El Dorado

15 Ago

“Es posible hacer remakes de los clásicos. Las grandes historias siempre encuentran maneras de volver a contarse a sí mismas.”

Liev Schreiber

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El Dorado

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El Dorado

Año: 1966.

Director: Howard Hawks.

Reparto: John Wayne, Robert Mitchum, James Caan, Charlene Holt, Arthur Hunnicutt, Michele Carey, R.G. Armstrong, Edward Asner, Christophe George.

Tráiler

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            A los clásicos no les temblaba el pulso para reescribirse. Si Raoul Walsh había mejorado El último refugio en Juntos hasta la muerte y John Ford decidía actualizar Tres hombres malos en Tres padrinos, el todoterreno Howard Hawks retomaba su Río Bravo para convertirlo en El Dorado, western tardío.

Tal y como señalan voces autorizadas en estos parajes, El Dorado supone en cierto modo un paso adelante, más definido y directo -un remake, por hablar claro-, en ese gusto por los juegos y variaciones sobre una estructura o un trasfondo temático afín con los que Hawks solía experimentar, vistos los precedentes de Su juego favorito frente a la anterior La fiera de mi niña, o de ¡Hatari! respecto a Solo los ángeles tienen alas. Incluso Río Lobo puede apreciarse como una tercera transformación de la base argumental compartida por Río Bravo y la presente.

            La cuestión es que, comparativamente, El Dorado constituye una revisión menos nocturna y opresiva y más ligera, acompasada y asequible de su precursora. Quizás a causa de esta misma modificación tonal, El Dorado ofrece al mismo tiempo una versión más pálida, menos intensa, menos épica y desde luego menos especial del relato. La inacabable angustia de Río Bravo queda aquí sustituida por un ritmo más equilibrado, aunque lejano de esa asfixiante intensidad que llevaba a un pequeño grupo de desheredados a enfrentarse a pecho descubierto contra el arrogante, ambicioso e insaciable cacique local y su caterva de asesinos a sueldo, siempre con la estremecedora Canción del degüello como obsesiva banda sonora de fondo.

            El Dorado renuncia a la extraordinaria capacidad de síntesis que lucía Río Bravo, capaz de presentar las relaciones entre personajes en una sola (y poderosísima) escena. Si bien la amistad entre el cansado pistolero (John Wayne, repitiendo liderazgo pese a sus nuevos achaques) y el desahuciado sheriff (estupendo Robert Mitchum) permanece intacta y vigorosa, menos éxito experimentará el contraste y colaboración entre el veterano hombre de armas y el joven desarraigado de turno (James Caan, con quien Hawks había trabajado ya en Peligro línea 7000). Cabe mencionar que una razón de peso será la ostensible diferencia de estilo interpretativo entre Wayne, siempre sencillo y económico, y Caan, parte de una nueva hornada de actores surgidos bajo la influencia del Método. Destaca en cambio la irrupción de un antagonista enigmático y magnético, de aspecto brutal y viperino, modales educados y admirable talante deportivo (Christopher George).

Esta introducción más amplia redunda a su vez en la reducción del metraje destinado al desenlace, acto que en Río Bravo suponía un clímax extendido hasta el desafío al espectador, meollo de la cuestión, núcleo de fuerza y prueba de resistencia al mismo tiempo; el eje sobre el que Hawks y Wayne respondían con músculo, determinación y coraje a las carreras desesperadas de Gary Cooper por entre los expuestos planos de Fred Zinneman en la “antiamericana” Solo ante el peligro.

            De esta manera, la estructura se compensa hacia un mayor clasicismo. No obstante, El Dorado apunta por otro lado leves muestras de las circunstancias contemporáneas de un género en plena transición, acosado por las corrientes biliosas y sucias procedentes de la propia América y de las iconoclastas tendencias irónicas y estridentes surgidas de Europa, de gran influencia también en el devenir de las primeras. Es el caso del tenue aroma crepuscular que impregna el filme, de una cuestionable fotografía de colores intensos, de la puntual aparición de notas de jazz en la banda sonora y de algún zoom raudo en el que podría insinuarse cierto regusto alla spaghetti.

            En conjunto, El Dorado propone un western adorable y entretenido, desenfadado, con momentos muy divertidos, personajes entrañables y un buen puñado de secuencias en las que Hawks exhibe una vez más su dominio de la tensión narrativa. Perfecto para disfrutar.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7.

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4 comentarios to “El Dorado”

  1. Sergio 15 agosto, 2013 a 15:31 #

    Hace mucho que no veo “Eldorado” pero vuelvo a Hawks una y otra vez con inmenso e inagotable placer. Es de los más grandes de la historia del cine, entre mis diez primeros siempre creo que sería un fijo.

    • elcriticoabulico 15 agosto, 2013 a 16:14 #

      Es un director prodigioso, nunca lo suficientemente valorado. Y es que valía tanto para un roto como para un descosido. Entretenimiento epidérmico, intensidad introspectiva, ritmos vertiginosos, argumentos desgarrados, comedias enloquecidas y desternillantes, dramas asfixiantes, aguerrida acción,… Probablemente también entrase sobrado en mi ‘top ten’.

  2. antoniomartingarcia 16 agosto, 2013 a 16:34 #

    Los clásicos no sólo pueden reescribirse sino que, en muchas ocasiones, han sido incluso mejorados por sus propios autores. Tú has citado unos cuantos al principio de tu crítica, pero hay muchos más ejemplos, como alguna que otra película de Hitchcock perteneciente a su etapa británica o el esplendoroso “Tu y yo” que Leo McCarey rehízo en 1957 con la sublime pareja Grant/Kerr.
    En esta ocasión, Hawks nos ofrece un retrato de personajes de una densidad, ironía y lucidez muy poco común en el cine de la época y, en particular, en un género que por entonces basculaba de forma vacilante entre lo psicológico y lo crepuscular. Y, cómo no, gozó de una pareja protagonista de auténtico lujo.

    • elcriticoabulico 16 agosto, 2013 a 20:24 #

      De todas maneras, todos los citados gozaban de la suficiente autoridad artística como para reescribirse todas las veces que les diera la gana. Menudos monstruos.

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