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El último desafío

10 May

“Soy demasiado viejo para esta mierda.”

Detective Roger Murtaugh (Arma letal)

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El último desafío

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El último desafío

Año: 2012.

Director: Kim Ji-woon.

Reparto: Arnold Schwarzenegger, Jaimie Alexander, Forest Whitaker, Peter Stormare, Rodrigo Santoro, Luis Guzmán, Johnny Knoxville, Eduardo Noriega.

Tráiler

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            Había inquietud por saber cuáles serían los primeros pasos –si los hubiera- del antiguo mito después de su paréntesis gubernamental. Finalmente, Arnold Schwarzenegger decidía volver al ruedo adoptando una vía que no era ni el regreso a los orígenes de la manera más cruda, ni la autoglorificación nostálgica de la propia leyenda a golpe de liftings y botox literales y artísticos a lo Sylvester Stallone.

Schwarzenegger, que siempre procuró amoldarse al cambiante signo de la industria y de su género estelar, decidía evolucionar aceptando el estatus crepuscular de su arquetipo y de su condición física y amoldándose a las más novedosas tendencias del cine de acción que, en este caso, parecen apuntar a esa lejana y extraña Corea en plena ebullición de obras sorprendentes y renovadoras.

De ahí que el encargado de dirigir tras las cámaras la recuperación del más grande héroe testosterónico de los ochenta sea Kim Ji-woon, realizador con tendencia a la irregularidad y el desparrame pero firmante, en su trabajo más reciente antes de su importación a Hollywood, de un thriller tan recomendable como Encontré al diablo.

A priori, una decisión inteligente y con un interesante y loable punto de riesgo y osadía.

            Desde su título hasta sus líneas de diálogo, no faltan en El último desafío un mar de alusiones irónicas y autoconscientes a la otoñal figura del otrora icónico paladín de la justicia sumaria de la mano dura. Arrugado, miope, con amenazantes michelines pero el carisma intacto –y las facultades de acometer con notable solvencia los requisitos de su papel-, el sheriff Schwarzenegger ve perturbado su retiro de vejez como honrado y celoso servidor público por una ineludible llamada a los buenos y violentos viejos tiempos.

Solo ante el peligro, deberá atajar la fuga a través de su aislado villorrio del enemigo público número uno, el narcotraficante de nueva generación y tradicional sed de sangre interpretado por un Eduardo Noriega que, como buen españolito de a pie y como añadido a sus limitaciones naturales, bastante esfuerzo emplea ya en recitar sus frases en inglés como para encima aparentar ser un tipo duro.

            El viejo Schwarzenegger es por tanto el último baluarte. El guardián de las esencias, la polvorienta y olvidada muesca del espíritu americano, cristalizado en la firme iniciativa individual respaldada por el arma de fuego. De ahí que la conexión fundamental de El último desafío no se establezca con el cine de acción de los ochenta sino, más bien, con el western clásico, en concreto con referencia directa a viriles modelos de entereza moral y valor personal conmemorados al deber inexcusable, como el John Wayne de Río Bravo.

Contra lo que pudiera parecer, tampoco Kim Ji-woon pisaba terreno desconocido, ya que anteriormente había jugado con la reformulación de los códigos del spaghetti western en la curiosa El bueno, el feo y el raro.

            Un nuevo rasgo éste que reafirma el estimable valor del punto de partida de una película que, sin embargo, no termina de funcionar ni en el nervio primario que dota de autenticidad al género, ni en esa revisión refrescante, distanciada y mordaz de esa misma épica trasnochada.

            Kim Ji-woon parece haberse amoldado mal a los códigos y tempos del cine estadounidense, alejados e incluso opuestos a los de las action movies asiáticas. A pesar del despliegue de una desopilante panoplia que arrancaría lágrimas de orgullo a la NRA –en contraposición precisamente a la preeminencia de la elemental arma blanca en Corea- y del profuso empleo de la sangre digital, la realización del seulés –que aun con todo presenta detalles y escenas de meritoria pericia-, no posee en conjunto la garra que se le suponía a un cineasta marcado por el exceso tanto para lo bueno como para lo malo.

El desequilibrio que suelen acusar sus cintas se incrementa aquí por un guion más atento al detalle que a la estructura, lo que hace que los devaneos del chapucero FBI –el Estado, antítesis del individuo independiente encarnado por el sheriff- resultan bien una raquítica trama paralela, bien una excusa de relleno necesaria pero hipertrofiada.

De igual modo, la pátina de humor que reviste todo el filme tampoco deja ningún poso especial, ningún golpe a la mandíbula que deje marca. El gamberrismo no se reduce a meter fantasmadas pirotécnicas a la antigua usanza.

            El balance por tanto no es todo lo favorable que uno se prometía. Se agradecen, y mucho, su estimables intenciones y la ausencia de más pretensión que ofrecer un entretenimiento honesto, pero uno se acaba por quedar con la sensación de que la apuesta podría (y merecía) haber disfrutado de una gloria mayor.

 

Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5,5.

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