Yo confieso

28 Jul

“Si Jesús volviera hoy a la Tierra, echaría las potas.”

Jesse Ventura

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Yo confieso

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Yo confieso

Año: 1952.

Director: Alfred Hitchcock.

Reparto: Montgomery Clift, Anne Baxter, Karl Malden, Brian Aherne, Roger Dann, O.E. Hasse, Dolly Haas.

Tráiler

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           Aunque el elemento religioso católico había conformado un elemento -no demasiado trascendente- en anteriores obras de Alfred Hitchcock, en Yo confieso alcanzan su grado máximo de exposición dado que será la mirada de un clérigo desde la cual el espectador se acerque una vez más al hecho criminal -auténtico centro de gravedad de la cinematografía del cineasta inglés-, bajo la modalidad del falso culpable, también frecuente en su trayectoria.

           Después de adquirir en la década anterior los derechos de la obra teatral Nos deux consciences, firmada por el dramaturgo franco-canadiense Paul Anthelme, Hitchcock pudo finalmente llevarla a la pantalla tras acordar con la Warner Brothers, reticente al proyecto, el rodaje de otra película posterior a modo de compensación: la futura Falso culpable.

Trasladando la acción a Quebec, el único territorio de Norteamérica en el que los religiosos aún vestían sotana –hecho decisivo en la trama-, Yo confieso recorre el calvario de un sacerdote (Montgomery Clift) atrapado entre el secreto de confesión del asesino y la persecución policial y social sufrida como principal acusado del homicidio.

           El filme comienza con un espectacular ejercicio de ambientación, favorecido por el rotundo blanco y negro de la fotografía de Robert Burks; un escenario lóbrego destinado a dar cabida a una turbulenta marejada de secretos y pecados, atrapados sin remedio entre barreras de todo tipo.

Expuesto a la luz por la amenaza terrible, injusta y cierta de la condena, el argumento propone el violento choque entre los deberes sentimentales y cívicos de los protagonistas y los diferentes códigos que coartan y oprimen su actuación, como la estricta regulación católica que sepulta la vía de escape del cura o las imposiciones sociales que cercenan la intervención salvífica de la amante de juventud del protagonista (Anne Baxter), una mujer atrapada en un matrimonio postizo pero irrompible e inviolable.

           Tamaño material de derribo no explota con la intensidad que debiera. El via crucis del padre Logan parece más un martirio autoinfligido en un deseo inconcreto, sobreactuado y casi obsesivo de expiar viejos pecados de guerra o de amor. El asunto es que, ante la rígida interpretación de Clift –actor de método y vida tumultuosa, cosas que disgustaban especialmente a Hitchcock-, su relación con Baxter -sustituta de la sueca Anita Björk, sin el beneplácito del director-, resulta gélida cuando debía convertirse en ardiente, justificando su considerable peso en la historia.

            Como consecuencia, las dos vertientes del relato quedan desangeladas, sobre todo en lo que respecta al análisis introspectivo del protagonista; algo que el realizador británico parece de tratar de rectificar mediante el empleo de simbolismos visuales que en ocasiones acaban por resultar un tanto obvios y empachosos, como aquella caminata de Clift, en la cima de su tormento, bajo una estatua de Cristo cargando con la cruz.

Curiosamente, ese mismo interior abrumado por la duda, la culpa y el deseo de redención sí consigue en cambio plasmarse con conmovedora fuerza en el caso de la esposa del asesino, impulsada por la excelente interpretación de Dolly Haas, importante actriz de la industria cinematográfica alemana previa a la Segunda Guerra Mundial. 

            Aunque en su día cargó con la etiqueta de ser un “Hitchcock menor”, sería revalorizada años más tarde por la crítica francesa de la Nouvelle Vague.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 6,5.

6 comentarios to “Yo confieso”

  1. ALTAICAaltaica 28 julio, 2013 a 20:33 #

    No hay obra del británico menor, pero sí lejos de las maravillas que son moneda corriente en el bajito y orondo cineasta. Coincido contigo plenamente en el análisis de esta película carente de la maestría y fuerza propias de su genio creador.

    Me gustaría comentar algo en lo que casi nadie me da la razón y es en el increíble prestigio que tiene el protagonista como actor, cuando a mi personalmente siempre me ha parecido un intérprete amanerado como pocos, excesivo en sus introspecciones y de adoptar posturas faciales y físicas que lo acercan al enfermo mental o alienígena extraño. Jamás me creo sus trabajos y siempre me resulta cargante.

    Cambiando de tema y pese a no ser aún Navidad, me gustaría pedir que un día hicieras una crítica sobre “Éxito a cualquier precio”, pues es una película que está olvidada en exceso y me parece que debería de estar en trono real. Un abrazo y buenas vacaciones si las tienes.

    • elcriticoabulico 28 julio, 2013 a 23:28 #

      ¿Eso del amaneramiento de Monty va con segundas? Como Hitchcock, tiendo a apreciar las actuaciones muy contenidas (que no inexpresivas), relajadas y naturales, y no soy ningún fan del método (que por entonces comenzaba a cultivar grandes adeptos y a crear grandes estrellas en Hollywood como Brando, Dean, Newman,…), con sus composiciones siempre tan torturadas, con tanto tic manierista e innecesario y tanta intensidad rayana en la simple pose (aunque también consiga dar, con la debida madurez del actor, interpretaciones realmente logradas). Sin embargo, he de decir que Clift me parece un actor apreciable, irregular en ocasiones pero con papeles brillantes. A botepronto me viene a la cabeza su breve pero impactante intervención en Vencedores o vencidos y su conmovedor trabajo en Vidas rebeldes, donde todo el reparto, implicado a tumba abierta con sus personajes, entremezclados en muchos aspectos con sus propias vidas, estaba magnífico.
      Sobre Éxito a cualquier precio, me parece una película de visionado más que pertinente vista la situación social y moral de la actualidad, impulsada o corrompida desde una serie de valores importados por un sistema económico y un ideal de éxito bastante cuestionable. Precisamente hacía mención a ello en la crítica de Arcadia. La recuerdo como una película hiriente, desoladora, escrita con legítima furia (Mamet tiene su arte desde luego, aunque ahora sus ideas políticas vayan por otro lado) y con un Jack Lemmon que deja con la boca abierta (una vez más).

  2. antoniomartingarcia 29 julio, 2013 a 00:02 #

    Todavía recuerdo cómo ve impresionó esta película cuando la ví por primera vez. Era entonces (finales de los setenta) un niño escolapio de aquellos a los que nos hacían pasar por el confesionario cada semana. Quizás por ello conseguí inmiscuirme en el dilema interior que fustiga al sacerdote interpretado por Clift… Por cierto, yo tampoco puedo considerarme un gran admirador de las condiciones interpretativas de este actor. De todos modos, no sabemos que hubiera sido de aquel prometedor galán de “Un lugar en el sol” si no hubiera sufrido aquel accidente automovilístico que lo arrastró hacia la autodestrucción física y psíquica.

    • elcriticoabulico 29 julio, 2013 a 11:46 #

      Yo es que fui a escuela pública y todo lo religioso me queda un poco ajeno en general. Quizás si Alfred y Monty hubieran puesto más de su parte… pero no.

  3. plared 3 agosto, 2013 a 02:55 #

    A mi si me gusto esta película. Carente quizás de la fuerza actual que da la ausencia de puritanismo. Pero para la época en la que se rodó realmente interesante. Sin olvidar eso si su final ejemplarizante y en cierta manera creo que impuesto.

    Una película que plantea un dilema moral de manera bastante coherente.y realmente bien llevada. Donde si me creo a su protagonista y la historia que me cuentan

    . Por cierto a mi sus excesos si me gustan y si alguien duda de su capacidad como actor. De repente el ultimo verano, quizas sea junto a De aquí a la eternidad, sus mejores peliculas, Donde realmente esta impresionante. y demuestra lo que lleva dentro que se llama talento. Cuidate

    • elcriticoabulico 4 agosto, 2013 a 19:00 #

      A mí la verdad es que esos aspectos que señalas me resultan más bien fallidos. Tiene virtudes, pero el meollo de la película, ese tormento interno del religioso, queda flojo.

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