Hitler’s Madman

13 Sep

“El tirano muere y su reino termina. El mártir muere y su reino comienza.”

Sören Kierkegaard

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Hitler’s Madman

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Hitler's Madman.

Año: 1943.

Director: Douglas Sirk.

Reparto: Alan Curtis, Patricia Morison, John Carradine, Ralph Morgan, Edgar Kennedy, Ludwig Stössel, Al Shean, Elizabeth RussellJimmy Conlin.

Tráiler

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            El ataque japonés sobre Pearl Harbour marcaría uno de los grandes puntos de inflexión en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Las ansias colonialistas del país nipón despertarían al gigante dormido norteamericano, que desplegará toda su capacidad ofensiva sobre las potencias del eje tanto en Europa como en el Pacífico. Producto de este giro político y militar, la maquinaria de Hollywood, fiel cronista de su tiempo y poderoso instrumento de influencia o arma de propaganda en caso necesario, se pondría en marcha para el combate en el frente ideológico y sugestivo.

La actuación de la industria cinematográfica comprendería entonces terrenos que van desde la comedia satírica, con armas tan afiladas como El gran dictador y Ser o no ser, hasta el documental de guerra y propaganda, que implicaba a cineastas tan notorios como John Ford, John Huston o Frank Capra, pasando por la intervención directa de sus estrellas en desempeños militares de mayor o menor riesgoJames Stewart, Henry Fonda, Clarke Gable, Tyrone Power,…- o, cuanto menos, de apoyo a la tropa mediante espectáculos o por la contribución personal y altruista a la recolecta de fondos para las tropas.

            Por su parte, el cine de ficción ambientado en el mismo conflicto en transcurso decidiría acogerse a episodios históricos ya documentados como base fundamental para desarrollar su alegato antinazi o antibélico.

No es de extrañar pues que la pavorosa figura de Reinhard Heydrich, Reichsprotektor de Bohemia y Moravia, apodado ‘la bestia rubia’ por su crueldad inhumana, aquel del que el propio Hitler comentase que “poseía un corazón de hierro”, sirviese para ejemplificar la barbarie de nazi por medio de tres producciones distintas estrenadas en el mismo año, 1943. Serán The Silent Village, docudrama británico, Los verdugos también mueren, excelente filme de intriga a cargo de Fritz Lang -uno de los primeros realizadores en mostrarse activos contra la amenaza alemana con El hombre atrapado-, y Hitler’s Hangman, recreación del atentado contra Heydrich y la posterior destrucción punitiva del pueblo checo de Lidice.  

Douglas Sirk, director de orígenes germanos como Lang, sería el encargado de llevar a cabo esta última cinta.

            Con unas convenientes licencias dramáticas, el magnicidio del sanguinario Reichsprotektor, encarnado con singular ferocidad y destacable semejanza física por John Carradine –actor de aspecto y papeles dudosos, turbios o inquietantes por lo general-, se convierte entonces en la excusa perfecta para advertir al ciudadano de a pie sobre la necesidad perentoria de la intervención militar contra un monstruo despiadado con el que de nada sirven las palabras. Incluso el retrato de Heydrich –atentos al ogro depredador sexual que escupen los múltiples carteles promocionales del filme-, ajustado a la brutalidad de su mandato, deja espacio para el inserto de una declaración –“¡hay que eliminarlos a todos!”- que parece revelar con inopinada precisión su precedente cometido como anfitrión de la Conferencia de Wannsee e ideólogo de la denominada ‘Solución final al problema judío’.

            Este permanente mensaje de fondo, legítimo y justificado, pierde contundencia y eficacia a causa de la simpleza con la que queda expresado por el argumento de la película. Con las costuras del guion a la vista por todas partes, Hitler’s Hangman apela a la lucha dada la inutilidad de la resistencia paciente y pacífica, al poder de la imprescindible actuación colectiva, unida y decidida frente al ignominioso invasor, al combate como riesgo menor en comparación con las arbitrarias vejaciones y violencias del tirano, a la auténtica debilidad del enemigo, un grupúsculo de individuos patéticos igual de atemorizados y vulnerables ante la crueldad sin nombre de sus jerarcas y del Partido.

En conclusión, la cinta ahoga su arenga en un exceso de discurso que, además, tiende a ser demasiado obvio y explícito en sus alegorías y paradigmas, destinados a alcanzar un mayor rango de incidencia entre la platea. Un cálculo errado, vistos ejemplos como El gran dictador, Ser o no ser, Los verdugos también mueren o Esta tierra es mía, obras devastadoras y emocionantes gracias a la enorme inteligencia de sus planteamientos y su capacidad de denuncia.

            En cualquier caso, mayor honestidad y por ello mismo fuerza alberga un desenlace en el que se agradece su tono sincero y no exactamente esperanzador. Es la exhortación ya clara, directa y definitiva a un sacrificio incierto pero imperativo en lo estratégico y sobre todo lo moral, sostenido con vehemencia y agresividad a través de la cuarta pared, arrojado a la cara del estupefacto espectador.

             En 1975, aún otra película más reconstruiría el atentado contra Heydrich, Siete hombres al amanecer.

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 6.

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