La pequeña Venecia (Shun Li y el poeta)

2 Jun

Esta crítica es una copia. La original, coqueta y adornada, se encuentra publicada en CINEARCHIVO.

“El cine, además de entretener, debe de hablar sobre la vida. De lo contrario no tiene razón de existir.”

Aki Kaurismäki

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La pequeña Venecia (Shun Li y el poeta)

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Poster 700x1000 AFAño: 2011.

Director: Andrea Segre.

Reparto: Zhao Tao, Rade Šerbedžija, Marco Paolini, Roberto Citran, Giuseppe Batiston.

Tráiler

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           La narración clásica nunca pasa de moda, en especial si se realiza esgrimiendo las ganas de contar una historia y el buen gusto a la hora de llevarlo a cabo como principios fundamentales. Dos premisas éstas que incluso permiten (o más bien aconsejan) prescindir de petulantes complejidades trascendentes, del desgarrado y artificioso bigger than life y del golpe bajo efectista para arañar un par de lágrimas más de la cuenta a una platea con la defensa rendida.

Ceñirse a la sencillez y a la prosaica verosimilitud no supone una rémora para la química del relato, para su capacidad de identificación, de sugerencia o de ensoñación, siempre que ello logre hacerse con naturalidad, sin abocarse tampoco a esa espartana austeridad en lo expositivo y lo sentimental que, pese a que su constante recurso y repetición desde mil y un meridianos distintos lo han convertido en una nueva forma de academicismo, tan buenos resultados acostumbra a cosechar en festivales contraculturales y entre cierto público entendido.

Es entonces cuando el espectador puede reencontrarse con el viejo placer de escuchar una fábula que cante por la humanidad, de reconocer y conectar con las emociones que viven en el interior de personajes impresos en este caso en celuloide. Suele tratarse de buenas noticias, menos frecuentes de lo que pudiera parecer. La pequeña Venecia (Shun Li y el poeta) pertenece a este grupo.

           Obra de autor -en su calidad de guionista, director y escenógrafo- de Andrea Segre, debutante en el largometraje de ficción, La pequeña Venecia aúna las mejores virtudes del cine social europeo -tan maltratadas por el maniqueísmo y el buenismo de medio pelo- con la crónica delicada y sincera de un caso de improbables segundas oportunidades, con un romance tan necesario para sus protagonistas como imposible.

Shun Li (Zhao Tao), una inmigrante china explotada en un recóndito pueblo costero del Véneto entrecruza camino, experiencias y sentimientos con Bepi (Rade Šerbedžija), jubilado pescador eslavo con tres décadas en el país. Dos mundos disímiles que se encuentran en existencias paralelas, igualadas por nexos que transcurren desde hechos pintorescos, como la relación histórica sino-italiana por los viajes de Marco Polo o el pasado comunista de China y Yugoslavia, hasta detalles íntimos y profundos: el carácter extranjero de ambos, la presencia consoladora del mar en su vida, el peso de la ausencia (el hijo en un caso, la esposa en el otro) o la fragilidad y finitud de su contacto compartido a causa del régimen de semiesclavitud de ella, de la proximidad de la muerte en él y de la discreta aunque implacable dictadura del entorno como fondo común.

          Durante su actividad como documentalista, Segre ya había abordado con profusión el tema de la marginalidad de las etnias y culturas y el drama de la inmigración en el mundo contemporáneo y, en concreto, en la Italia actual, lo que le confiere una base de conocimientos adecuada para abordar el tema con seriedad y matices, en este caso desmarcándose de un posible énfasis demagógico o manipulador que desvirtúe el conjunto.

La pequeña Venecia es así una película terrenal y honesta. Tanto como la figura de ese otoñal rimador de barra de bar, contraposición llana pero tangible del Qu Yuan –primer poeta importante del país oriental, a caballo entre los siglos IV y III a.C.-, adorado a modo de semideidad por la sensible Shun Li. Como esa Venecia en miniatura, de belleza sobria y humilde a la sombra de esa turística y ostentosa urbe envuelta en niebla.

La excelente construcción de sus personajes principales y secundarios, poliédricos y muy creíbles en sus actitudes y decisiones, ensalzados por un reparto perfectamente ajustado en el que destacan las composiciones y la complicidad de su pareja protagonista, hacen que el filme contenga verdad, que sus silencios y sus miradas sutiles desvelen un turbulento océano de emociones reconocibles. Conmueve la estoica soledad del marino –siempre se intuyó que Šerbedžija guardaba un excelente actor detrás de su habitual máscara de secundario soviético hollywoodiense-, la vulnerabilidad y resistencia que con precisión amalgama Tao en su porte y su gesto, esa entrega mutua, tímida y sin reservas al mismo tiempo, ese “no quiero casarme contigo” como inigualable declaración de amor.

           No hay apariencia de impostura, a pesar del ineludible desenlace trágico al que conduce la narración –menos afinado que el resto, pero aun convincente-, y Segre se ajusta a las necesidades de la misma con encomiable sensibilidad. La contenida realización no renuncia no obstante a extraer un halo de lirismo de su hermosa fotografía y del hábil manejo de la luz de los escenarios naturales, lo que permite obtener imágenes que son puro realismo mágico, como ese pueblecito apacible y melancólico con las calles inundadas por un palmo de agua.

           Una pequeña joya, en definitiva, en la que se disfruta el deseo de contar una historia franca y humana, y de que se haga con talento y calidez.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 8.

4 comentarios to “La pequeña Venecia (Shun Li y el poeta)”

  1. Dessjuest 2 junio, 2013 a 21:35 #

    Me gustó más la original, plagiador, que eres un plagiador 🙂

    • elcriticoabulico 3 junio, 2013 a 00:38 #

      Por eso la dejo escondidita detrás del ‘Leer más’. Los originales siempre son mejores que sus copias.

      • Dessjuest 3 junio, 2013 a 07:13 #

        Yo es que como entro a la entrada directamente desde el enlace al correo me sale entera 🙂

        Ahora, el Victor ese vale, deberías leerle a menudo a ver si se te queda algo.

      • elcriticoabulico 3 junio, 2013 a 11:59 #

        Me consta que el Víctor ese se ha curtido leyendo cosas aquí. La influencia funciona al revés.

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