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Nueva York, año 2012

11 Sep

“El futuro no es lo que solía ser.”

Arthur C. Clarke

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Nueva York, año 2012

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Nueva York, año 2012.

Año: 1975.

Director: Robert Clouse.

Reparto: Yul Brynner, Max von Sydow, Joanna Miles, William Smith, Richard Kelton, Darrel Zwerling.

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            El delirio colectivo provocado por los pronósticos mayas acerca del supuesto fin del mundo en 2012 no fue una moda reciente. En los setenta, década taciturna y convulsa como pocas donde no faltarán producciones de similar temática catastrófica –los epígonos de El planeta de los simios, Glen and Randa, El último hombre… vivo, Naves misteriosas, Los sobrevivientes elegidos, Apocalipsis 1999, The Noah, 2024: Apocalipsis nuclear (Un muchacho y su perro),…-, una película como Nueva York, año 2012 se acogía ya tan señalada fecha, por entonces difusa y lejana, para emplazar su particular elucubración postapocalíptica.

            En realidad, Nueva York, año 2012 representa uno de esos casos de hibridación entre el western y la ciencia ficción futurística, perteneciente a la misma categoría que otras cintas como Batalla más allá de las estrellas, Atmósfera cero, El libro de Eli o Avatar, por citar algunos ejemplos.

La película maneja los códigos del cine del Oeste al presentar la confrontación entre una comunidad aislada en territorio hostil -la inhóspita y sobrecogedora carcasa de la megalópolis en ruinas- y el amenazador salvajismo que impera a su alrededor, representado por las tribus de humanos que depredan todo lo que se mueve en las calles vacías de la urbe.

Un escenario escindido tan propio del western como asimilable a otros decorados –el atuendo de los personajes combina pantalones setenteros con camisolas y cinturones medievales- en el que un enigmático forastero (Yul Brynner), guerrero profesional, deberá tomar partido cuchillo en ristre por el bando que considere adecuado a sus intereses.

            Robert Clouse, director de cámara de Bruce Lee y otras estrellas de las artes marciales –aquí el protagonista iba a ser Gordon Liu-, sirve un producto bastante apañado que, sin mayores aspiraciones de trascendencia o de sentar cátedra en el género, combina el atractivo propio de su ambientación –caso aparte es una horrenda banda sonora de tonos electrónicos- junto con un argumento que explota con eficacia la disolución de los valores humanos en un proceso parejo a la pérdida de esperanza por parte de una comuna pequeña y asediada que, pese a su aparente voluntad de mantener unos estándares mínimos de civismo, solidaridad y obediencia normativa, tampoco tiene nada de utópico.

A ello se une el solvente rodaje de la acción y, como virtud destacada, el imponente carisma de Brynner, actor serio y concentrado con independencia de la calidad y el presupuesto del trabajo, bien secundado aquí por un reparto cumplidor.

            En conclusión, un entretenimiento ligero pero consistente.

 

Nota IMDB: 5,6.

Nota FilmAffinity: 5,3.

Nota del blog: 7.

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