Archivo | 16:57

Annie Hall

7 Ago

“No conozco personalmente a Woody Allen, pero le adoro. Disfruté muchísimo viendo Annie Hall. Es un tipo que sabe desnudar el sinsentido de este mundo y crear maravillosos chistes a su costa. ¿No es extraordinario que se quedara en casa tocando el clarinete en vez de ir a recoger su Oscar?”

Marlon Brando

.

.

Annie Hall

.

Annie Hall

Año: 1977.

Director: Woody Allen.

Reparto: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts, Carol Kane, Paul Simon, Shelley Duvall, Janet Margolin, Christopher Walken.

Tráiler

.

.

            Woody Allen se hizo mayor. Hasta Annie Hall, las películas del genio neoyorkino deambulaban entre parámetros cómicos sin mayor aspiración de trascendencia que desarmar desde el humor y la parodia el absurdo en el que se desarrolla la vida cotidiana del ciudadano medio y la no menos risible condición de la sociedad y la realidad del momento.

            Annie Hall suponía entonces un paso adelante en su obra a través del desarrollo de un contenido más dramático, más autobiográfico y personal, marcado por un análisis reflexivo y en profundidad de esos grandes temas que definen toda su filmografía, previamente tan solo apuntados: las relaciones de pareja, la realización en lo afectivo y lo laboral, el sentido de la vida y la muerte, el sexo como parte integral de la existencia, la herencia familiar y religiosa, los desvelos psicológicos y filosóficos, la deriva sociocultural estadounidense, la cinefilia como forma de entender la realidad,…

Un amplísimo campo de estudio en el que, a través de una óptica escéptica, crítica, ácida y amable al mismo tiempo, siempre privada e inconfundible, Allen irá introduciendo diversas y matizadas variaciones para conformar un conjunto global poliédrico, complejísimo y afilado.

            En el embrión de Annie Hall se encontraba un argumento basado en una trama criminal que, si bien quedaría finalmente reducida a su núcleo romántico, andando el tiempo daría lugar, en parte, a otras futuras obras magnas del cineasta como Delitos y faltas y Misterioso asesinato en Manhattan.

Después de este proceso de pulido hacia una obra íntima, menos cómica y más privada, sería el personaje definitorio de Allen -siempre sin caracterizar y en buena medida proyección de sí mismo, aunque lo niegue con vehemencia-, aquí bajo el nombre de Alvy Singer, quien se erija en la fiel substitución dramática desde la cual el autor pueda indagar y descubrir los triunfos y miserias de su propia experiencia.

Una exploración definida en el mayor de los casos por medio de las relaciones amorosas, en especial por aquella que funcionará como eje estructural del relato: la mantenida con su musa y pareja en ese momento, Diane Keaton, encarnación de un personaje hecho a medida que, por su lado, también adquiere gran parte de la peculiar personalidad de la actriz, desde su excéntrico vestuario hasta su carácter abierto, positivo, humilde, aventurero e inconstante, siempre en contraposición y complementación con el acomplejado, metódico e hipocondríaco Allen.

            Asentada así sobre la base realista que proporciona el carácter parcialmente biográfico de la obra, Annie Hall desnuda a sus personajes desde una mirada abiertamente subjetiva –los recuerdos propios rememorados, presenciados y magnificados por el protagonista, al modo del Isak Borg de Fresas salvajesy por ello mismo fantasiosa –la alteración de la memoria, la inclusión de subtítulos para evidenciar el carácter ridículo del cortejo, las declaraciones de apariencia documental como elemento para elaborar perfiles y aportar opiniones ‘objetivas’, la exageración prejuiciosa y la estereotipación caricaturesca de situaciones, contextos y actitudes,…-.

Recursos hilarantes y reflexivos por igual,  insinuados ya en parte en películas anteriores del cineasta y reciclados más tarde en otras posteriores.

            Del mismo modo que Días de radio ofrecerá luego la más exhaustiva recreación de su infancia, Annie Hall se revela como el filme que mejor describe la vida adulta de Allen –el trabajo de su alter ego Alvy Singer para la aborrecida televisión y como humorista de stand up-, analizada, eso sí, desde el punto de vista de la pensativa, taciturna y melancólica crisis de los cuarenta que por entonces atravesaba –marco histórico y vital que influye de manera determinante en la concepción y el resultado del filme-.

            Al igual que se reconocen sus inquietudes recurrentes, en Annie Hall se pueden percibir también los modelos cinematográficos que seducen, inspiran y ayudan a completar la voz particular e inconfundible del creador neoyorkino. Se encuentran en ella el sustrato existencialista de Ingmar Bergman, entremezclado con el lúcido y punzante sarcasmo de Groucho Marx y esa subjetividad radical de Federico Fellini que entiende vida y cine como un todo indivisible.

Diferentes pero clarividentes y penetrantes sensibilidades que, amalgamadas por la agudeza intelectual de Allen, son capaces de descifrar la existencia y las relaciones sentimentales mediante solo tres irreverentes chistes, de conectar con gran sagacidad y hondura con sensaciones, situaciones y dilemas reales y reconocibles, de legar un memorable catálogo de sentencias tan inteligentes y enjundiosas como descacharrantes.

             Es, en definitiva, un ejemplo luminoso de cómo el humor supone un instrumento ideal para diseccionar por entero la condición humana.

             Además de obtener el galardón a mejor actriz principal, mejor guion originalmejor película, Annie Hall regalará el único premio Oscar de Woody Allen a la mejor dirección.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 8,5.

A %d blogueros les gusta esto: