El bosque petrificado

25 May

“Con Bogart en Mantee o sin Howard en Squier.”

Leslie Howard

.

.

El bosque petrificado

.

El bosque petrificado

Año: 1936.

Director: Archie Mayo.

Reparto: Leslie Howard, Bette Davis, Humphrey Bogart, Charley Grapewin, Dick Foran, Genevieve Tobin, Paul Harvey.

Tráiler

.

.

            Solía comentar Charlton Heston que su mayor logro en el séptimo arte había consistido en obligar a la Universal a contratar a Orson Welles para dirigir Sed de mal. Algo por el estilo podría asegurar Leslie Howard.

A pesar de una carrera de notable éxito durante los años treinta como encarnación del perfecto caballero británico –el siguiente acontecimiento es muestra de su condición de estrella, obtenida tras Secretos, La plaza de Berkeley y La pimpinela escarlata-, la hazaña más recordada de Howard en el cine acabaría siendo la de presionar al gerifalte Jack Warner para que contratara para El bosque petrificado al desconocido actor que le daba réplica como villano en la versión teatral de la obra.

Un joven achaparrado, de mirada huidiza y húmeda, gesto amenazador que trataba de camuflar con hosquedad la decepción aparejada indefectiblemente a todo idealista; un tipo de porte firme vengan como vengan dadas, voz atiplada y una manera única de sostener moribundo el cigarrillo sobre la mueca escéptica y desdeñosa de sus labios: Humphrey Bogart.

             En efecto, la Warner trataba de repetir el éxito que el drama El bosque petrificado había cosechado sobre las tablas de Broadway, para lo cual repetía antagonistas e incluso añadía al elenco una reputada partenaire femenina, Bette Davis. Como prolongación de esta idea, el director Archie Mayo, de manera voluntaria o involuntaria, mantiene en la realización un aire indudablemente teatral, con escasos escenarios y sin apenas movimientos de cámara. Excesivo estatismo que provoca que El bosque petrificado deba concentrar toda su potencia en la fuerza expresiva de los diálogos y la atmósfera crispada, decepcionada y explosiva extraída de su contenido.

            Una gasolinera aislada en el desierto de Arizona sirve como sede en la que un heterogéneo grupo de personajes se enfrentan y analizan los resortes del amor, la muerte, la violencia y el heroísmo. El poeta vagabundo Alan Squier, fracasado y desmotivado (Howard); la joven camarera de sueños enterrados entre el polvo y la soledad del paraje (Davis), un antiguo pionero de épica reducida a caricatura nostálgica y rémora del progreso (Charley Grapewin), un matrimonio adinerado y la cruenta banda de Duke Mantee, remedo de John Dillinger (Bogart).

Casualidades del cine, el bueno de Bogey se hallaría en la situación opuesta andando las películas merced a Cayo Largo y una vez más como gángster en Horas desesperadas.

            Último bastión previo al hostil desierto, la estación de descanso concita el espíritu residual de la frontera norteamericana. Un lugar en el que se reencuentran, reinventados por el inclemente paso del tiempo y la civilización, el forastero misterioso y marginal, la dama en apuros existenciales y el forajido implacable. No es casual el paralelismo entre el pasado de violencia del Salvaje Oeste, rememorado con fervor por el anciano, y su proyección en la figura de Mantee, el último individualista, parte viva y crepuscular de la sangrienta historia de la nación norteamericana y por ello mismo también objeto de morbosa admiración por parte del antiguo colonizador.

Con tono desengañado a la par que melancólico, el filme arroja a la cara del espectador la triste América de las promesas y los sueños rotos por la descarnada realidad.

            Este crítico análisis de la esencia tempestuosa y contradictoria de la nación estadounidense contrasta ciertos diálogos, en especial  aquellos referentes a la evolución emocional de los protagonistas, que resultan dilatados y artificiales, tan envarados como la puesta en escena del filme. Rasgos de teatro filmado con entorpecen el tempo de la cinta, ahogándolo.

Por su parte, el talentoso reparto contribuye a sostener el peso de la obra. Leslie Howard maneja a la perfección las inflexiones de desencanto que se filtran entre la naturaleza soñadora y romántica de su personaje, bien secundado por Bette Davis, toda una garantía. Bogart, si bien inexperto, sin conocer todavía cómo sacar partido a sus limitaciones como actor, exhibe ya la imponente presencia que le daría fama, gobernando la escena desde lo alto de la sala donde se desarrolla la acción, con una silla y el rifle como basta imitación del trono y el cetro de un rey comprensivo y severo.

            Aún faltarían años, prescindibles papeles secundarios de muerte fácil y una dura disciplina personal que le condujese a la madurez interpretativa para convertirse definitivamente en uno de los más grandes iconos de la historia del cine.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6,5.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: