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Ipcress

7 Jun

“Estoy en contra de la imbecilidad. Tengo 58 años y no puedo soportar que sigan existiendo James Bond y Spiderman, y otros gilipollas de su calibre.”

Fernando Trueba

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Ipcress

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Ipcress

Año: 1965.

Director: Sidney J. Furie.

Reparto: Michael Caine, Nigel Green, Guy Doleman, Sue Lloyd, Gordon Jackson, Frank Gatliff.

Tráiler

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            Un hombre abre los ojos con desgana, arrebujado entre las sábanas. Todavía aturdido por el sueño y la miopía, busca con pereza y desdén el inclemente despertador a lo largo de su minúsculo, anodino y desordenado apartamento.

            Harry Palmer, que incluso carecía de nombre en su original novelístico, irrumpía en el cine como la respuesta –que no caricatura- cotidiana, proletaria y gris frente a James Bond, icono pop. Aunque tan solo se igualan por su impertinente sarcasmo y su afición al bello sexo –y por la producción de Harry Saltzman-, Palmer no es el sicópata legalizado que folla y mata con el mismo entusiasmo. Palmer es un funcionario que odia su trabajo tanto como cualquier hijo de vecino.

Es la visión pesimista y antiheroica del espionaje de la Gran Bretaña auténtica, la de las dentaduras desordenadas, las moquetas estampadas, la cocina con mantequilla y el Imperio desmembrado: una nación en crisis de autoestima, cada vez más alejada de las primeras voces del concierto internacional de la Guerra Fría.

            Obligado a trabajar como espía como purga de sus tendencias delictivas de bajos vuelos, Palmer sobrevive a los mangoneos de sus superiores, las ásperas misiones de vigilancia y los innobles formularios a base de rebeldía y desgana, los chascarrillos eventuales, los intrascendentes escarceos amorosos y la cocina casera. La antítesis del glamour, el atractivo y la frivolidad.

            La atmósfera fría, desapasionada y sin embargo aún aguerrida preside Ipcress, primera misión del agente británico con el rostro de un por entonces jovencito Michael Caine, en plena construcción de su gran carrera interpretativa. La excusa la sirve un caso de robo y compraventa de cerebros científicos, siempre centrado en la plomiza y lluviosa Londres y en la que el enemigo no es siquiera un agente oriundo de los grandes polos del conflicto, sino un taimado intermediario freelance albanés.

La mirada ácida de Caine, en una composición a la altura del carisma del personaje, desnuda un mundo de corruptelas, rivalidades de poder, chantajes, opacidad y traiciones de lo más mundano. Un escenario sórdido y creíble y que, en la mejor línea del taciturno cine de espías de la época, resulta de igual modo fascinante.

            Sidney J. Furie dirige llenando la pantalla de angulaciones forzadas, contrapicados y objetos que traban la visibilidad del plano, lo que confiere al filme una estética característica, tan falta de limpieza como el argumento, mientras que, por otro lado, dosifica la intriga con pulso, veracidad y eficacia. John Barryorquestador del tema identificativo de James Bond, compuesto por Monty Norman– liga musicalmente el conjunto con una acertada banda sonora, apartada de espectacularidades, estribillos populares o estallidos sonoros, acorde al estilo del filme.

En cierto modo, el pasaje de hipnotismo y tortura psicológica queda un tanto más obsoleto y aburrido, fruto también de haber sido objeto de constate parodia dentro del subgénero. No obstante, Ipcress consigue mantenerse como un interesante ejercicio de suspense que desvela la cara agria y desmitificada del deshumanizado, amoral y deshonesto universo del espía.

            Dueño también de una saga propia, Harry Palmer pasearía su cinismo en otras cuatro películas.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7,5.

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