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El salario del miedo

1 May

“El dinero ha aniquilado más almas que el hierro cuerpos.”

Francis Scott Fitzgerald

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El salario del miedo

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El salario del miedo

Año: 1953.

Director: Henri-George Clouzot.

Reparto: Yves Montand, Charles Vanel, Folco Lulli, Peter van Eyck, Véra Clouzot, William Tubbs.

Tráiler

 

             En medio de la desesperación, el precio del alma cotiza a la baja. Henri-Georges Clouzot alcanzaba con El salario del miedo una de sus cumbres cinematográficas, la que le confirmaba junto a la posterior Las diabólicas como uno de los nombres de referencia del cine francés de posguerra.

            En pocas películas como en El salario del miedo se puede percibir con tanta viveza la codicia, hija deforme del deseo corrompido por la miseria y la desvergonzada inhumanidad del sistema de producción capitalista.

Como un personaje más del filme, la codicia se encuentra sentada, riéndose entre malolientes brebajes, en el insalubre tugurio que sirve de refugio a toda una casta de desheredados, un Babel inmundo situado a los prósperos y traicioneros pies de la parasitaria industria petrolífera estadounidense en Latinoamérica. Con actitud lasciva, comparte la cabina del camión con los cuatro escogidos para una misión suicida a precio de saldo. También se impregna, pegajosa y fétida, en la piel de esos individuos camino del infierno en virtud de su grotesco pacto con el diablo.

            La localización exótica, barbárica y tórrida; los personajes marginales, chivos expiatorios de la sádica fortuna embarcados en un proyecto imposible, y el tono desolado, agrio y lacerantemente pesimista de la obra serviría para emparentar a El salario de la muerte con la mayúscula El tesoro de Sierra Madre –aunque, todo sea dicho, con una pizca más de aguerrida tosquedad en la expresión del sentido último del filme-.

Tipos patibularios, encerrados por su funesta suerte de perdedores en una cárcel al aire libre y que aspiran a dar la vuelta a su destino por medio de un contrato delirante, obsceno, desesperado: el transporte de un volátil cargamento de nitroglicerina a través de una ruta empedrada de obstáculos, trampas y peligros mortales.

             La purulenta turbiedad de la atmósfera se palpa en cada escena, sudorosa, acre y nauseabunda, capturada por un agreste y sombrío blanco y negro; capaz de atrapar sin remisión a la platea a lo largo de un calvario psicológico que, de manera admirable, mantiene viva la malsana tensión a lo largo de las dos horas y media de metraje.

El espectador interioriza los tortuosos estímulos epidérmicos que transmite la inspirada realización de Clouzot, experimentando de este modo en sus propias vísceras el quebranto de los nervios, el desmoronamiento mental y la destrucción moral de unos personajes que no son sino hombres muertos que caminan (o conducen), cada vez más mugrientos, cada vez más putrefactos.

            El salario del miedo es una película hosca, mal encarada y perturbadora. Observa sin complacencia o piedad alguna el absurdo patetismo de los seres que transitan lastimosamente por sus fotogramas, con indiferencia hacia los motivos, la justificación o la finalidad de sus actos, a la vez que descerraja un vitriólico retrato del nuevo colonialismo económico norteamericano –de hecho, buena parte de la cinta sería mutilada para su exhibición en los Estados Unidos-.

Todo un puñetazo violento y agónico, directo al estómago.

 

Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,3.

Nota del blog: 9.

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