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Feos, sucios y malos

13 Jun

“No siento amor por Italia. No la odio, pero me invade la tristeza por ella.”

Ettore Scola

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Feos, sucios y malos

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Feos, sucios y malos

Año: 1976.

Director: Ettore Scola.

Reparto: Nino Manfredi, Giovanni Rovini, Maria Luisa Santella, Francesco Anniballi, Adriana Russo, Alfredo D’Ippolito, Marina Fasoli.

Tráiler

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            El cine, fiel cronista de la evolución histórica, social y emocional de Italia, había experimentado el paso desde el Neorrealismo de posguerra, defensor irreductible de la regeneración moral tras la vergüenza y el trauma de la Segunda Guerra Mundial, hasta el denominado neorrealismo rosa propio de los años de bonanza y progreso económico de la década de los cincuenta, aún afianzado sobre la realidad de su tiempo pero más amable y humorístico en su aproximación.

El posterior ocaso de los presupuestos humanistas del Neorrealismo y el estancamiento del fulgurante y desigual enriquecimiento económico, unido a una incertidumbre política entremezclada sin solución de continuidad con la corrupción, la violencia y el crimen organizado, encontraba su contrapartida cinematográfica en la aparición de un tipo de comedia amarga, la commedia all’italiana, en la que la tendencia al costumbrismo grotesco, la sátira destructiva y la máscara interpretativa servían como avinagrado y burlesco rostro de la decepción y furibunda denuncia del reverso oscuro de los oropeles del progreso socioeconómico del país transalpino.

            Ettore Scola, uno de los principales nombres de esta renovación generacional del cine italiano, ya había certificado el proceso de defunción de los presupuestos neorrealistas en Una mujer y tres hombres: creímos que íbamos a cambiar el mundo y el mundo nos cambió a nosotros. Ahora, siguiendo la senda empedrada por cintas como Sembrando ilusiones o Aventuras y desventuras de un italiano emigrado, Scola se sumaba con brutal entusiasmo al siniestro crepúsculo de la commedia all’italiana para dinamitar los códigos morales y las convenciones sociales italianas mediante salvajes andanadas de escatología y humor negro con Feos, sucios y malos.

            Como un feroz y esperpéntico negativo de los ideales neorrealistas, la familia retratada en Feos, sucios y malos bien podría haber protagonizado un relato de descarnada y prosaica heroicidad en el cine de contenido social de Vittorio de Sica. En este microcosmos paupérrimo de las chabolas suburbiales de Roma, la única solidaridad posible entre los parias del sistema surge a raíz del acuerdo de asesinar a sangre fría al avaro y rijoso pater familias, dueño de una millonaria pensión de invalidez que se niega a empeñar en la mejora de las deplorables condiciones de vida de su madre, mujer, hijos, nietos, yernos, nueras o, siquiera, él mismo.

Ya no quedan seres admirables en el desastre, ejemplos de dignidad a partir de los cuales reflotar la maltrecha y eternamente inacabada nación. La miseria y deformidad de los personajes de Feos, brutos y malos -poco más que alimañas capaces de cualquier atropello ético y racional en pos de aligerar un poco su penosa desdicha cotidiana-, es al mismo tiempo una hereditaria patología física y una contagiosa enfermedad moral.

            Feos, brutos y malos ofende y desternilla al mismo tiempo que infecta su profundo descreimiento y desesperanza a través de una colección de fisionomías que, capitaneadas por el poderoso Nino Manfredi y a juego con el estilo formal impuesto por Scola, hacen honor al epígrafe de la obra en conjunto con una correlativa batería de actos aberrantes, cuya hilarante atrocidad aproximan la sátira al más asilvestrado surrealismo.

            Despiadada e impactante lectura de la fea, sucia y malvada Italia del momento.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7,5.

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