La diligencia

30 Jul

“Me llamo John Ford y hago películas del Oeste.”

John Ford

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La diligencia

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La diligencia

Año: 1939.

Director: John Ford.

Reparto: John Wayne, Claire Trevor, Andy Devine,  John Carradine, Thomas Mitchell, Louise Platt, George Bancroft, Donald Meek, Berton Churchill, Tim Holt, Tom Tyler.

Filme

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            En 1939, año de oro para el cine en general, el western, territorio por definición del séptimo arte, se hacía mayor de edad. Quién si no John Ford, tótem absoluto del género, sería el responsable de iniciarle definitivamente en su etapa adulta.

            La diligencia se erige entonces como hito fundamental en la travesía del cine del Oeste, ciclópeo punto de referencia a partir del cual deja de considerarse una simple atracción de feria, una recreación para el divertimento de un público poco exigente, y comienza a configurarse como un espacio universal en el que dirimir las luces y sombras del ser humano, un horizonte mítico donde exponer y diseccionar los grandes dilemas de la humanidad.

Puro arte, tragedia, filosofía.

            El espectáculo, no obstante, seguía ahí. A lo largo de su metraje, La diligencia mantiene como generador de tensión la amenaza invisible del apache sobre ese carruaje que sirve prácticamente de único escenario. Sin embargo, la verdadera fuerza del filme reside precisamente en el interior del modesto vehículo, donde un memorable conjunto de personajes, dibujados con minuciosidad de genio e interpretados por un reparto mayúsculo, descerrajan sentencias que hacen temblar los cimientos y las convenciones mismas del western, del cine y de la sociedad del momento.

            En este universo revolucionado y convulso que presenta Ford, nos encontramos con que el héroe es un forajido con sed de venganza, la heroína y modelo de virtud es una prostituta expulsada a la fuerza de la ciudad por una turbamulta de inmaculada devoción cristiana, mientras que el filósofo conocedor del alma humana no escruta la realidad por medio de libros y discusiones eruditas, sino a través del cristalino culo de una botella de whiskey a medio vaciar.

Por el contrario, ocupando el asiento de enfrente, los guardianes de la decencia no son más civilizados que el indio salvaje, los impolutos caballeros sureños son torturados rufianes que disparan por la espalda –sorprendente traición de Ford a su tópica Arcadia sureña, tantas veces añorada-, el sheriff navega por un proceloso mar de dudas y los banqueros airados exigen orden público y claman por la libertad de mercado para robar jornales ajenos a manos llenas –contundente avance de la crítica social que el cineasta hibernoestadounidense exprimirá aún con mayor compromiso y virulencia en Las uvas de la ira-.

            La inquietud provocada por el peligroso escenario que atraviesa la diligencia –el sobrecogedor y espectral Monument Valley que acabaría siendo coto privado del director-, la tormentosa y abisal vertiente intimista del relato y ese suspense sostenido que promete un clímax de violencia, romance y redención quedan uncidos por la mano de hierro y el guante de seda de Ford, maestro indiscutible en el arte de la narración.

Abrumadora complejidad expuesta con la máxima sencillez. Una mezcla de acción contenida y desatada confluyente en un crescendo de intensidad progresiva, un cúmulo imponente e inigualable de corrosivo azufre esparcido a puñetazos, delicado lirismo desbordado de sentimiento y combativos e incorruptibles ideales humanos.

            La diligencia, en definitiva, es una colosal piedra angular. Un clásico imperecedero.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 9,5.

16 comentarios to “La diligencia”

  1. Dessjuest 30 julio, 2013 a 18:08 #

    REcuerdo qeu vi esta peli de chaval, no me gustó nada, luego, con el paso de los años, fui leyendo tanta buena crítica que me obligué a volverla a ver, y ciertamente me pareció un peliculón.

    Genial la crítica, que además refleja bien que la calidad, la profundidad, la crítica y el entretenimiento no están reñidas, que se puede hacer una gran película, con mensaje, con gusto, y que además no sea un peñazo, impecable en el ritmo, fue el primer gran western, luego se han hecho miles, no sé, pocos han superado al genuino.

    • elcriticoabulico 30 julio, 2013 a 23:03 #

      Las cosas que se hacen con cariño y talento tienden a perdurar mucho tiempo. Un estudio de personajes, un análisis social y un espectáculo como el de esta película tiene cabida en la sensibilidad de cualquier época.

  2. ALTAICAaltaica 30 julio, 2013 a 21:17 #

    ¡Menuda crítica! Te ha quedado sencillamente extraordinaria pues haces un análisis creo que certero y pasional. Nada sobra y nada falta, dejando la radiografía perfecta. Enhorabuena. Me la he leído dos veces. Y ya sé que los elogios no te gustan en demasía, pero sería injusto pasar por esta crónica y no utilizarlos.

    Y como sabiamente dice Dessjuest, el entretenimiento y la acción vertiginosa no están reñidos con todo ese sustrato que destripa Abúlico, prueba evidente de que desde la sencillez del postulado a veces se llega mucho más hondo que desde las sesudas elucubraciones y plúmbeas disquisiciones.

    Uno de los micro mundos mejor filmados de la historia del cine, demostrando que en dos metros cuadrados cabe el universo humano. Un abrazo a los dos.

    • elcriticoabulico 30 julio, 2013 a 23:08 #

      Hombre Altaica, pues muchas gracias, que a nadie le amarga un dulce.
      Cuidado los vituperios que ha tenido que soportar Ford a lo largo de su carrera (que si facha, que si simplón, que si rancio) y lo fácil que es desmontarlos todos directamente con el visionado de una joya como ésta. Un tipo que saca dos o tres obras maestras y un buen puñado de películas más que recomendables de cada una de las cinco décadas en las que estuvo activo como director solo puede calificársele de genio con mayúsculas.
      Un abrazo.

  3. Triste Sina 31 julio, 2013 a 11:33 #

    Absolutamente de acuerdo. La diligencia microcosmos/huis clos, metáfora de algo mucho más grande. Pero es que Ford era una maestro y la Diligencia, como todas las grandes obras, tiene diferentes niveles de lectura. Seguro que si hubiese sido promocionada en su momento como lo que, en las intenciones de Ford fue desde el principio, ese público poco exigente en busca del do di petto no se hubiera acercado ni de broma a la taquilla.
    Estupenda crítica Abúlico, siempre un placer pasarse por aquí.

    • elcriticoabulico 31 julio, 2013 a 14:01 #

      Gracias hombre, pasa eso estamos. A lo mejor si hubieran ido, lo que le hace tan especial a Ford es que es tan profundo como asequible. Un mérito pocas veces igualado.

  4. antoniomartingarcia 31 julio, 2013 a 16:20 #

    Película mítica, verdadera génesis del género americano por excelencia y de una manera muy particular e intransferible de hacer cine. Pocos, muy pocos cineastas, han conseguido tratar con tanta hondura, sensibilidad y perspicacia temas como la familia, la amistad o la muerte, ni enaltecer de manera tan poética la vertiente lúdica de la afición a la bebida o a las peleas a puñetazos. Un auténtico genio…
    Enhorabuena por tu estupenda crítica

    • elcriticoabulico 31 julio, 2013 a 20:50 #

      ¡Muchas gracias! La verdad es que la obra de Ford es una de las más completas, complejas y redondas de la historia. Obviamente tiene altibajos y alguna de sus películas no ha aguantado bien el paso del tiempo, pero quedan en ella una sorprendente cantidad de joyas de un resplandor inmarcesible. Un tipo admirable, nunca se cansa uno de volver a él y seguir explorando su cine.

  5. Sergio 2 agosto, 2013 a 17:38 #

    “La diligencia” es una versión western del relato “Bola de sebo” de Guy de Maupassant, muy curioso leerlo y ver que efectivamente siguen el mismo esquema.

    • elcriticoabulico 2 agosto, 2013 a 17:53 #

      Pues ahora que lo mencionas sí recuerdo haberlo leído por ahí, pero no tenía localizado el título del relato. Habrá que buscarlo, sin duda.

  6. plared 3 agosto, 2013 a 03:03 #

    corrosivo azufre esparcido a puñetazos, delicado lirismo desbordado de sentimiento y combativos e incorruptibles ideales humanos….En fin que decir, mas que sencillamente un película genial, inmortal a la que nuevamente le haces justicia. Cuidate

    • elcriticoabulico 4 agosto, 2013 a 19:01 #

      La entrada que le dedicaste en tu blog tampoco estaba nada mal. Lo cierto es que se trata de una película de lo más inspiradora.

  7. Deckard 12 septiembre, 2019 a 11:16 #

    Saludos:

    Antes que nada habría que decir que la cita con la que encabezas tu entrada: “Hola. Me llamo John Ford, hago películas del Oeste” habría que contextualizarla un poco.

    A simple vista, parece una declaración de humildad del genio americano, pero si se ve en el contexto en el que fue enunciada la verdad es que es de naturaleza un poco distinta. Esa frase la pronunció Ford en la mítica reunión que mantuvieron los directores sindicados en el Director´s Guild of America, (el sindicato de los directores de Hollywood),para posicionarse o no a favor de la lamentable Caza de Brujas que puso en marcha el nocivo senador Mc Carthy con motivo de la entonces obsesiva “caza del Rojo ” durante la Guerra Fría en la década de los 50: Este episodio de la reunión está reproducido puntillosamente en la magnífica autobiografía de Elia Kazan (curioso que sea él, el Traidor, quien lo haga) titulada “Mi Vida” Pero no es Kazan quien lo narra sino que está contado en labios de Joseph Leo Mankiewicz en una visita que Kazan le hizo, porque Mankiewicz y él mantenían una buena relación personal.

    Este pequeño capítulo de la Historia del Cine apasiona mucho a los seguidores del Hollywood liberal, porque muchos de sus directores legendarios demostraron estar a la altura de la leyenda que se había forjado sobre ellos. Sirvió también para defenestrar definitivamente entre la crítica más “enterada” a Cecil B. De MIlle que desde entonces (quizás un tanto injustamente) pasó a convertirse en ejemplo prototípico de realizador plutócrata, acartonado y con intereses meramente comerciales (no en vano, fue uno de los fundadores de la Paramount: un capitalista de manual…..)

    Los hechos se desarrollaron más o menos así. El presidente del sindicato era el propio Cecil B. De MIlle. Como era el director con más intereses comerciales y mayor cantidad de contactos políticos, estaba muy interesado en no irritar demasiado ni a Washington ni a Mac Carthy, así que estaba bastante por la labor de facilitar la labor de delación para la elaboración de las listas negras de gente del cine que supuestamente hubiera sido afín al Partido Comunista. De Mille tomó en primer lugar la palabra e hizo su exposición ventajista de los hechos . El ambiente en principio era frío, pero poco a poco se fue caldeando. No recuerdo exactamente (quien esté interesado que lo mire en el libro de Kazan) el orden de intervención de los míticos directores en todo este “sarao” pero algunas de las réplicas pasaron a los anales de la HIstoria del Cine. Por ejemplo, en un momento dado, ante la exhibición de falso americanismo proyanqui de De Mille, Fritz Lang se levantó y dijo con cierta ironía. “Perdona, Cecil, pero estoy bastante asustado. Como sabrás yo soy extranjero y lo pasé muy mal en mi país.Temo que algunos me juzguen mal por mi mal acento….” Y luego irrumpió un encorajinado George Stevens de manera absolutamente genial diciendo. “Oye, Cecil. No sé si te he escuchado bien todas esas barrabasadas que has dicho. ¿Sabes? Tengo mal el oído desde que me entró un poco de metralla en la batalla de Bastogne. Por cierto ¿donde estabas tú entonces?” Y ya, en el cénit, en el paroxismo del pitorreo generalizado ante la actitud inquisitorial del director del sindicato, irrumpió John Ford. Cuando los demás vieron que iba a hablar se quedaron paralizados. Ford era legendario no solo por sus películas, sino por ser un hombre de pocas palabras y medidísimas declaraciones en público. Todos tenían la impresion de que si un hombre como él iba a hablar era porque iba a hacer temblar el Misterio y a poner los puntos sobre las íés, Y eso fue lo que sucedió. Porque dijo: “Hola. Me llamo John Ford. Hago películas del Oeste. No me gustas tú, Cecil. Y tampoco me gusta lo que estás tratando de hacer en esta reunión.”

    Es importante dejar claro lo que pasó, Porque esa frase de Ford que se utiliza mucho como carta de presentación que él hacía de si mismo, se suele sesgar y suele suprimirse la segunda parte de la misma (no solo tú, Victor, que no te estoy criticando), que es la que la contextualiza. Porque, efectivamente, eso no era una declaración de humildad. Más bien al contrario. Era casi una demostración de orgullo (ganado a pulso, claro está). Porque en esas palabras había una intención irónica. Ford dijo eso como diciendo: “Mira, Cecil. Yo no hago películas históricas, ni religiosas, ni megaproducciones de época de presupuesto multimillonario.Jamás he albergado ambiciones políticas. Ni siquiera he pretendido ser el presidente del Sindicato de Directores. Yo solo hago sencillas películas del Oeste en las que un hombre de blanco y uno de negro al final acaban sacando las pistolas para ver quien sigue vivo. No pretendo cambiar el mundo. Soy un simple mortal. Sin embargo, he de decirte que no me gusta nada lo que estás haciendo aquí.” Es decir, que su intención era más sarcástica y mordaz. Porque está claro que sus palabras fueron decisivas para envalentonar a los demás directores en contra de De Mille. Porque Ford no solo era el más respetado y admirado de entre todos ellos, sino que, además, probablemente sería el realizador que más tiempo llevaba dentro de la industria. No es que el cine lo creara él, pero desde luego sí que fue el primero que realmente supo sacar verdadero partido de casi todas sus maravillosas posibilidades estéticas y narrativas.

    No recuerdo del todo bien lo que ocurrió entonces, Me parece que hubo una votación a mano alzada (manda huevos, eso sí que creo que fue así, como para que quedara constancia visual de quien estaba a favor y quien no estaba a favor de las listas negras, quizás para incluirlos a su vez en otra lista negra, a los que estaban en contra, digo, por supuesto), y que los directores decidieron no apoyar las intenciones de Mc Carthy (para mayor rigor histórico mejor consulten los manuales de cine y de Historia, pero creo que fue así). Lo de la mano alzada creo que es correcto, porque recuerdo que en la autobiografía de John Huston (“A libro abierto” lectura altamente recomendable) contaba como, pese a toda esta agobiante presión política, un director al que no le gustaba posicionarse demasiado políticamente como Billy Wilder, levantó tímidamente la mano en contra del mccarthysmo, algo que Huston consideró como un acto de valentía.

    Y en cuanto a “La Dilgencia” habría mucho que hablar. Negar su condición de Obra Maestra sería una estupidez. Objetivamente, es una película modélica en muchos aspectos Sin embargo, en mi opinión, no es la mejor película de John Ford. Hay en ella algo de demasiado frío, de demasiado cerebral. Como bien ha dicho algún lector del blog,estaba basada en un relato literario de Guy de Maupassant titulado “Bola de Sebo” de Maupassant. Y quizás precisamente por eso, el acertado guión de Dudley Nichols adolece un tanto de una definición de caracteres quizás excesivamente literaria. Bien es cierto que los arquetipos de “La Diligencia” no estaban del todo gastados, pero de alguna manera tampoco eran estrictamente novedosos, Quizás en el cine sí, pero no en la literatura. Es decir, todo quizás respondía a un esquema coral demasiado etiquetado en el que cada uno tenía que jugar su papel de manera estrictamente minutada. Es decir, el forajido obligado a convertirse en héroe, la puta de buen corazón más honrada que las damas de alta alcurnia, la burguesa semiaristócrata estirada pero que al final acaba entrando en complicidad muy humana con la prostituta, el jugador sureño con chaleco floreado que en el fondo esconde a un caballero intachable decimonónico, el médico borrachín que tiene que vencer su adicción enfermiza para atender adecuadamente a la mujer embarazada dispuesta a dar a luz, el viajante tímido de personalidad poco agraciada pero al que una muerte heroica acaba redimiendo……SIn duda, el retrato y diseño de personajes es excelente, pero quizás también demasiado medido al milímetro. No son arquetipos carentes de originalidad, pero en el fondo si que raramente escapan a esa cierta naturaleza arquetípica.

    No obstante, “La Diligencia” es una película magistral, de cuyos aciertos de todo tipo se podría escribir una enciclopedia. Se dice que Orson Welles la vio más de treinta veces para estudiarla milimétricamente antes de realizar “Ciudadano Kane:” (eran otros tiempos: no había escuelas de cine, ni cámaras de video para ensayar los ángulos, ni sesudos manuales de narración audiovisual, ni siquiera reproductores de cintas de vídeo para visionarla desde casa sin necesitar de molestar a los dueños de una sala ni de tener en vilo a un proyeccionista…..). Pero he de decir que, al menos en mi caso, tiene la belleza un tanto fría de una estatura de mármol, de indudable belleza y mérito artístico pero un tanto distante…..Algo que no le resta ni medio mérito, pero que creo que alguien debía de apuntarlo porque a lo mejor esta opinión mía ratifica un punto de vista a lo mejor más extendido de lo que se piensa.

    Un abrazo.

    • elcriticoabulico 12 septiembre, 2019 a 16:30 #

      Lo que esconde tras de sí la frase es un historión como la copa de un pino, ya quisiera cualquier película tener esa atmósfera y esa constelación de estrellas. Muchas gracias, Deckard, por relatarla tan bien.
      Por cierto, cuando he encontrado a Ford más acartonado, quizás no sea tanto por la frialdad, sino casi por todo lo contrario: por un ‘exceso’ de cariño hacia sus personajes y por exaltar formalmente el mundo que habitan. Con La diligencia la verdad es que no me ocurre, pero comprendo perfectamente tus argumentos, que me parecen muy razonables.
      Un abrazo.

  8. Deckard 12 septiembre, 2019 a 20:25 #

    Una cosa, Victor. A mi “La Diligencia” es una película que me gusta mucho. Lo que ocurre es que no suelo volver a ella porque quizás es un poco como un mecanismo de relojería demasiado perfecto. Como esos relojes a los que se les ve perfectamente cada pieza y su perfecto engranaje. Podemos apreciar, valorar y admirar el minucioso y talentoso trabajo que hay detrás, pero a mi juicio esa perfección le resta un poco de misterio a la propuesta. Sabes un poco lo que quiero decir ¿no? Y los actores de “La Diligencia” son todos maravillosos (John Wayne, Claire Trevor, John Carradine, Thomas Mitchell,….casi nada al aparato….) pero el hecho de que formen parte de un reparto tan coral le resta un poco de profundidad a la apuesta ¿no crees? Su final es trágico pero un tanto funcional en el sentido de que al tratar con caracteres un tanto arquetípicos quizás (en mi opinión) no nos tocan la fibra todo lo que debieran…..Porque en “La Diligencia” predomina más el aspecto lúdico, de película de viajes que el propiamente dramático. Hoy en día, si se hiciera una serie de televisión con esa historia se podría hacer un “spin off” con cada uno de los personajes. O mejor todavía, una serie sobre la misma historia pero de más calado contándonos las backstories que hay detrás de cada uno de los viajantes. Pero eso de que haya cierta superficialidad en las películas corales es lógico porque el tiempo de un largometraje es muy limitado y por eso las obras corales se suelen ajustar más a un patrón de comedia o de sátira al estilo de Berlanga o de Robert Altman (salvando las distancias) en la que los personajes cómicos dan mucho la sensación de “pasar por ahí” de manera un tanto episódica soltar su bombazo y luego salir corriendo.

    Y en cuanto a lo de la mítica intervención de John Ford en la reunión del Sindicato de Directores contra la Caza de Brujas (gracias por tus amables palabras, amigo) he de decir que, efectivamente, es uno de esos raros casos en los que el heroísmo de la realidad supera ampliamente al de la ficción. Porque para ver el trasfondo de lo que sucedió allí hay que meterse un poco en lo que eran aquellos tiempos de Mc Carthy. Y para eso hay que conocer un poco lo que era el Hollywood clásico (como tú o o como yo o como alguno de los lectores de tu blog). Porque algo tan grande no se puede contar en una película de dos horas. El público generalista no haría más que preguntar “¿Y quien es John Ford? ¿Y Fritz Lang? ¿Era alemán? ¿Y qué hacía en Hollywood? “ Me explico ¿no? Habría demasiadas cosas que contar en escasísimo tiempo.

    Y la realidad fue muchísimo más heroica de lo que te había contado al principio.
    Porque, efectivamente, el comportamiento de Cecil B. De Mille en ese momento histórico, fue mezquino, lamentable, incomprensible. Nadie duda de que “Los diez mandamientos” sea una obra maestra, pero hay momentos en la vida en los que hay que estar a la altura, y en aquella ocasión él sin duda no lo estuvo. Algunos de los otros sí ,Y por ello tienen crédito eterno.

    Porque lo gracioso del asunto era que De Mille ni siquiera era el presidente del Sindicato de Directores. El presidente, nominalmente era Joseph Leo Mankiewicz. Elia Kazan, en su biografía cuenta que es un misterio que un hombre tan sarcástico y apolítico como Mankiewicz ocupara ese puesto, pero el hecho es que, afortunadamente para todos en ese momento desempeñó un papel decisivo. Porque De Mille no presidía el sindicato pero pertenecía a la Junta Directiva y era el que la manejaba a su antojo. Y su intención era miserable, despreciable, odiosa. Pretendía que todos los directores asociados firmaran un Manifiesto de Lealtad Patriótica en una votación con papeleta nominal (no era mano alzada pero casi lo mismo), para dejar muy claro que ningún director sindicado en Estados Unidos pudiera ser dudoso de tener ideas comunistas, liberales o antiamericanas diferentes a las del senador Mc Carthy. Y no solo eso, sino que pretendía mandar un listado a todos los productores de Hollywood de todos los que se habían adherido o no adherido a él. ¿Qué significaba eso en la práctica? Que todos los que no hubieran aprobado ese Manifiesto o quedaran autoexcluidos pasarían a formar parte de una LISTA NEGRA (con mayúsculas, y habría que ponerlo en negrita para dejarlo claro), de tal manera que quien no hubiera firmado esa adhesión pasaba directamente a ser un apestado o alguien que, desde luego, jamás iba a poder dirigir una película dentro del sistema.

    Cuando Mankiewicz conoció las intenciones de De Mille pasó a la acción. El no tenía potestad para impedir semejante tropelía, pero sí que tenía la atribución de convocar a la Asamblea para discutir la pertinencia o no de tan cainita medida. Porque el cobarde de De Mille, cuando trascendieron sus verdaderas intenciones quiso evitar que la Asamblea se celebrara. ¿Por qué? Porque cuando a la gente le das voz y voto (sobre todo cuando le das VOZ) en presencia de los demás, los resultados pueden ser imprevisibles, como afortunadamente finalmente sucedió. Y lo que pretendió de manera artera De Mille es hacer firmar aisladamente ese Manifiesto a todos los directores , por separado, sin discutirlo en asamblea. Si lo hubiera conseguido la historia del cine americano hubiera cambiado notablemente, porque las personas, aisladamente somos mucho más cobardes y tendemos a la ceguera de ser más fácilmente amedrentables y a mirar lógicamente por nuestros intereses particulares. Pero para eso había un problema. El problema se llamaba Mankiewicz que, habiendo tomado conciencia de la situación, la iba a convocar para debatirlo entre todos los profesionales. De MIlle, ni corto ni perezoso, entonces retomó la iniciativa y quiso descabezar a Mankiewicz de la presidencia. Pretendió sustituirle por el también ultraconservador director John Farrow (padre de Mía) a quien él consideraba más afín a sus trapicheos e ideas trasnochadas de falso americanismo. Pero Farrow en un arranque de dignidad y entereza que le honra, se negó a participar de aquella mascarada y además le hizo sabedor de la misma a Herman Mankiewicz (hermano de Joseph y coguionista también de “Ciudadano Kane”). Herman llamó a Joseph y le dijo: “Joe. Estos te quieren cortar las pelotas” Y Joseph Mankiewicz al final llegó a tiempo y consiguió su propósito de convocar la reunión.

    No obstante, todavía había que salvar el escollo y esquivar la firma de semejante engendro de Manifiesto criptofascista. Y las palabras de John Ford fueron decisivas, porque lo que había allí en juego era muchísimo más que una mera votación coyuntural. No es que los directores asociados se estuvieran “jugando el bigote” (nunca he entendido que esa expresión hiciera tanta fortuna, “jugarse el bigote” es como no jugarse nada, porque a los tres días ahí está, otra vez tan pimpante). Lo que se estaba dilucidando era el futuro profesional y personal de muchos o de la mayoría de ellos., de sus respectivas familias, y de una sociedad escandalizada que no entendía la naturaleza de esos oscuros y turbios manejos.

    Hay que tener en cuenta que el Hollywood de la época estaba nutrido de abundante talento extranjero. De Mille, con su asquerosa iniciativa, a muchos de los directores foráneos creía tenerles entre la espada y la pared porque al tener ellos sus raíces fuera, parecía fácil conseguir de ellos la firma de un Manifiesto de Americanismo como para reforzar su supuesto “pecado original” de no haber nacido en el Nuevo Mundo. Parecían “carne de cañón”

    Y por eso fue tan importante que directores tan netamente americanos como John Ford o George Stevens tomaran la palabra y le afearan la conducta a Cecil B. De Mille. Porque como se dice popularmente “no hay peor cuña que la de la propia madera.” Y como acertadamente dice Elia Kazan en su autobiografía al respecto de este acontecimiento, lo que se estaba dirimiendo en esa tesitura histórica tanto de la profesión como de su propio país, no era el tener unas ideas más o menos conservadoras o liberales, o tener unas ideas más afines al comunismo que al capitalismo. Lo que había que proteger y salvaguardar era el sistema y las leyes de convivencia esenciales que habían hecho grande a Estados Unidos. Para ellos, como para muchos de sus héroes, lo esencial era que triunfaran la justicia y la decencia. Esa misma convivencia que hoy personajes como Donald Trump o George Bush hijo se han empeñado en destrozar día a día desde que conocimos de su existencia. Y eso Ford, Stevens, y Farrow, (y algún otro que también participó como Delmer Daves) pese a su mentalidad ultraconservadora lo tenían muy claro
    .
    Porque muchos de los que tomaron la palabra ese día de manera tan valiente eran extranjeros. William Wyler (era francoalemán, alsaciano, de Mulhousse), Rouben Mamoulian (ruso georgiano, de Tiblisi) y Fritz Lang (alemán). Casi todos ellos eran ya casi americanos asimilados, pero si hubieran sido incluidos en una Lista Negra hubieran tenido muchas dificultades para volver a trabajar en una actividad que estuviera al nivel de su indudable talento Y para las mentalidades xenófobas hubiera sido muy sencillo tacharles de “antiamericanos” o de “extranjeros insolidarios” por no mostrar claramente su odio al comunismo ruso. Para ellos lo más fácil para salvar su “americanismo” hubiera sido firmar el Manifiesto de Patriotismo y olvidarse de problemas con los productores y así salvar su cara ante la opinión pública..Pero aquel día ellos se sintieron arropados por sus compañeros más autóctonos y salvaron el honor de la industria americana del Cine, y quien sabe si la dignidad de todo un país, acuciado por uno de los episodios más negros de la reciente Historia de los Estados Unidos.

    Perdona que me haya alargado, Victor, pero creo que era importante narrar y puntualizar bien los detalles de toda esta historia.

    Un abrazo a todos/as.

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