Archivo | julio, 2013

El hombre sin pasado

19 Jul

“El pasado es una losa en los hombres, una losa terrible que nos ahoga.”

Aki Kaurismäki

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El hombre sin pasado

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El hombre sin pasado

Año: 2010.

Director: Jeong-Beom Lee.

Reparto: Bin Won, Sae-ron Kim, Tae-hoon Kim, Hee-won Kim, Seong-oh Kim, Jong-pil Lee.

Tráiler    

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           Cada vez más próximo al circuito generalista, alejándose de los herméticos círculos de los entendidos y las crípticas sectas del cine de género, el cine coreano se pasea cada vez más a menudo por las pantallas de Occidente aunque en España sea, como en el caso de El hombre sin pasado, con dos años de tardanza.

Motivos no faltan para su repesca, porque a pesar de no ser la obra más revolucionaria e inventiva, ni encontrarse en la cima del magisterio de entre aquellas venidas del país asiático, El hombre sin pasado sí conforma una propuesta entretenidísima que -haciendo bueno uno de los elogiables y más notorios rasgos de esta corriente exógena y renovadora de cine negro-, sabe perfectamente cómo mantener al espectador pegado a la butaca durante dos horas de metraje.

No le hace falta una historia demasiado elaborada: un prestamista de turbio pasado se embarca en una orgía de sangre e ira para salvar a una niña de las insaciables garras de la mafia del narcotráfico y el contrabando de órganos.

           De manera bastante clásica y con un melodramatismo que alcanza el chantaje emocional, la parte más humana del relato, destinada a perfilar los caracteres y las motivaciones de esos personajes abandonados en un mundo que se desmorona por la corrupción moral, une las profundas heridas de un hombre atenazado por los remordimientos con la desgracia cotidiana de una niña víctima de la putrefacción del mundo adulto.

Dos almas solitarias y marginales que encuentran juntas consuelo y redención. La inocencia, capaz de conmover los corazones más endurecidos por el dolor y la violencia.

Suficiente excusa en todo caso para mantener ligado con fuerza toda la estructura del filme, una feroz escalada en la que el misterioso y mortífero protagonista abre a golpe de cuchillo el camino de su renacimiento en vida.

           El hombre del pasado presenta algún detalle que la hace más convencional respecto a los parámetros manejados por Hollywood –tendencia que se incrementaba todavía más en la reciente El gran golpe (The Thieves)-, como son la mayor presencia del arma de fuego, ciertos detalles humorísticos o la intromisión de caracteres más histriónicos.

           No obstante, Jeong-Beom Lee, firmante de la curiosa y más abstracta Cruel Winter Blues, demuestra que también sabe cómo rodar peleas con arma blanca que exuden hemoglobina y adrenalina, dominar a latigazos el montaje con el fin de imprimir un ritmo vertiginoso a la escena y controlar con mano de hierro los tiempos de la película para que el conjunto quede tenso y fluido, sin lipotimias causadas bien por un mal medido espaciamiento, bien por el posible exceso acumulativo de la acción.

Diversión de calidad.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7,5.

Besos robados

18 Jul

“El cine no es un arte que retrata la vida: el cine es algo intermedio entre el arte y la vida.”

Jean-Luc Godard

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Besos robados

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Besos robados

Año: 1968.

Director: François Truffaut.

Reparto: Jean-Pierre Léaud, Claude Jade, Delphine Seyrig, Michael Lonsdale, Harry-Max.

Tráiler

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            Nueve años después de Los cuatrocientos golpes, película fundacional de la Nouvelle Vague, y seis tras el fragmento Antoine y Collette de la obra coral El amor a los veinte años, François Truffaut reencuentra a su incomprendido alter ego Antoine Doinel leyendo ensimismado El lirio del valle de Balzac durante su encierro en un calabozo militar.

Las mismas rejas de las que huía casi una década antes, aún seguían ahí.

            En esta nueva fusión entre cineasta y cine, la mirada se torna colorida y el tono más amable, humorístico. Por ello, el seguimiento de los insólitos, absurdos y embarullados avatares laborales y amorosos de Doinel tienen mucho de ironía y ternura, a pesar de que éste conserva todavía su querencia por la inestable marginalidad del inadaptado y su oposición, más bien pasiva, dejándose llevar en buena parte, a una sociedad francesa envuelta en revoluciones estudiantiles, descomposición posimperial y decadencia de las tradicionales instituciones políticas y familiares.

Una Francia satírica, con su grotesca fauna de farsantes, cornudos, homosexuales por horas, empresarios sin cariño,… donde el único destello de realismo cotidiano parece provenir paradójicamente del desempeño de un oficio tan cinematográfico como el de detective privado.

            Besos robados posee la ligereza y la visión caricaturesca del mundo distintiva de la fase existencial que atraviesa su protagonista, un personaje que, desde la honesta renuncia de Truffaut a la justificación directa de sus actos, sigue siendo tan digno de condescendencia como irritante en ocasiones.

            La absoluta ausencia de ampulosidad permite el disfrute con media sonrisa de este vitalista filme por el que transcurren, sin argumento definido o lineal, con el caos informe y atropellado de la realidad misma, las aventuras y desventuras penosas, hilarantes, terrenales, intrascendentes y decisivas de un joven que, como todos los jóvenes del mundo en todas las épocas de la historia, trata de sobrevivir atrapado en su propia desorientación.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7.

María Candelaria (Xochimilco)

17 Jul

“México, inquietante dualidad: un pueblo de máscaras y de total transparencia.”

Emilio ‘Indio’ Fernández

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María Candelaria (Xochimilco)

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María Candelaria (Xochimilco)

Año: 1944.

Director: Emilio ‘Indio’ Fernández.

Reparto: Dolores del Río, Pedro Armendáriz, Alberto Galán, Margarita Cortés, Miguel Inclán, Rafael Icardo.

Filme

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            A ojos del espectador europeo, Emilio ‘Indio’ Fernández quizás sea más conocido por su participación en pequeños pero significativos papeles en películas de su amigo gringo Sam PeckinpahGrupo salvaje, Pat Garret y Billy the Kid y Quiero la cabeza de Alfredo García-, a quien además ayudaba en tareas de filmado durante sus momentos de ‘dispersión’. Un cometido oscuro que no le era desconocido, puesto que ya había asistido anteriormente a John Ford durante su estancia en México merced al rodaje de El fugitivo.

Sin embargo, Emilio Fernández, antiguo revolucionario, formado artísticamente en los Estados Unidos y retornado a su país natal en la década de los treinta, es uno de los nombres clave de la denominada edad de oro del cine mexicano. Una etapa prolífica y exitosa, producida dentro de una organización de estudios estable y poblada por un star system propio como nunca había existido en el cine de habla hispana.

           María Candelaria (Xochimilco) supone una de sus consideradas primeras obras maestras. Una película en la que, desde su cometido de guionista y director, el cineasta coahuilense exponía muchas de las constantes características de su cine.

Hombre de tendencias progresistas, Fernández adopta las formas del melodrama, género estrella en el México del momento, para asociarlas a las corrientes campesinas e indigenistas del cine nacional. Es decir, que su acercamiento a las raíces legendarias del país, personificadas por el pueblo llano y en especial de sustrato indio, se realiza desde una visión romántica, mitificada y trágica que exalta su origen único y su orgullosa dignidad de raza inconmovible por el tiempo, por lo general inserto a su vez de una concepción pesimista y fatalista del ser humano.

Ejemplo palmario de estas premisas es María Candelaria, la mujer que da nombre al filme, concatenación de las excelencias estéticas de un linaje milenario y humilde –encarnadas nada menos que por Dolores del Río, “el rostro de México”-, repudiada y marginada por el pueblo de Xochimilco a causa de un inefable pecado heredado de su madre. Una existencia de desgracia que apenas se sostiene en vida gracias a su amor a tumba abierta con el joven labrador Lorenzo Rafael (Pedro Armendáriz, como del Río, actor fetiche del cineasta).

            Una obra todo desgarro, construida, como las historias de la tradición popular, a partir sentimientos y estereotipos sublimados, y en la que Fernández se rodea de su equipo de confianza, con del Río y Armendáriz a la cabeza del reparto, garantía de eficacia en el trabajo y la taquilla, y Gabriel Figueroa en el blanco y negro, un experto en explotar la belleza del escenario natural y en el manejo preciosita de la luz y la sombra en las composiciones de interior.

Curiosamente, todos ellos colaborarían más tarde en la citada El fugitivo a las órdenes de Ford.

            La indagación en el tópico de la belleza desgraciada, víctima de la envidia y el temor irracional de la masa -tema emparentable con la tradición mediterránea, italiana en particular; nada más ver las agrias comedias de Pietro Germi-, desarrolla ese homenaje a las virtudes y el martirio de una estirpe en vías de extinción contrapuestas a la mezcla de machismo, hipocresía, superstición, caciquismo y carestía también idiosincráticas y endémicas de la sociedad mexicana.

Un microcosmos que convulsiona bajo la mirada asombrada e incrédula de la encarnación del México moderno, el pintor que da entrada tanto al inicio de la narración como al violento drama del desenlace.

            La firme dirección de Fernández, barnizada con notas fordianas –la pequeña e íntima historia que se convierte su contenido en un gran relato universal, el sencillo pero hermoso lirismo de las imágenes, la apariencia virginal de María Candelaria en su penitencia y sacrificios impuestos-, apoyada a su vez en el atractivo y el buen hacer de su pareja principal, convierte a María Candelaria en una película lacerante y conmovedora. Al igual que su protagonista, dueña de una infausta belleza.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,4. 

Nota del blog: 8.

¡Rompe Ralph!

16 Jul

“Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es.”

Charles Baudelaire

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¡Rompe Ralph!

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¡Rompe Ralph!

Año: 2012.

Director: Rich Moore.

Reparto (V.O.): John C. Reilly, Sarah Silverman, Jack McBrayer, Jane Lynch, Alan Tudyck, Ed O’Neill.

Tráiler

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           Por lo general, el cine de animación infantil tiende a describir dos caminos moralizantes hacia la felicidad: el del patito feo que descubre mediante el esfuerzo y los valores éticos que en realidad es un cisne, y el del patito feo que descubre que siempre será un patito feo pero que aprende a aceptarse y quererse como tal a través de un proceso de maduración personal.

¡Rompe Ralph! decide no elegir por uno u otro. ¡Rompe Ralph! apuesta por dar dos ejemplos. Una entente cordiale entre el decepcionado villano del arcade, que desea dejar de ser el sempiterno malvado para hacer el bien, redimirse y ser amado, y el maltrecho error de programación que aspira a conseguir la copa de campeón mundial de las carreras que en su fuero interno siente que le pertenece.

           A pesar de esta apuesta doble, la película comienza con poca viveza. Más que contenido clasicismo disneyniano, se trata de una caída en la sencillez que aleja al filme de algunas de las últimas e irreverentes maravillas concebidas por Pixar, ahora parte del mismo entramado corporativo que la más longeva -aunque recauchutada- Disney Animation, responsable de la presente.

De inicio, el humor proviene entonces no tanto de la acidez o la agudeza del guion, sino de la imitación del lenguaje visual y la subversión de los códigos típicos de los videojuegos -el singular universo pixelado en el que se ambienta el filme, con una miríada de guiños a la nostalgia de los mayores de la sala, ratas de recreativo-. Es tan solo la mitad de lo que proponía y hacía experimentar un posible referente, la genial Toy Story, confirmación de que la fantasía soñada por todo niño es cierta: sus juguetes poseen vida propia. Una imagen que, dada la finitud de los mismos, no siempre fue feliz.

            La original y abrumadora imaginería del escenario, la solvente autonomía de la simpática trama secundaria y el carisma de algunos personajes como la encantadora e irritante Vanellope (la encantadora e irritante cómica Sarah Silverman en el doblaje original), van sosteniendo la función hasta que, por fin, ésta se llena de sentimiento mediante una maniobra arriesgada. ¡Rompe Ralph! potencia notablemente el aura de fatalismo de los personajes y, con ello, la amargura de ciertas escenas climáticas para más tarde contrarrestarlo con una conseguida y eficaz dosis de dulzura.

Y, de este modo, la cinta logra alcanzar una nada desdeñable emotividad y ternura que la elevan definitivamente sobre esa sospecha de película menor e incluso anodina que de manera peligrosa comenzaba a cernirse sobre ella.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

Los contrabandistas de Moonfleet

15 Jul

“El CinemaScope es perfecto para los funerales y las serpientes, pero no para los seres humanos.”

Fritz Lang

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Los contrabandistas de Moonfleet

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Los contrabandistas de Moonfleet

Año: 1955.

Director: Fritz Lang.

Reparto: Stuart Granger, Jon Witheley, George Sanders, Jean Greenwood, Viveca Lindfors, Melville Cooper.

Tráiler

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           En una escena de Los contrabandistas de Moonfleet, Jeremy Fox, carismático, implacable y elegante contrabandista, recibe el reproche de su amante, quien ve con preocupación y escepticismo su recién asumida tarea como tutor de un niño de menos de diez años. “Ya tienes una persona más a quien destruir”, espeta con dureza. Fox tuerce el gesto hacia ella con una mezcla de añeja ironía y estrenado orgullo paternal, al mismo tiempo que sentencia “hay más peligro de que sea él quien me destruya a mí”.

Por medio de esta rotunda y lúcida afirmación, Fox descubre uno de los elementos más atractivos de la novela juvenil de aventuras: la contaminadora y destructiva influencia de lo inocente en un mundo cimentado sobre el cinismo y la podredumbre.

Son relatos en los que pese a describir el viaje iniciático del niño, camino de su madurez, la mirada del espectador no puede apartarse del centro de gravedad y guía del mismo, objeto de fascinación compartida con el protagonista: ese villano que, por azares del destino, se encuentra metido a la fuerza en el papel de modelo de comportamiento y héroe improvisado. Un traje que no es el suyo, para el cual no está hecho y el cual, finalmente, lo más probable es que deje hecho jirones.

Quizás el escocés Alexander Mackendrick sea quien mejor haya sabido extraer el jugo al asunto, en especial en aquella magnífica, divertida y siniestra Viento en las velas. No obstante, la premisa fascina aún en aventuras contemporáneas, ya alejadas de parajes exóticos y sucesos legendarios, como Un mundo perfecto o León, el profesional.

           En la presente cinta, el cineasta germano Fritz Lang, aun inmerso en su etapa estadounidense, retornaba al cine de aventuras y a la fotografía en color –que por entonces solo había concedido al western-, para adaptar el libro homónimo de J. Meade Falkner, en el que un pequeño huérfano (John Witheley) comenzará su instrucción en las luces y sombras de la vida bajo el ala de un atípico preceptor, el bandido Jeremy Fox (Stuart Granger).

Para este atildado forajido, caracterizado por una ambigüedad moral que nunca abandonará, el primer signo de debilidad consiste en aceptar el encargo. Además de la deuda amorosa con la difunta madre del muchacho -idilio cercenado a dentelladas, sin cabida en este universo cruel como cualquier otro elemento positivo y acaso dolorosa espita que activa su carrera delictiva-, parece hallarse entre las causas un factor recurrente en este tipo de obras: el olvidado reflejo de sí mismo que el hombre corrompido escruta con melancolía y arrepentimiento en la cara del muchacho.

           Lang, que de puesta en escena, sobre todo por su labor pasada en el subyugante expresionismo alemán, inscribe la acción en el marco de una Nueva Inglaterra oscura y pavorosa, bañada de intensas sombras y tenebrosos cromatismos que refuerzan la fuerte inspiración fantástica y gótica de la ambientación, poblada por decrépitos cementerios transitados por fantasmas familiares y estatuas espeluznantes, ruinosos caserones destruidos por la miseria y la muerte y estentóreos ecos del pasado que resuenan en el presente y el futuro.

Dentro esa tétrica atmósfera, digna por momentos de un relato de terror, la trama no escatima a la hora de escupir una feroz agresividad, marcada por inopinados estallidos de violencia física y ética, merced a una galería de individuos retorcidos, de actitud y procedimiento patibulario ya sea a uno u otro lado de la ley.

           Un escenario en el que el espectador sigue hechizado, absorbido por el ritmo incesante, el atractivo de la picaresca, la capacidad de asombro de la aventura y la calidad de su aspecto humano y emocional, las andanzas contrapuestas pero avenidas de un encantador chaval y un cautivador malvado, unidos en su aprendizaje mutuo y sus planes de supervivencia a lo largo de ese despiadado valle de lágrimas que les ha tocado en suerte morar.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

El capital

13 Jul

Costa-Gavras contra el turbocapitalismo, originalmente en CINEARCHIVO.
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Sin tregua (End Of Watch)

12 Jul

La versión original, en CINEARCHIVO.

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