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The Company Men

4 Jul

“No creo que una película pueda cambiar el mundo, la gente o la sociedad. Es un espectáculo. La gente va al cine para ver sentimientos humanos. Provocarlos es el papel que la película debe jugar.”

Constantin Costa-Gavras

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The Company Men

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The Company Men

Año: 2010.

Director: John Wells.

Reparto: Ben Affleck, Tommy Lee Jones, Rosemarie DeWitt, Chris Cooper, Kevin Costner, Eamonn Walker, María Bello, Craig T. Nelson.

Tráiler

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            La caja de cartón es quizás el símbolo absoluto del acontecimiento más decisivo del apenas estrenado siglo XXI: la crisis económica global y sus consecuencias, situado a la par -o incluso me atrevería a decir por encima- del 11-S y la guerra contra el terrorismo fundamentalista en cuestión de efectos (víctimas) sociales, culturales y personales. La caja de cartón, decíamos, es la protagonista como colector de efectos personales en los primeros colapsos empresariales y los despidos masivos; posteriormente y hasta la actualidad, último y mísero refugio contra el frío del invierno y de la economía en demasiados casos.

            El cine, cronista del devenir de la humanidad entre otras funciones, comienza a activar su maquinaria de registro desde el terreno documental y, dos años después del inicio oficial del desplome, también desde la ficción. Desde los Estados Unidos -corazón mismo de los desajustes ultraliberales, patriarca de la desregularización salvaje y los bonos basura rodantes-, es el cine independiente quien decide llevar la voz cantante. Su peso era ya notorio, aunque secundario, en la trama de Up in the Air, donde aparecían incluso testimonios de afectados reales por los despidos, pero es The Company Men la primera película en centrar todo su argumento en el cataclismo financiero global.

            Un alto directivo que desde sus altos ventanales observa la salida de un nutrido grupo de empleados de la empresa ficticia GTX –¿alter ego de General Motors?- asidos a sus tristes cajas de cartón, como una bandada de negros pájaros en desorientado y espeluznante movimiento migratorio, compone una imagen de enorme fuerza (e inestimable capacidad aterradora) sobre el planteamiento del filme.

The Company Men, obra de John Wells en labores de guion y dirección, posa su mirada en la caída del prototipo de joven triunfador -deidad clásica del liberalismo yuppie-, a los abrasadores infiernos del fracaso: la pérdida de su bienestar económico, la venta de su casa de ensueño y su cochazo deportivo, la renuncia a su exclusivo club de golf, la necesidad de mirar las facturas al dedillo,…

            A pesar de que su protagonista sea un tipo elitista que se aferra irracionalmente a sus lujos porque se muestra incapaz de aceptar su nueva situación, The Company Men consigue cierta contundencia y capacidad de (dolorosa) identificación, cuando escruta las consecuencias de la crisis en el entorno empresarial. La cosificación del trabajador, la ostentación que no cesa, el bochornoso desequilibrio de una jungla regida por ese Dios etéreo y cruel llamado Mercado, el culto sacrificial en honor del número, la mezcla de maquillaje, mentiras y fe suicida como patrón habitual de los libros de cuentas, el descalabro en la insolidaridad como somatización del miedo,…

            No se trata de una crítica especialmente contundente, y hay apuntes que merecían haber tenido mayor peso –las alusiones a la escasa ética de la empresa a la hora de desviar la industria americana a otros lugares, fomentada anteriormente por el mismo protagonista-. Sin embargo, consigue conservar la suficiente sobriedad, criterio y credibilidad como para mantenerse a flote.

Otra cosa es lo que ocurre con el facilón desarrollo del relato, que aboga por abandonarse en esa mentalidad positiva y buenismo que parecen querer dar la razón a las patéticas guías de autoayuda ridiculizadas (con plena justificación) al principio del drama. Sobra el viaje iniciático y moralizante de Ben Affleck en su llamada al reconocimiento del trabajo duro y los auténticos valores de la vida. Una simplona cura de humildad económica y moral; un mensaje complaciente, baboso y de un poco creíble optimismo –toda vez que no se acierta a observar el fondo del abismo, y ni siquiera si a los poderes fácticos, reafirmados en el mismo estatus de poder que diseñó, ejecutó y cobró por el derribo, les interesa escapar de él-.

            Al final, The Company Men opta como medio de protesta por sonreír por el sueño americano -aun habiendo sido ya despertado a golpes de él-, en vez de dar el definitivo puñetazo sobre la mesa. Por ello, acaba por ser un filme más olvidable que afilado.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 6.

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