Archivo | 15:49

Margin Call

5 Jul

“La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena; es necesaria y funciona. La codicia clarifica y capta la esencia del espíritu de evolución. La codicia en todas sus formas: la codicia de vivir, de saber, de amor, de dinero; es lo que ha marcado la vida de la humanidad.”

Gordon Gekko (Wall Street)

.

.

Margin Call

.

Margin Call

Año: 2011.

Director: J.C. Chandor.

Reparto: Zachary Quinto, Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons, Demi Moore, Simon Baker, Penn Badgley, Stanley Tucci.

Tráiler

.

.

            Es curioso: en Hollywood es el cine independiente, gracias a su tradicional libertad, quien ha abierto la veda para la narración de la presente crisis económica, de resultados globales pero de orígenes inequívocamente estadounidenses.

Dado que la mayoría de producciones indie no son más que derivaciones de los grandes estudios, dueños de su distribución, cabe mencionar aquí el impulso realizado desde los sectores comprometidos de la izquierda de la industria, punto de apoyo para la obra personal de cineastas con poca experiencia –John Wells, realizador de televisión casi en exclusiva, en The Company Men; J.C. Chandor, debutante en el largometraje, aquí- pero con ganas de radiografiar la situación legada por el cataclismo económico.

             Si The Company Men, precedente por algunos meses, retrataba las consecuencias, Margin Call opta en cambio por filmar la crónica del apocalipsis. Un trauma que tiene una fecha de comienzo cierta: la noche en la que a un currante supernumerario de una superempresa de compraventa de acciones –un Goldman Sachs, diríamos-, el destino se le revela en forma de gráficos llenos de amenazadores números rojos y acentuadas líneas descendentes. La música que cesa de sonar.

            Desde un comienzo frío, sobre todo a causa de su poco elegante tendencia a lo discursivo, Margin Call va sumando capas a su análisis a medida que escala pisos y jerarquías dentro del mastodóntico rascacielos del conglomerado de especulación, orgulloso titán de acero que desde las alturas mira con desprecio al mismo Nueva York, megalópolis imperturbable e indiferente (o ignorante) en la que, a su vez, se encuentra integrado.

La atmósfera del filme se hiela según cae la noche, destilada por una música grave que otorga al filme un permanente tono luctuoso –a veces afectado en exceso- a juego con el aterrador anuncio que describe.

            Chandor, que conoce el universo de las empresas de inversión gracias a que su padre trabajó durante más de tres décadas en Merril Lynch, apunta como principal responsable del colapso a la ausencia de cualquier tipo de código ético, externo o interno; a los altos ejecutivos aferrados en su mediocridad a burdos timos de la estampita, y a la sociedad en general, educada en la posesión y el consumo como medio y fin de la felicidad.

John Tuld (Jeremy Irons), rey en las alturas y hombre tras la cortina que contribuye a la prosperidad sin límites de la nación, no deja de ser una versión aún más exitosa de aquel infame Gordon Gekko que nació como personificación de la codicia y como crítica a los desmanes de Wall Street, y terminó convirtiéndose en icono e inspiración de varias generaciones de financieros. Como señala él mismo, no es más que la orgullosa e inmutable cima de un ciclo eterno, consabido e hipócritamente asumido. El ciclo irrompible del dinero, un invento artificial elevado a deidad que ni se crea, ni se destruye.

            La necesidad de explicar tecnicismos resta poder a una denuncia que resulta más interesante cuando trata de desentrañar los mecanismos económicos y humanos que componen un entramado leviatánico, absurdo e inmoral. Y aquí, la mayor virtud de Margin Call son esos momentos en los que, apoyada en la labor de en un selecto elenco, logra hacer creíbles a sus personajes. Es decir, cuando pone a ras de suelo a esos semidioses sobrerremunerados, los aísla del Mercado, ese ente abstracto en constante exigencia de sacrificios cruentos, habitualmente empleado a modo de superficial cortapisa –imposible no recordar la vigencia aquella escena de Las uvas de la ira, rodada en 1940-, y revela su vulgar contenido de corrupción, cultivada durante largos años de desregularización legal y deontológica.

            No siempre tiene fortuna en su intento, pero cuanto menos sí apunta lucidez y credibilidad en su mirada a ese burdo casino en el que se decide la suerte económica del planeta.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

A %d blogueros les gusta esto: