Más allá de Zanzíbar (Los pantanos de Zanzíbar)

17 May

“La venganza es la mejor cura para alguien herido.”

Oh-Daesu (Oldboy)

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Más allá de Zanzíbar (Los pantanos de Zanzíbar)

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Más allá de Zanzíbar

Año: 1928.

Director: Tod Browning.

Reparto: Lon Chaney, Mary Nolan, Warner Baxter, Lionel Barrymore.

Filme

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            El bien y el mal, el amor y el odio, la bondad y la depravación, la delicadeza y el desgarro, el físico apolíneo y la deformidad. Son todas ellas fuerzas en contaste colisión y mezcla, en lucha y contaminación que, en la particular sensibilidad de Tod Browning -rastreador del candor, el lirismo y la belleza en reductos insospechados y de execrables vicios en inmaculados iconos de pureza, fluyen indisociables dentro de un mundo retorcido y gótico en el que, al mismo tiempo, queda espacio para la redención, la misericordia y la humanidad.

Un escenario este en el legendario actor Lon Chaney se convertiría el vehículo perfecto para concentrar toda esa amalgama de pasiones desmedidas y encontradas en el escueto espacio de un rostro que era mil y uno al mismo tiempo.

            Si bien las obras más conocidas de Browning –Drácula y La parada de los monstruos– no contarían con Chaney en el reparto, la ubérrima entente entre estos dos desaforados artistas de cine fructificaría en obras maestras del periodo mudo como Garras humanas. Del mismo modo, tanto Browning como Chaney, un radical de la expresión gestual que moriría tras realizar su única película sonora, blandían mejor sus argumentos en la telúrica sugerencia física que garantizaba el cine silente.

            En Más allá de Zanzíbar, otra de las más emblemáticas colaboraciones de Browning y Chaney, las tétricas y arrebatadas pulsiones del autor estadounidense permanecían inalterables. De nuevo, el circo emerge escenario en el que se condensa el melodrama de la existencia, cristalizado en el enamoramiento a tumba abierta de un mago (Chaney) y la traición y fuga de su amada con un mercader de marfil (Lionel Barrymore), individuo ajeno por tanto a ese microcosmos fantástico e irreal pero al mismo tiempo paralelo y equivalente, a escala reducida, a la realidad.

Un mundo singular en el que exacerbado poder de las emociones es capaz de, en un acto de alquimia, transmutar el cariño en rencor y la entrega sentimental en insaciable rabia. Una transformación psicológica que, a su vez, posee una somatización física: producto del accidente durante la cruel huida de su amor, el mago queda encadenado a una silla de ruedas.

            Más allá de Zanzíbar es una de las películas más enfermizas y obsesivas de toda la obra de Browning. Entre las insondables tinieblas del relato, el despecho y el resentimiento aparecen como una herida supurante y malsana, y donde la venganza, llevada por el dolor hasta sus límites más abyectos e irracionales, conforma un pobre pero necesario paliativo para una cicatriz imposible de cerrar.

El primer encuentro entre la joven y desdichada prostituta huérfana (Mary Nolan, con una interpretación un tanto ambigua) y el antiguo ilusionista es el mejor ejemplo: con la nueva máscara compuesta por Chaney, éste aparece en la escena reptando como una alimaña, con una calavera rasurada y brutal y el rostro mutilado por la sombra, presa de un paroxismo demente. Sin embargo, cuando se instala en su silla, aún se puede percibir en él un halo de dulzura que pugna por sobrevivir, y que encuentra su reflejo en la mirada compasiva de la mujer.

            Los personajes del filme se mueven siempre entre el escombro y la mugre física y moral, parte inseparable de la sordidez de la ambientación –la remota África negra, entorno pintoresco siempre propenso a un mal envejecimiento-. Como en las tragedias griegas, son simples guiñapos, chivos expiatorios de un destino que absurdamente creen controlar y que, en cambio, se mueve burlón, caprichoso y cruel en su búsqueda de la reparación del maltrecho equilibrio moral del universo. 

            Aunque Browning persiste en dejar una vía abierta a la esperanza, Más allá de Zanzíbar deja la profunda huella de una de las venganzas más desalmadas, por calculada, obsesiva y dilatada, de la historia del cine.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

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