Celebración

10 Sep

“Casi no recuerdo el Dogma y eso que hice muchísimas entrevistas para explicarlo. Era prácticamente un misionero de la iglesia del Dogma.”

Thomas Vinterberg

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Celebración

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Celebración.

Año: 1998.

Director: Thomas Vinterberg.

Reparto: Ulrich Thomsen, Henning Moritzen, Thomas Bo Larsen, Paprika Steen, Birthe Neumann, Trine Dirholm, Helle Dolleris, Gbatokai Dakinah.

Tráiler

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            Ensombrecido en parte por la figura excesiva y expansiva de Lars von Trier, Thomas Vinterberg conserva el honor de, además de ser junto al anterior el padre prócer del revolucionario y provocativo Dogma 95, conservar el número uno de la lista de filmes realizados bajo dicho sello ideológico y artístico: Celebración.

            A juego con la aspereza formal propugnada por esta corriente creativa, defensora de un retorno a las premisas originales de un arte consistente en narrar historias y ofrecer visiones propias y sinceras del mundo -posicionado por tanto en el antagonismo hacia el Hollywood artificioso y mercantilizado-, Celebración apuesta por un relato corrosivo y problemático como pocos: la revelación de una serie de abusos sexuales en plena fiesta de cumpleaños del patriarca familiar, el monstruo perpetrador de los mismos.

Por medio de tan polémica temática -que retomará precisamente en su reciente La caza, si bien variando el punto de vista de la acción y con el autor ya muy alejado de los principios del Dogma-, Vinterberg arremete sin miramientos contra la clase acomodada danesa, una casta endogámica abandonada a sus vicios, enseñoreada a su antojo tanto de lo material como de lo humano –su posesión del hotel donde se desarrolla la acción parece extenderse al uso caprichoso y lascivo de su personal-, hipócrita, racista, banal e hipocondríaca.

La representación de la decadencia y corrupción moral más absoluta.

            Como hiciera Luis Buñuel en El ángel exterminador, Vinterberg encierra a sus deformes criaturas frente a su abyecto reflejo mientras la mierda aflora, ensuciando las pulcras fachadas de chaqué y modales refinados de los asistentes al lujoso ágape. Un absurdo de corte veladamente surrealista impregna entonces una fiesta transformada en farsa cruel, que desnuda sin piedad el verdadero rostro de los partícipes en el baile de máscaras a partir de sus reacciones – o, más bien, por la práctica ausencia de ellas- respecto a las traumáticas confesiones y su consideración personal hacia el atormentado protagonista.

Dentro de este ácido contexto, la dificultad para discriminar si éste es acogido como víctima o como verdugo resulta una experiencia atroz.

            La vitriólica contundencia de su argumento derriba las barreras trazadas por unas consignas de estilo tan subversivas como en buena medida vacías, quebrantadas por sus propios creadores desde el primer momento –Vinterberg reconocería haber cubierto una ventana añadiendo una cortina para el rodaje de cierto pasaje; es decir, haber violado las normas de no modificar la luminosidad natural y no emplear ‘atrezzo’ escénico-.

El asunto es que, en este caso, podría decirse incluso que ese estilo correoso y mal encarado actúa como acicate para la causticidad con la que el director escandinavo dinamita el tradicional, modélico y respetado retrato de la familia burguesa, expuesta como un constructo degradado, alienante y deshumanizador.

             Para muchos, será el mejor fruto del transgresor movimiento.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 8.

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4 comentarios to “Celebración”

  1. plared 11 septiembre, 2013 a 01:50 #

    La única que recuerdo que me haya gustado de eso del dogma. Un timo en mi opinión como movimiento. Cuidate

    • elcriticoabulico 11 septiembre, 2013 a 11:54 #

      Suelo desconfiar de aquellos que dicen tener la fórmula para reinventar el cine. Y cada vez soy menos de experimentos.

  2. Román 11 septiembre, 2013 a 14:02 #

    Sáctamente, tú haz la película cómo quieras o cómo buenamente puedas y déjanos de dogmas, mandamientos o tablas de la ley, y luego para gustos hay colores.

    • elcriticoabulico 11 septiembre, 2013 a 14:28 #

      Claro, claro. En principio la idea era un acceso más democrático a la realización de películas, pero acaba por resultar una simple excusa. También hay que decir que se trata quizás de unas normas un tanto irónicas (humor escandinavo, quién lo entiende…). Si no, aquel “certificado de castidad” que se concedía a aquellas películas que habían acatado por completo el reglamento iba a quedar como una cosa un poco lamentable. Sea como fuere, como menciono en la crítica, ni siquiera la primera de sus películas se atuvo a los códigos del Dogma de manera estricta, así como tampoco lo hicieron otras obras representativas como Los idiotas (incluye música en alguna escena), firmada en este caso por el mismísimo pope de la corriente, Lars von Trier.

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