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Patton

12 Ago

“Personalmente, veo a Patton como un gran hombre. Creo que obraba bien al presionar a sus soldados. Creo que acertó al utilizar a antiguos nazis como administradores en Bavaria. No estoy seguro de que se equivocara cuando quiso atacar a los rusos en el río Elbe. Le admiro y creo que en la mayoría de las ocasiones tenía razón. Me pregunto, en todo caso, si el público de hoy lo entenderá, especialmente en estos tiempos que estamos viviendo, o le tendrá el mismo aprecio que le tengo.”

Richard D. Zanuck

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Patton

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Patton

Año: 1970.

Director: Franklin J. Schaffner.

Reparto: George C. Scott, Karl Malden, Paul Stevens, Michael Bates, Karl Michael Vogler, Edward Binns, Richard Münch.

Tráiler

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            En mi humilde opinión, la sección Celebrities de La Hora Chanante le ha infligido un daño irreparable al biopic, ese género tan proclive a producir tostonazos y regalar premios al mejor actor/actriz. Al ver la caracterización de Anthony Hopkins para Hitchcock, solo se me venía a la cabeza la imagen de Joaquín Reyes embozado en una máscara de látex y gritando un estridente “¡¡¡Hitchcooook!!!”, por supuesto sin variar su acento albaceteño.

Patton, monumental retrato del célebre general estadounidense, una de las personalidades militares más destacadas de la Segunda Guerra Mundial, me infunde una sensación cómica semejante. No por el feroz maquillaje que George C. Scott carga en el rostro, sino por la etopeya en sí misma. Al viejo ‘Sangre y agallas’ solo le falta derribar a un avión nazi apuntándolo con el dedo y diciendo “¡bang!” para confirmar lo que uno va sospechando desde que comienza la película: que en realidad es otra encarnación del Chuck Norris elevado al grado de divinidad a base de chascarrillos hiperbólicos.

            No se puede negar que la película de Schaeffer posee una fuerza merecedora de mejor causa, buena parte de ella asentada sobre los robustos hombros de un Scott arrollador, de presencia desbordante –trabajo valedor de un Oscar finalmente rechazado-. De otro modo, sostener un metraje de unos un tanto fatigosos 170 minutos, interludio incluido, sería harto difícil.

            Los fundamentos de la obra se corresponden con el estilo a caballo entre el rigor documental –lo que concierne a la añadidura de piezas informativas originales de la época- y la espectacularidad más cinematográfica que habían lucido cintas como El día más largo o La batalla de Inglaterra y posteriormente la ruinosa Tora! Tora! Tora!.

Patton es a su vez un estudio íntimo –aunque impetuoso y excesivo como su protagonista-, de un militar nato y anacrónico hasta en su propio tiempo, embarcado en obsesiva persecución de su destino manifiesto, consagrado en vida al dios de la batalla y continuación de un estado natural intrínseco al ser humano y perpetuado a través de los siglos. Un perro de la guerra que en la paz muere de pura desidia.

            En cualquier caso, por muy vibrantes que sean sus discursos, descerrajados desde la famosa apertura enmarcada por una gigantesca bandera estadounidense, tanta extravagancia belicosa, egolatría de macho alfa, anécdota macarra y blasfemia chusquera acaban por resultarle a un servidor -refractario hacia todo aquello que huele a militarista-, más caricaturescas y paródicas que sobrecogedoras, inspiradoras o digna de admiración.

Tanta estupidez y delirio testosterónico puede ser admisible si viene de boca de un tipo como Clint Eastwood -una fantasía masculina en sí misma- en su socarrón e inofensivo papel de El sargento de hierro. Pero Patton, un auténtico maníaco con alucinaciones megalómanas y complejo de hombre providencial al que las trazas sarcásticas del libreto no deslucen su definitiva exaltación como líder carismático, visionario y genial, no es en modo alguno un filme inocente.

De hecho, diversas fuentes que señalan que fue su visionado en la Casa Blanca el que iluminó la decisión de Richard Nixon de redoblar la intensidad del ataque sobre Vietnam. El triunfante referente moral y bélico perdido por la cobardía disfrazada de moderación y pseudopacifismo, según los nostálgicos conservadores en el poder. La musa del incombustible ardor guerrero. Pues eso.

               Avalada por siete galardones de la Academia, incluido el de mejor película.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 5,5.

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