La pianista

3 Jun

“Solo la música me dio la oportunidad de revelar mis emociones.”

Ingmar Bergman

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La pianista

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La pianistaAño: 2001.

Director: Michael Haneke.

Reparto: Isabelle Huppert, Benôit Magimel, Annie Girardot.

Filme

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            El cine trascendental, exigente, denso e intelectualista, también consigue perpetuarse. Carl Theodor Dreyer actuó como fuente de inspiración de Ingmar Bergman, e Ingmar Bergman oficiará como referencia fundamental de Michael Haneke.

Resulta curioso observar el paralelismo que, de hecho, parece trazarse entre algunas películas de estos dos últimos: el apocalipsis interior de La hora del lobo y El tiempo del lobo, la indagación en los orígenes del nazismo en El huevo de la serpiente y La cinta blanca y, en el caso que hoy nos ocupa, la frigidez emocional del artista, una constante en la obra del autor sueco pero que en el caso concreto de Gritos y susurros consigue emparentarse con La pianista del cineasta germano a través de un acto particularmente espeluznante, la automutilación genital de la protagonista.

           Tan emblemática escena es la representación en su grado máximo de la castración emocional sufrida por una profesora de música sometida al yugo de una madre posesiva y del muro aislador frente al mundo edificado por ella misma: un ente cuya intelectualidad ha aniquilado la capacidad de sentir.

Desde la primera secuencia, Haneke expone a las claras el cariz despótico, chantajista y parasitario de las relaciones entre madre e hija, una constante música de fondo compuesta de reproches, amenazas y vilezas de toda calaña. Es el escenario propicio para el definitivo derrumbe personal de una mujer que ve llegar la sicosis -el fin definitivo de su vida posible como ser humano- de la misma manera que el compositor Schumann la veía asomar desde la frontera última de su cordura.

Un entorno apocalíptico en el que se encuadra su tortuosa y enfermiza relación con un joven aprendiz de exultante vitalidad, encuentro imposible en el que chocan sin remedio dos violentas corrientes antagónicas.

           De igual modo que sucedía con su análisis previo de la violencia como patología de la sociedad contemporánea –71 fragmentos de una cronología del azar, El video de Benny, Funny Games-, el descenso a la locura de la protagonista, imagen condensada de esa misma humanidad desorientada y en decadencia moral y espiritual, queda retratado con la mayor crudeza.

La fría neutralidad formal del realizador iguala desde su carácter abominable un acto como la citada ablación, filmado con una sequedad que asusta –aún recuerdo el desmayo y posterior golpe de cabeza con la silla que sufrió una estudiante china en clase de Historia del cine, esa simpática asignatura de libre configuración-, con los sadomasoquistas escarceos sexuales (y derivados obsesivos) propios de la relación entre maestra y alumno.

           Aliado en sus malsanos propósitos con la actriz Isabelle Huppert -una prodigiosa interpretación, llena de inaprensibles requiebros y matices en esos tránsitos desde un rostro inerte a sus puntuales deshielos de vida-, Haneke no profesa misericordia alguna hacia sus personajes, ni hacia el espectador. El recurso de alargar ciertas escenas clave contribuye a crear el clima asfixiante y opresivo del filme mediante la exaltación del patetismo de los individuos que transitan por sus desasosegantes fotogramas, mientras que, al mismo tiempo, exige un nada desdeñable ejercicio de resistencia a la platea.

Sin embargo, es difícil sobrevivir con la respiración permanentemente cortada. La pianista supone, por ese mismo poder de perturbación ininterrumpido, una experiencia extenuante que, en muchos casos, provoca que el espectador abandone la película, aunque solo sea por el hecho de tomar un poco de aire.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

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4 comentarios to “La pianista”

  1. Triste Sina 15 julio, 2013 a 15:18 #

    Impecable tu crítica, salvo por hacer de su lucidez una culpa. Él muestra el problema, no da soluciones.

    • elcriticoabulico 15 julio, 2013 a 21:24 #

      Pues muchas gracias. A mí la verdad es que la excesiva intelectualidad de la protagonista sí me parece una barrera inevitable para su sociabilidad (junto con otros decisivos por igual en este caso, como la asfixiante opresión familiar). Es, a mi juicio, una idea que se sitúa muy en la línea de lo que solía plasmar Bergman en aquellos personajes que representaban artistas, creadores y, en definitiva, intelectuales. Demasiado perfeccionismo y excluyente complejo de superioridad, demasiado análisis y frigidez, demasiada postura crítica y distanciamiento ante el mundo.
      Un saludo.

      • Triste Sina 15 julio, 2013 a 21:44 #

        Estoy completamente de acuerdo. Es probable entonces que no hubiera entendido. Lo pongo en otras palabras: si la visión resulta excesiva para el espectador, pues que se vaya a ver “pretty woman”.

      • elcriticoabulico 16 julio, 2013 a 00:03 #

        A lo mejor te he entendido mal el comentario, que creí que aludía a la protagonista y en realidad habla del bueno de Haneke. Sobre él, le reconozco como un artista profundamente reflexivo, como dices con mucha lucidez en alguna de sus exposiciones y una capacidad pasmosa para transmitir las emociones de sus personajes y extraerlas a su vez de la propia platea, por malsanas u ocultas que se encuentre. De todas maneras, a mi parecer le pierde en ocasiones el exceso de circunspección intelectual y un cierto cripticismo que no creo que esté siempre justificado. Se agradece que no lo dé todo mascado, pero a veces me cuesta demasiado seguir su discurso y en otras no me convencen sus argumentos -me sucedió con La cinta blanca-. En todo caso, es una voz propia, una autoría innegociable, honesta consigo mismo y, por tanto, con el espectador. Del conjunto de su obra, me quedo con Amor, donde demuestra de nuevo su capacidad para eviscerar los sentimientos del espectador pero, en esta ocasión, de una manera más reconocible, más profunda y más conmovedora, quizás porque por primera vez se atisbe algo de esperanza en este universo suyo en perpetuo y violento viaje al garete.
        Y sí, Haneke tiene su público… que probablemente no es ese que adora ver Pretty Woman (otra vez) los domingos por la tarde en La Uno. Ahora que lo mencionas, se me hace interesante imaginar un Pretty Woman concebido y rodado por Haneke.
        Un saludo.

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