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La ciudad desnuda

29 Ago

“He estado en París, en Londres, en Roma,… y siempre digo que no hay ningún lugar como Nueva York. Es la ciudad más excitante del mundo.”

Robert De Niro

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La ciudad desnuda

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La ciudad desnuda

Año: 1946.

Director: Jules Dassin.

Reparto: Barry Fitzgerald, Don Taylor, Howard Duff, Dorothy Hart, Ted de Corsia, House Jameson.

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            En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial -tiempos en los que precisamente la crítica francesa acuñaría el término noir-, surgía dentro del cine negro americano una corriente que apostaba por un realismo crudo y minucioso que, en buena medida, se dedicaba a escrutar la vida cotidiana de la sociedad motivada por un ánimo de objetividad, compromiso y denuncia.

La obra americana de Jules Dassin –por entonces Julius, cineasta posteriormente exiliado al viejo continente por la presión del mccarthismo-, destaca como una de las más representativas e interesantes dentro de esta tendencia, con especial mención al trío de películas que componen Fuerza bruta, perteneciente al subgénero carcelario, La ciudad desnuda, Mercado de ladrones. Más tarde, cintas como Noche en la ciudad y Rififi exportarían parte de estas premisas a Reino Unido y Francia, respectivamente.

            La ciudad desnuda queda definido como un filme atípico desde sus mismos títulos de créditos, anunciados por Mark Hellinger -productor de la cinta y otrora dramaturgo con gusto por el estricto verismo en la construcción de personajes-, quien en adelante oficiará también el papel de comentarista omnisciente, recurso que plantea un distanciamiento equivalente a la voz en off del narrador en el documental.

En consonancia con estos presupuestos naturalistas, la acción se sitúa a pie de calle, donde el trabajo tanto de los inspectores de la policía como de los criminales se encuentra insertado sin distinción entre la multitud. Son los pares de los oficinistas, banqueros, operarios, tenderos, niños y demás población que desarrolla su día a día cotidiano alejado de los ocasionales pero resplandecientes focos de atención servidos en caliente por la prensa y devorados con avidez por un público masivo especialmente morboso hacia las aberraciones que, de vez en cuando, salen a flote desde el bajo vientre de la imponente, caótica y alienante megalópolis.

            El relato, por tanto, prescinde del énfasis y la épica. La mirada experta, calmada y socarrona de su protagonista, el veterano teniente Muldoon (el incomparable y homérico Barry Fitzgerald), individuo sagaz y entrañable también alejado de los paradigmas del detective urbano, establece la guía con la que La ciudad desnuda describe al detalle –precisos métodos científicos, cuidadosas tácticas psicológicas, agotadores tiempos muertos, angustiosas dudas razonables,…- la prosaica rutina de la policía en su proceso de investigación de un caso de asesinato y robo de joyas, tan intrincado, torpe y miserable como solo pueden dictar los cánones de la realidad.

Bajo la mirada indiferente del gigante de cemento, absorto en su voraz e implacable crecimiento, la película se sumerge en un submundo que lucha desesperadamente por mantener la cordura y unos estándares mínimos de moralidad frente a los embates de una sociedad amenazada por la deshumanización, fagocitada por su propia hipertrofia.

            El estilo de Dassin confiere al metraje un ritmo constante y fluido, encauzado por un excelente control de la intriga y perfectamente coherente con sus presupuestos iniciales, que hacen que nunca se pierda de vista la trama policíaca como parte interconectada e indisociable con un todo superior. Puesta en contexto, la violencia resulta entonces especialmente lacerante, los hechos delictivos desesperados y la actividad policial penosa y estimulante.

Muy buena.

Inspiraría una serie de televisión de idénticas aspiraciones de realismo.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 8,5.

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