Ruta suicida

5 Sep

“Yo solo hago las películas y luego funcionan como funcionan. Si a la gente le gustan es bonito y si no les gusta, pues mala suerte”

Clint Eastwood

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Ruta suicida

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Ruta suicida.

Año: 1977.

Director: Clint Eastwood.

Reparto: Clint Eastwood, Sondra Locke, Pat Hingle, William Prince, Michael Cavanaugh.

Tráiler

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            Clint también tenía que pagar facturas. Embarcado en su aprendizaje como cineasta, aun sin el reconocimiento unánime de la crítica pese contar en su haber con producciones tan recomendables como Infierno de cobardes o El fuera de la ley, Eastwood alternará proyectos personales y arriesgados junto con otros destinados a cosechar buenos números en taquilla, amparado en su prestigio como héroe de acción.

Si en el western tendía a reciclar su personaje característico del fantasmagórico hombre sin nombre leoniano, en el presente género recurrirá a experimentar con diversas metamorfosis del no menos icónico Harry Callahan. El hombre de justicia todopoderoso, implacable y marginal.

            En Ruta suicida -obvio miembro del segundo de los citados grupos-, Eastwood queda a cargo de trasladar a la única testigo disponible contra la mafia (Sondra Locke, su lánguida musa y amante) en una carrera mortal contra los despiadados gángsters de Las Vegas y, además, un estamento policial reducido a la condición de despersonalizada arma ejecutora en manos de un putrefacto laberinto de dirigentes corruptos.

            Cinta alimenticia y ramplona donde las haya, Ruta suicida sustenta su apuesta sobre la acción de aguerrida violencia de los setenta, aderezada en este caso con variaciones tonales típicas de las ‘road movies’ románticas y las ‘screwball commedies’. Notas de humor que se plasmarán incluso en el póster promocional del filme, firmado por el ilustrador Frank Franzetta -leyenda de la espada y brujería-, y en especial al carácter de las escenas de tiroteo, hiperbólicas hasta la parodia –alguna interpretación cogida por los pelos apuntará a ellas como representación alegórica de la Guerra de Vietnam-.

El libreto se transforma entonces en un simple vehículo de lucimiento de la estrella protagonista, destinado a satisfacer por la vía rápida y sin miramientos las servidumbres populares derivadas de su imagen de tipo duro, al mismo tiempo que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, le garantiza un legitimado y confortable punto de encuentro con Locke. No se encuentra otra explicación aparte de esta mera excusa, porque por mucho que se emperre el bueno de Clint, la actriz carece del magnetismo suficiente como para subyugar en esos papeles de mujeres fascinantes por su vulnerabilidad o su inopinada fortaleza que el californiano solía regalarle.

            En lo que respecta a la trama, frente a un notable cúmulo de incongruencias y despropósitos lógicos que acechan tanto a detalles nimios como a cuestiones de peso, se puede mirar en cambio con cierta benevolencia a esa figura de macho alfa mucho más vulnerable y patético de lo que trata de aparentar con su pose chulesca y desdeñosa –similar proceso desmitificador se repetirá en la frecuentemente malinterpretada El sargento de hierro-. Asimismo, la amarga visión de la policía como garante de la ley –que no de la justicia-, característica de esta cínica y desilusionada década, deja elementos de reflexión a pesar del imprescindible proceso de redención personal -colectiva, por extensión- emprendido por el protagonista.

             Sumado a ello, el férreo rodaje de la acción, el consistente ritmo y por supuesto el carisma de Clint permite salvar una película que, de otro modo, caería sin remedio en el cajón de los suspensos gordos.

 

Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 5.

2 comentarios to “Ruta suicida”

  1. plared 10 septiembre, 2013 a 05:24 #

    Yo la vi con 19 años y me pareció alucinante. Sin duda como ya imaginas no la he vuelto a ver…..Cuidate

    • elcriticoabulico 10 septiembre, 2013 a 12:55 #

      A ver, si a uno le pilla en la adolescencia y tiene ganas de ver una de Clint marcándose unas fantasmadas, pues qué mejor. Aunque tampoco la andaría revisando, por si las moscas. Mejor guardar un bonito recuerdo.

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