El imperio de los lobos

25 Abr

La presente entrada es una copia. El original, coquetuelo y con fotografías, en CINEARCHIVO.

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“En Francia tenemos un problema: somos incapaces de admitir que el cine es también una industria, que el cine es también diversión.”

Luc Besson

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El imperio de los lobos

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El imperio de los lobos

Año: 2005.

Director: Chris Nahon.

Reparto: Jean Reno, Arly Jover, Jocelyn Quivrin, Laura Morante, David Kammenos, Patrick Floersheim.

Tráiler

 

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            Los buenos números en taquilla de Los ríos de color púrpura sirvieron, además de para ratificar en el exterior una nueva hornada de éxitos comerciales procedentes de la reverdecida industria francesa, para presentar al público español a uno de los escritores más vendidos de la novela policíaca gala actual, Jean-Christophe Gagné.

Literato de pronunciada vocación popular, Gagné desarrolla su obra a caballo entre el tradicional papel y el más visible celuloide. Ámbitos en los que, sin distinción, toma habitualmente como punto de partida unas fuentes de inspiración bien definidas, con querencia por un suspense de tramas sórdidas, salpicadas de un rotundo y malsano sentido físico en la impresión de elementos de terror y organizadas entorno a la sombra de crípticas sectas o sociedades secretas, reverso subterráneo y tenebroso del caos moral de la sociedad contemporánea.

            De hecho, no cuesta encontrar puntos de conexión entre aquella Los ríos de color púrpura y esta El imperio de los lobos, ambas traducidas al guion por el mismo Gagné: unos atroces asesinatos de ejecución quasicientífica, su investigación por dos detectives antagónicos –un veterano lacónico y expeditivo y un joven aún verde pero con potencial para adoptar las virtudes y los vicios del anterior-, la historia dividida en dos relatos perpendiculares destinados a cruzarse y complementarse, el tono apocalíptico general y una incorpórea organización como atrayente vórtice de un mal absoluto al acecho.

Unos fundamentos comunes a los que, en este caso, habría que añadir el saqueo de recursos propios del thriller estadounidense de principios de milenio, como es la presencia de rasgos trasplantados de la saga Bourne –entremezclados, eso sí, en un personaje femenino heredero del prototipo de heroína inocente y ultraviolenta del cine de Luc Besson– o la trasposición de la amenaza fantasmagórica, itinerante y de rostro medio-oriental típica del mundo post-11S de la mano de los Lobos Grises, organización ultranacionalista turca, considerada en algunos círculos como los servicios secretos extraoficiales del estado otomano y con células activas en Francia -hace escasos meses se barajó su nombre como sospechoso del asesinato de dos activistas kurdas en París-.

            Con estos mimbres, Chris Nahon –director de tendencias emigrantes, con debut en Hollywood con El beso del dragón, al servicio del estólido Jet Li, y posterior paso por Hong Kong con la coproducción Blood: el último vampiro– ofrece un comienzo que logra cautivar la atención del respetable gracias a la dosificación de la intriga, bien guarnecida por un argumento que maneja con habilidad las convenciones del género.

El elenco sostiene parte de esta firmeza, en especial el carismático Jean Reno, cuya apariencia facilita un amplio registro que va desde papeles paternales hasta amenazadores misántropos, encargado aquí de hacer suyo un estrafalario individuo –expediente profesional sanguinolento y desclasificado, pelo oxigenado, patillas bigoteras a lo Zumalacárregui, camisa hawaiana y gesto narcotizado- que se atreve, y es de agradecer en aras de su autenticidad, a llevar el esquema de policía-vigilante hasta sus últimas consecuencias –no dudará en sacar un ojo o cortar los dedos de un jefezuelo mafioso para obtener información-.

En contraposición a este contundente personaje, su imberbe aprendiz (Jocelyn Quivrin) aparece desdibujado, pálido en sus fundamentos y motivaciones; de igual manera que ocurre en paralelo con la protagonista femenina (Arly Jover), enigmática prófuga de la justicia víctima de la amnesia, y su abnegada compañera de fatigas (la encantadora Laura Morante), una solidaria psicóloga a la que a lo largo del metraje se va vaciando de contenido.

            Así las cosas, Gagné sabe plantear el suspense, pero no acierta a resolverlo con la misma corrección. Como sucediera en la irregular Los ríos de color púrpura, que se descalabraba en un torpe y farragoso tercio final, lo que se presenta aquí en inicio como un solvente ejemplo de cine de evasión -a pesar de los desequilibrios en la dirección, ya que Nahon alterna desiguales ejercicios de acción de diseño con excesos que revelan su extracción videoclipera, acentuados por una selección musical que además de errada suena a demasiado volumen, y con peleas de artes marciales que poco casan con el ambiente del filme-, termina por naufragar a marchas forzadas en cuanto las dos líneas argumentales confluyen en una sola.

El alargado desenlace despliega un desesperado cúmulo de referencias mal digeridas, pésimamente escritas y peor filmadas destinado a evitar, sin éxito, el lánguido declive de la película. El delirante, incoherente y exasperante batiburrillo de narcotráfico, crimen internacional, tráfico de personas, espionaje y terrorismo de guerrillas viaja desde París hasta la turca Göreme –puro turismo exótico, con escasa justificación- para inmolarse definitivamente en una secuencia final con unas pretensiones de espectacularidad tan ridículas como nefastamente ejecutadas.

            La postrera puntilla para una propuesta que va de más a (muchísimo) menos.

 

Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 4.

7 comentarios to “El imperio de los lobos”

  1. Dessjuest 25 abril, 2013 a 15:58 #

    Sobre la peli nada que decir, ni la he visto ni creo que la vea, ahora, sobre la frase que abre, pues si por ahí piensan eso no quiero ni imaginarme cómo estamos debajo de los Pirineos.

    • elcriticoabulico 25 abril, 2013 a 17:20 #

      Hombre, esos franceses son muy suyos. De todas maneras, por mucho que diga Besson, en Francia también se hace mucho cine de entretenimiento (a su manera). Ésta es un claro ejemplo.

      • Dessjuest 25 abril, 2013 a 17:52 #

        Por eso lo decía, que si se quejan ellos qué deberíamos pensar del asunto nosotros.

  2. kaldina 25 abril, 2013 a 18:21 #

    Hola. Esta peli la vi hace un tanto y me gustó. Me parece que al cine francés lo debes abordar de sólo 2 formas. O entras a él completamente desprevenido y te dejas sorprender o entres completamente crítico y tratas de pillar todas las propuestas que incluyen dentro del lenguaje cinmatográfico. Me pasaba mucho al principio que entraba en actitud medio medio y me parecía un cine insoportable, en la actualidad lo disfruto mucho.

    • elcriticoabulico 25 abril, 2013 a 21:51 #

      No tengo demasiado prejuicio hacia el cine francés, es un mundo demasiado amplio como para andar con restricciones. De todas maneras, ésta es de las francesas convencionalitas, no hay mucho cambio respecto al cine comercial estadounidense. Globalización.

  3. plared 26 abril, 2013 a 04:22 #

    Un petardo. La de los ríos el color purpura se dejaba ver. Efectista y tal, pero entretenida. Esta un truño ideal para mi falta de sueño…….

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