director es fruto de la casualidad. Enrolado en el reparto de Violent Cop, la baja por enfermedad del realizador original, Kinji Fukasaku, le dejaba el camino expedito para dar un paso al frente y, ante la aquiescencia de la productora, tomar las riendas del proyecto también desde detrás de las cámaras.

             Obra de encargo y entrenamiento por tanto, Violent Cop quizás presente el argumento más impersonal de entre la filmografía de Kitano –más allá de los recientes desafíos públicos lanzados contra sus seguidores descontentos a través de Outrage-. En cualquier caso, se trata de una película en la que aparecen los primeros esbozos de un autor en ciernes que desea expresarse y, amparado en su condición de ‘enfant terrible’, procede a ello demostrando una incipiente e intuitiva pero marcada y prometedora personalidad.

              El relato sigue los avatares por entre los bajos fondos tokiotas de un policía justiciero a lo Harry, el sucio –semejanza que le serviría a los avispados muchachos de marketing para trazar un forzado paralelismo con Clint Eastwood en la promoción en España de sus primeras películas-. El carismático detective Azuma pone la primera piedra en la creación del arquetipo en adelante asociado a Kitano. Es entonces un personaje con la independencia y la acción individual por bandera, lacónico, agresivo, gorrón y pendenciero, aunque dotado de un patetismo en su construcción interpretativa y un burlesco contexto visual que por momentos le hace virar hasta el terreno de la comedia –tendencia que el actor y director tratará de rebajar por otro lado para despegarse de su condición de humorista famoso-.

Es decir, un tipo hermético y violento, encadenado a un estoicismo fatalista, y que concentra en su ser los códigos ancestrales del Bushidō samurái con una manifiesta voluntad autodestructiva. En Violent Cop, nos encontramos así ante un rōnin solitario cuyo mundo se desmorona, aferrado a un duelo épico frente a su Némesis como única tabla de salvación en medio de su apocalipsis particular.

El luctuoso fracaso de una operación chapucera, el cercano y grave caso de corrupción, la impotencia a la hora de reducir a su encarnizado enemigo, el declive mental de su hermana. Si bien el tono inicial de la primera mitad navegaba a la deriva dentro de esa mezcolanza de hieratismo emocional, comicidad ‘cartoonesca’, melancolía terminal y cruel truculencia –rasgo distintivo de la obra del tokiota, posteriormente acentuado-, el desenlace se aboca de manera definitiva a la oscuridad que la naturaleza turbulenta del agente de la ley, de procederes próximos a la sociopatía, hacía presagiar.

            Kitano rueda desde la distancia y el estatismo, hasta hacer de ello la nota de distinción de un debut que, de otra manera, podría caer en lo convencional, dada la ausencia de una originalidad distintiva en los elementos que componen la trama. La violencia se expresa con frialdad, lo que llevado al extremo consigue reducir al absurdo su significado. Mediante este recurso, el cineasta nipón consigue imbuirla de una pátina de ironía en ciertos momentos, así como de un sentido especialmente cruel e hiriente en otros: la cámara muestra indiferencia hacia la atroz muerte de un compañero policía, expresada al ralentí a modo de danza macabra, mientras que registra con extrema neutralidad, sin inmiscuirse siquiera, una de las confesiones clave en el devenir dramático del relato.

             Cada vez más abstracta, la película queda reducida en su recta final a un esquematismo simbólico que enfrenta al bueno con un malo convertido en personaje equivalente por puro antagonismo –el andar desastrado, el vestuario negro, la virilidad del servidor de la justicia; la pulcritud, las ropas claras, la homosexualidad del asesino despiadado-, hermanados en último término por el vocacional empleo de la violencia para sus fines opuestos.

Un duelo en toda regla que se resuelve en el mismo absurdo cíclico y agónico que Kitano se había encargado de imprimir a fondo en este extraño e interesante conjunto que conforma su opera prima, apreciable indicativo de los derroteros futuros que tomará su carrera cinematográfica.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 8.

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