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Barrabás

21 Ago

“Y todo el pueblo respondió: Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.”

Mateo 27:25

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Barrabás

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Barrabás

Año: 1961.

Director: Richard Fleischer.

Reparto: Anthony Quinn, Vittorio Gassman, Silvana Mangano, Arthur Kennedy, Katy Jurado, Douglas Fowley, Jack Palance, Ernest Borgnine, Harry Andrews.

Tráiler

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            Dentro de un subgénero tan proselitista y solemne como el bíblico neotestamentario, acostumbrado a exponer multitud de rostros extasiados e iluminados por las inmarcesibles virtudes del cristianismo, encontrarse cara a cara con los bastos rasgos de Anthony Quinn en su encarnación de un personaje secundario, nebuloso y maldito como Barrabás es, cuanto menos, un punto de partida gratificante.

Basada en la novela de Pär Lagerkvist, premio Nobel de literatura de 1951, Barrabás hereda la espectacularidad escénica de los grandes kolossales producidos por Dino de Laurentiis y rodados en la Cinecittà romana, si bien se tratará de un factor relegado a un segundo plano en favor del retrato intimista del personaje principal del relato, inmerso en un calvario en cierto modo análogo a la Pasión sufrida por Cristo.

Si el nazareno cargaba la cruz, Barrabás porta el estigma de estar vivo en lugar del hijo de Dios.

            Existen diversas líneas teológicas que, amparadas en la etimología –“hijo del padre”-, insinúan que Barrabás constituiría una imagen simbólica destinada a representar el desdoblamiento belicoso de Jesús o incluso se trataría de la misma persona separada tan solo por errores de traducción posteriores. No es baladí rescatar estas teorías en el marco de un filme en el cual se dibujan unos interesantes paralelismos entre ambos personajes, desde el festivo coronamiento de Barrabás como “rey de los judíos” en la taberna, hasta el cierre de la estructura circular que articula la obra.

Un mismo orden cíclico ligado a una tortuosa epopeya existencial que, continuando con esta idea de unión de ambas figuras, serviría entonces para construir una curiosa equivalencia entre la presente cinta y la polémica La última tentación de Cristo, donde Martin Scorsese, inspirado por el libro de Nikos Kazantzakis, realizaba una interpretación lo más humana posible de las dudas finales de Jesucristo.

            Fleischer, director que sabía tanto de cine histórico, épico y de aventuras –Los vikingos, 20.000 leguas de viaje submarino– como de historias repletas de tensión interior –El estrangulador de BostonCuando el destino nos alcance-, sitúa el comienzo de Barrabás tan alto que es imposible que, con el paso de los minutos, éste no acabe sucumbiendo en buena medida bajo su propio peso. Secuencias como la de la introducción de los títulos de crédito, el deslumbramiento de Barrabás ante Cristo o el eclipse solar en el Gólgota resultan una demostración de potencia visual tan apabullante que provoca que la cúspide de conmoción de la obra se concentre en el primer tercio del metraje.

Más adelante, apoyado sobre el rotundo trabajo de Quinn, adueñándose de un papel que le sentaba como un guante, resiste con encomiable intensidad la semblanza psicológica del personaje, un hombre dividido entre lo que intuitiva y espiritualmente es capaz de percibir en su fuero interno y su automático escepticismo, fundamentado sobre una racionalidad tosca pero llena de lógica terrena y que, de forma natural, le pone en guardia frente a las intangibles abstracciones místicas y los crípticos requiebros dialécticos de la nueva religión.

            Barrabás es una película que está lejos de enquistarse en el estereotipado camino de redención mediante la epifanía y la devoción en el Dios verdadero y salvador. El proceso personal, coherente, solitario y dificultoso de asunción de la fe –un periplo constante y trágico de la oscuridad a la luz- por parte de un individuo perfectamente empático a causa de sus evidentes defectos, sus dudas razonables y sus creíbles conflictos privados, sostiene un argumento que en su desarrollo irá atravesando terrenos más trillados dentro de este tipo de producciones, aunque no por ello verosímiles –su desempeño como gladiador en la Roma de Nerón marcaría aquí el punto definitivo de no retorno-.

La odisea de Barrabás, arrastrado por circunstancias que no controla y no comprende a través de tiempos y lugares dominados por la muerte, el miedo y la miseria, acaba de este modo por tornarse más tediosa y convencional incluso desde la misma realización, de la que aun con todo cabría rescatar ese infierno sulfuroso, nocturno y terrible encontrado en las minas de Sicilia, así como la enérgica conclusión de la cinta.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

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