La rebelde

18 Sep

“Los actores son ganado.”

Alfred Hitchcock

.

.

La rebelde

.

La rebelde.

Año: 1965.

Director: Robert Mulligan.

Reparto: Natalie Wood, Christopher Plummer, Robert Redford, Ruth Gordon, Katharine Bard, Roddy McDowall.

Tráiler

.

            En los años sesenta, Hollywood había alcanzado el suficiente nivel de madurez e independencia como para demoler sus propios cuentos de hadas. La denominada generación del compromiso (Delbert Mann, Sidney Lumet, Martin Ritt, Robert Altman, Robert Mulligan,…), auténticos francotiradores en defensa de los derechos y libertades de la sociedad y el individuo, se arrogarían con apetito y contundencia dicha tarea.

De este modo, la profesión de actriz dejaría de asociarse a la fabulilla romántica y optimista descrita en My Fair Lady, versión escénica del mito de Pigmalión, para asociarse en cambio a una visión repleta de sombras, ácida y hostil. Sí, continúa poseyendo el idéntico proceso ascendente de la película antes citada, pero se rige más bien por los tétricos patrones de otra leyenda tradicional: Fausto. No por nada, Robert Mulligan también había descrito años atrás la desoladora cara B de la gloria -en este caso deportiva-, en El precio del éxito.

             Ha nacido una estrella ya había arremetido contra la fragilidad de estos ilusorios sueños de gloria, mientras que Cantando bajo la lluvia –actualizada recientemente en The Artist– presentaba al actor como simple objeto de usar y tirar, a merced de los insaciables caciques del ‘show business’ y del público banal, desmemoriado y ansioso de recibir de manera indirecta pero constante una pizca del fulgor que desprenden las plastificadas estrellas del espectáculo –su pervivencia o acentuación se encuentra de manifiesto en ‘mockumentary’ I’m Still Here, reciente cruzada contra las despóticas luminarias de Hollywood en la que Joaquin Phoenix se embarcara durante dos años-.

La rebelde, por su parte, va más allá en su denuncia de la deshumanizada mercantilización del cine, puesto que esta crónica del ascenso y caída de una estrella juvenil adopta por momentos los códigos del cine de terror. Aquí, el idílico Hollywood no es más que el reflejo forrado de oropel barato y abotargado de efectos especiales cutres de unos Estados Unidos decadentes y cochambrosos en lo material y lo moral. Un megalómano escenario tan ostentoso como vacío en el que moran preciosas estatuas de mármol, tristes e inertes por la esclerosis sentimental que provocan sus voluminosas capas de maquillaje.

Rey absoluto entre la ruina y la miseria, la figura mefistofélica de Christopher Plummer, representación hiperbólica del magnate del Hollywood clásico, genera inquietud desde su metálico hieratismo, transmitido con fiereza por sus ojos viperinos mal camuflados tras sinuosas sonrisas condescendientes. Su discurso cautivador hacia la desvalida muchacha arrabalera con el dulce rostro Natalie Wood -repite con Mulligan tras Amores con un extraño-, es el primero de los cuantiosos pasajes de puro horror que pavimentan el camino de baldosas amarillas hacia el esplendor de la fama (o el descenso a los infiernos de la misma).

            La aceptación del contacto inicial –un viaje en limusina que su madre, advertida por un mal augurio, confunde con un coche fúnebre-, a partir del cual la chica queda reducida a la condición de propiedad sin voz, ni voto, ni margen de actuación, ya mostraba por dónde irían los pasos de esta auténtica tragedia metacinematográfica –los números musicales suplen a los dramáticos soliloquios del teatro o al coro de los clásicos, inclusive-.

Las inquietantes notas de la banda sonora de André Previn, los personajes fríos, asépticos y mecanizados que rodean y acosan a la protagonista, los tétricos y lúgubres estudios de rodaje que revelan las gélidas tinieblas que reinan detrás el brillo y el calor artificial de los focos,… Detalles con peso expresivo creciente, destinados a acumular la tensión subyacente al relato hasta hacerla estallar en una escena pavorosa y abrumadora –el do de pecho de la atinada realización de Mulligan- que enfrenta de manera histérica y obsesiva a la protagonista de carne y hueso, vulnerable y atormentada, contra su mismo doble de ficticia, siniestra y tiránica perfección.

            Los aspectos más feroces del retrato se erigen como lo más acertado de una obra un tanto irregular, que adolece de la falta de acierto en la interpretación de Wood -restringida al tic y la caricatura superficial de su papel de marimacho- y de la indecisión del libreto a la hora de dar el empujón definitivo a un filme que acaba por rendirse a un extrañísimo e inofensivo homenaje al ‘slapstick’ -¿recuerdo nostálgico de un cine precedente e incontaminado?-.

Interesante.

 

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7.

8 comentarios para “La rebelde”

  1. kaldina 19 septiembre, 2013 a 21:05 #

    A mi me encantó Bailando bajo la lluvia, además el contraste entre los personajes femeninos es excelente, ese mero contraste genera toda la relación antagonistca entre ellas, es genial. Le voy a echar un ojito a esta peli, aunque con el último párrafo no me dejaste muchas ganas de verla 😛

    • elcriticoabulico 19 septiembre, 2013 a 22:35 #

      Está lejos de ser perfecta, a veces decae el interés, pero bien merece una revisioncilla, porque tiene detalles fenomenales (la escena que rescato por ahí en algún enlace me resultó muy impactante).

      • kaldina 20 septiembre, 2013 a 02:31 #

        Mira que busqué el trailer y no lo encontré, me salían puros videos de Rebelde, la novela mexicana! ejejeje

        • elcriticoabulico 20 septiembre, 2013 a 11:59 #

          ¡Pincha en el enlace que hay en el texto! Mira que lo pongo fácil… (aunque en inglés).

          • kaldina 20 septiembre, 2013 a 16:16 #

            jajajaja… Te juro que no me había dado cuenta que ahí estaba el enlace, mucha lenta!… Y yo ahí medio suicidándome de a poquitos viendo pedazos de la novela 😛

  2. altaica 20 septiembre, 2013 a 02:32 #

    Bueno, sé que últimamente no soportas demasiado bien los elogios, algo lógico en personas con cierto grado de la humildad, pero es que esta última critica es para enmarcar. Culta, erudita, con vinculaciones de alto nivel, referencial en muchos aspectos, incluso aventurada en algunos, circular en su periplo histórico y siempre reflexiva en cuanto al cine y a su tiempo, los tiempos (no hay tiempos para asociar), ya sean sociológicos o significativos (reveladores).

    Es por ello que un análisis como el que acabo de leer, tan solo puede ser tildado de magistral, pues pocos cronistas son capaces de condensar tantos aspectos y capacidades en tan poco espacio de tiempo vs texto. Densidad en la eminencia.

    Cuando uno lee críticas en publicaciones, blogs, textos virtuales y demás expansiones actuales sin control (benditas ellas a fin de cuentas), solo queda reconocer el talento y la capacidad, y es ahí cuando un texto como el que nos ocupa se postula descomunal. Aquello de ser agradecido que decían mis abuelos, adquiere ahora más que nunca carta de naturaleza. Créeme si te digo que el grado de evolución que atesoras es un milagro que aquellos que te leemos apreciamos de forma gozosa en el crédito.

    Si Plared o Dessjuest, o los que vengan, no somos capaces de ver donde la suficiencia es insobornable, es que esto de analizar o juicio está corrompido. Asistimos sin red a la evolución de un joven que se hace progresivo a ritmos constatables.

    La película, como bien terminas interesante en un momento cinematográfico con ínsulas bien sanas, que abundan en asuntos más que necesarios, en una revisión cuando menos necesaria. Es más que probable que sea precisamente la protagonista su debilidad mayor, incluso ciertos aspecto del guión demasiado débiles o evidentes en su posterior desarrollo. Pero al final a uno le queda la sensación de un trabajo bien hecho y de algunas secuencias, como la que comentas, ejemplares en su ejecución y búsqueda.

    • elcriticoabulico 20 septiembre, 2013 a 12:02 #

      No hombre, me encanta que me regalen los oídos, lo que pasa es que soy chico tímido, me entra el rubor y me quedo sin palabras. La verdad es que entre escribir constantemente, abrir los ojos a nuevas obras y conocer a comentaristas como los que os dejáis caer por aquí, es una escuela impagable. No aprender sería delito.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: