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La diligencia

30 Jul

“Me llamo John Ford y hago películas del Oeste.”

John Ford

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La diligencia

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La diligencia

Año: 1939.

Director: John Ford.

Reparto: John Wayne, Claire Trevor, Andy Devine,  John Carradine, Thomas Mitchell, Louise Platt, George Bancroft, Donald Meek, Berton Churchill, Tim Holt, Tom Tyler.

Filme

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            En 1939, año de oro para el cine en general, el western, territorio por definición del séptimo arte, se hacía mayor de edad. Quién si no John Ford, tótem absoluto del género, sería el responsable de iniciarle definitivamente en su etapa adulta.

            La diligencia se erige entonces como hito fundamental en la travesía del cine del Oeste, ciclópeo punto de referencia a partir del cual deja de considerarse una simple atracción de feria, una recreación para el divertimento de un público poco exigente, y comienza a configurarse como un espacio universal en el que dirimir las luces y sombras del ser humano, un horizonte mítico donde exponer y diseccionar los grandes dilemas de la humanidad.

Puro arte, tragedia, filosofía.

            El espectáculo, no obstante, seguía ahí. A lo largo de su metraje, La diligencia mantiene como generador de tensión la amenaza invisible del apache sobre ese carruaje que sirve prácticamente de único escenario. Sin embargo, la verdadera fuerza del filme reside precisamente en el interior del modesto vehículo, donde un memorable conjunto de personajes, dibujados con minuciosidad de genio e interpretados por un reparto mayúsculo, descerrajan sentencias que hacen temblar los cimientos y las convenciones mismas del western, del cine y de la sociedad del momento.

            En este universo revolucionado y convulso que presenta Ford, nos encontramos con que el héroe es un forajido con sed de venganza, la heroína y modelo de virtud es una prostituta expulsada a la fuerza de la ciudad por una turbamulta de inmaculada devoción cristiana, mientras que el filósofo conocedor del alma humana no escruta la realidad por medio de libros y discusiones eruditas, sino a través del cristalino culo de una botella de whiskey a medio vaciar.

Por el contrario, ocupando el asiento de enfrente, los guardianes de la decencia no son más civilizados que el indio salvaje, los impolutos caballeros sureños son torturados rufianes que disparan por la espalda –sorprendente traición de Ford a su tópica Arcadia sureña, tantas veces añorada-, el sheriff navega por un proceloso mar de dudas y los banqueros airados exigen orden público y claman por la libertad de mercado para robar jornales ajenos a manos llenas –contundente avance de la crítica social que el cineasta hibernoestadounidense exprimirá aún con mayor compromiso y virulencia en Las uvas de la ira-.

            La inquietud provocada por el peligroso escenario que atraviesa la diligencia –el sobrecogedor y espectral Monument Valley que acabaría siendo coto privado del director-, la tormentosa y abisal vertiente intimista del relato y ese suspense sostenido que promete un clímax de violencia, romance y redención quedan uncidos por la mano de hierro y el guante de seda de Ford, maestro indiscutible en el arte de la narración.

Abrumadora complejidad expuesta con la máxima sencillez. Una mezcla de acción contenida y desatada confluyente en un crescendo de intensidad progresiva, un cúmulo imponente e inigualable de corrosivo azufre esparcido a puñetazos, delicado lirismo desbordado de sentimiento y combativos e incorruptibles ideales humanos.

            La diligencia, en definitiva, es una colosal piedra angular. Un clásico imperecedero.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 9,5.

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