Arcadia

6 Jul

“En cada tragedia existe una parte de comedia, que es la que permite que aún haya hueco para la esperanza.”

Constantin Costa-Gavras

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Arcadia

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Arcadia

Año: 2005.

Director: Constantin Costa-Gavras.

Reparto: José García, Karin Viard, Geordy Monfils, Christa Theret, Ulrich Tukur, Olivier Gourmet.

Tráiler

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            Se barruntaba la deriva. Concursante, Los lunes al sol, cualquier película de Ken Loach,… El ultracapitalismo y la maquiavélica cultura del éxito económico, promulgada poco más de una década antes por despreciable profetas como Gordon Gekko, estaba aquí para hacernos pagar la libra de carne. La nuestra propia o la del vecino, según quién sobreviviese a la selección natural del mercado. Películas como Glengarry Glen Rose, El método, American Psycho y Arcadia ya nos lo advirtieron, con mayor o menor delicadeza. En el caso de estas dos últimas, la competitividad a ultranza favorecida por el sistema económico imperante equivale al asesinato en serie. Para el triunfo de uno mismo, no debe quedar ningún otro en pie.

            Aunque herido por la crítica durante sus últimas escaramuzas, Constantin Costa-Gavras retornaba al frente de batalla con Arcadia para denunciar el sometimiento de los valores y los sentimientos humanos a los crueles e inflexibles dictados del capitalismo extremo –discurso que terminará de rematar siete años después en su reciente El capital-.

A partir de un texto del estadounidense Donald E. Westlake, referente contemporáneo de la novela negra, Costa-Gavras plantea la descomposición moral del ciudadano común en el contexto de una organización económica global desprovista de frenos legales, éticos o culturales –los medios de comunicación, parte del problema, dirigidos a la exportación de sexo, lujo y violencia como forma de vida- y que demanda egoísmo fanático e individualismo radical como ineludible principio de supervivencia en una guerra sin cuartel contra el prójimo.

            Bruno Davert (José García, hijo de emigrantes españoles), exempleado de la agonizante industria papelera, deduce con brillantez que su camino al éxito no se encuentra en enviar currículums originales recitados por nuestros abuelos o elaborar videopresentaciones cantando en el metro de Barcelona, sino en eliminar físicamente a sus enemigos por el puesto vacante. La clase media, insultada y minusvalorada, sola ante el peligro en una sociedad de voraces caníbales.

            Honesto hasta la médula con sus ideales, el veterano cineasta greco-francés se enfunda sus guantes de humor negro –los que sacan al contrincante medias sonrisas amargas en vez de carcajadas-, y pega duro y con rabia. El atribulado protagonista nunca deja de ser, en su torpeza de asesino novel y su postura teleológica en su camino hacia la prosperidad y felicidad de su familia, un tipo corriente en el que identificarse y hacia el que sentir compasión.

No obstante, a Arcadia le faltan unos gramos de contundencia y le sobran unos cuantos minutos, lo que hace que se resienta su agilidad como comedia. Demasiados currículums por destruir en su descenso al infierno, itinerario paralelo y equivalente a su ascenso laboral.

            En todo caso, aprovechable mirada hacia la rampante miseria económica y moral de Occidente.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6,5.

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