Un verano con Mónica

21 Jul

“Harriet Andersson es uno de esos raros ejemplares resplandecientes de la jungla cinematográfica.”

Ingmar Bergman

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Un verano con Mónica

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Un verano con Mónica

Año: 1952.

Director: Ingmar Bergman.

Reparto: Harriet Andersson, Lars Ekborg, John Harryson.

Filme

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            El amor de verano pertenece solo al verano. Extender la sensación de euforia propia de este romance ligero y evasivo, refrescante y sanador más allá del estío no es más que ilusión e ingenuidad. Aunque duela, toda persona lo sabe. En Un verano con Mónica, Ingmar Bergman, que bien conocía los procesos emotivos que atraviesa el ser humano en su desarrollo vital, lo deja meridianamente claro mediante de una desarmante mirada sostenida a través de la cuarta pared que hace estallar por fin la ingente desilusión acumulada a lo largo del metraje. Es cuando Harriet Andersson clava sus insondables ojos azabache en el desprevenido espectador, como escupiéndole a la cara “tú lo sabías, yo lo sabía e incluso él lo sabía. Entonces… ¿de qué te sorprendes, gilipollas?”.

           Un verano con Mónica condensa en tres meses el análisis de una relación amorosa que bien podría equivaler a aquellas que ocupan una vida por completo, con su respectivo comienzo luminoso, su auge apasionado y su acre decadencia. Es, además, el conflicto entre dos formas de entender la vida y el amor: la prosaica de él, cuyos sueños se reducen a ligarse y hacer feliz a la chica que le gusta, y la fantasiosa de ella, quien concibe y compara su existencia en función de las ficticias enseñanzas que extrae de los melodramas de Hollywood.

Desde una postura más realista y cotidiana, alejada de sus proverbiales indagaciones antropológicas y trascendentales, Bergman perfila con precisión a sus dos amantes, hijos del desmoronamiento de la institución  familiar, la incomunicación, la soledad, el acoso machista y la alienación laboral. Gotas de cine social que contribuyen a dar aliento a ese clima gélido y desapacible del Estocolmo de principios de los cincuenta, el cual tan solo puede aclararse, aunque sea de manera temporal, con una improvisada huida en barca a través del reconfortante y salvífico calor estival.

Un caso de rebelión por medio del amor que, no obstante, uno sabe desde el comienzo, dado el desequilibrio en la entrega, las motivaciones y la vulnerabilidad de sus partes, que tendrá una resolución hiriente.

            Y logra sus propósitos, puesto que el relato consigue despertar esperanzas, alegrar el gesto y participar del tierno romance entre los dos desorientados adolescentes. Es fácil enamorarse de la esplendorosa Harriet Andersson, rezumante de sensualidad, seducción y desparpajo juvenil. La cuidada evolución y la veracidad del relato contagia del mismo modo esas emociones contradictorias y pesimistas que experimenta la pareja con el paso del tiempo, somatizadas incluso en la puesta en escena –de soleada e idílica a cada vez más sucia y desastrada, con el inserto de notas propias del cine de terror ya en la secuencia del retorno a la capital sueca- y en el cambio de la apariencia física de los protagonistas.

            Filme decisivo en la trayectoria de Bergman, supondría su reconocimiento definitivo por parte de la crítica internacional.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 8.

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5 comentarios to “Un verano con Mónica”

  1. antoniomartingarcia 22 julio, 2013 a 23:11 #

    ¿A quién no le hubiera gustado compartir un verano con Mónica? El personaje interpretado por Harriet Anderson me parece el más carnal de la filmografía bergmaniana. Y la película como tú bien dices radiografía a la perfección los distintos altibajos por los que suele atravesar una relación de pareja. Una obra maestra.

    • Sergio 23 julio, 2013 a 11:03 #

      La película con la que empezó el ciclo Bergman en La2 de los años 90, es muy buena pero creo que lo primero que nos dejó pasmados a todos fue Harriet Andersson. De esa época más tarde descubrí una que recomiendo incansablemente, la preciosa “Juegos de verano”

      • elcriticoabulico 25 julio, 2013 a 18:38 #

        Andersson ya me había llamado la atención en otras, pero aquí es que mientras te traspasa e intimida con la mirada, a la vez se te va guardando para siempre en el recuerdo. Magnetismo total. Apunto sin falta Juegos de verano. Por cierto, disculpa por la tardanza en contestar, Sergio.

    • elcriticoabulico 25 julio, 2013 a 18:35 #

      Disculpa por la tardanza, he tenido tres días de vacaciones (no sé si merecidas) incomunicadas. He estado pensado y sí, probablemente sea el personaje más carnal. Llama sobre todo la atención porque la imagen típica de Bergman es el de la introspección, las angustias vitales y, en muchos casos, la frigidez afectiva y sentimental. Vamos, lo contrario de lo que propone en esta.

      • Sergio 26 julio, 2013 a 08:20 #

        No te preocupes por ,la tardanza, faltaría, lo principal es lo principal. Hay muchos contraejemplos de la típica imagen de Bergman, incluso en secuencias muy luminosas en películas aparentemente muy oscuras. “El séptimo sello”, “Persona”, “Gritos y susurros”… o la más evidente “Fanny y Alexander”. En “Juegos de verano” por ejemplo hay una enorme invitación a vivir..

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