Archivo | 14:59

El hombre de los puños de hierro

27 Abr

“Si una película consigue que un individuo olvide por dos segundos que ha aparcado mal el coche, o que no ha pagado la factura del gas o que ha tenido una discusión con su jefe, entonces el cine ha alcanzado su objetivo.”

Billy Wilder

.

.

El hombre de los puños de hierro

.

El hombre de los puños de hierro

Año: 2012.

Director: RZA.

Reparto: RZA, Russell Crowe, Rick Yune, Byron Mann, Lucy Liu, Jamie Chung, Dave Bautista, Daniel Wu, Gordon Liu, Pam Grier.

Tráiler

 

           Sin duda alguna, Quentin Tarantino es amigo de sus amigos. Un tipo generoso. Bien lo puede asegurar RZA, reputado rapero que había colaborado en algunas bandas sonoras del cineasta de Knoxville –Kill Bill: Volumen 1 y Volumen 2, Django desencadenado-, con posteriores aspiraciones interpretativas y, ahora, con la dirección de cine como nuevo horizonte creativo bajo la maternal figura de Tarantino.

            Aparte del prestigioso aval de su firma y la cesión amistosa de varios de sus contactos y protegidos para guarnecer al cineasta novel –el inefable Eli Roth en el guion y la producción; Lucy Liu, Gordon Liu y Pam Grier en el reparto, testimonialmente en el caso de los últimos-, esta mezcla andante de cineasta, estrella y género cinematográfico accede de manera más que probable a la tutoría artística o, cuanto menos, a servir como guía e inspiración.

            En El hombre de los puños de hierro, la adscripción de RZA a los modos, maneras y gustos de Tarantino es evidente, al menos en su aspecto más superficial, aquel que, por otra parte, ha sido saqueado hasta la saciedad con frecuente poca fortuna.

Ambientada en la China del siglo XIX, de rasgos ancestrales pero con hueco para la entrada de la modernidad más cruda y más pop en forma de desopilantes armamentos, la propuesta de RZA samplea con desparpajo esos infragéneros populares y peleones adorados por su mentor: el cine hongkonés de artes marciales –con el lavado esteticista de autores contemporáneos como Ang Lee, Zhang Yimou y demás-, la blackxploitation y el spaghetti western.

Una confluencia que, de manera más que obvia, quedará corporeizada por el propio argumento a través de la entente establecida entre ‘los buenos’ de la película. A saber: el estoico RZA, herrero afroamericano desilusionada y cínicamente neutral; un satirizado e hilarante Russell Crowe, que hace buena la manga ancha concedida para actuar de (voluminoso) contrapeso del inexpresivo protagonista como amoral forastero cazatesoros, y Rick Yune como representante local, encarnación del noble príncipe en lucha contra sus corrompidos hermanos de clan, con menor peso dramático.

            Debido a que, como es lógico, huelgan las comparaciones con su modelo originario, El hombre de los puños de hierro ha de ser medida en todo caso con esa serie de epígonos e imitaciones surgidas al calor de la popularidad de Tarantino. Y cabe decir que, pese a la opinión general, tampoco saldría perdedora a mi parecer.

Más fresca y menos petulante –acaso involuntariamente, dada la experiencia de su hombre al mando-, la película adquiere la jocosidad y ligereza de la serie Z de forma natural, elevándose como un vehículo de puro entretenimiento kitsch y alocado gracias, en buena medida, a la falta de complejos y el sorteo de la caída gratuita en el guiño nostálgico y cursi –aquí quizás entre en juego la pretensión de RZA, tampoco conseguida, de marcar su propia personalidad como autor-, además de por el respaldo de una serie de personajes bastante resultones –Crowe, que siempre llena la pantalla cuando aparece, y ese simpático villano de estética rock star ochentera, bien interpretado por Byron Mann-.

Todo ello a pesar del abuso de tics tarantinianos –cómico y turístico coqueteo con el gore en las escenas violentas, pizpiretas alusiones sexuales, exageración de efectos de sonido- y la autopromoción a destiempo con el profuso y cuestionable empleo del hip-hop en la banda sonora.

            De hecho, suele sobrevolar sobre la cinta la amenaza de caer en el ridículo, problema que hubiera sido inevitable si la fuerza de la dirección –desde luego lejos de ser magnífica, con abundantes movimientos de cámara exhibicionistas y poco lucidos- hubiera sido un pelín inferior.

Sin embargo, RZA consigue que al menos que el ritmo no decaiga y que el espectador logre pasar un gozoso lapso de distracción, lo cual, dado el carácter de la producción, es lo más que se le podía pedir al asunto.

 

Nota IMDB: 5,5.

Nota FilmAffinity: 4,5.

Nota del blog: 6,5.

A %d blogueros les gusta esto: