Zardoz

16 Abr

“¡No presten atención al hombre detrás de la cortina!”

El mago (El mago de Oz)

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Zardoz

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Zardoz

Año: 1974.

Director: John Boorman.

Reparto: Sean Connery, Charlotte Rampling, Sara Kestelman, John Alderton, Nial Buggy.

Tráiler

 

 

            Érase una película a un taparrabos pegada. En cierto modo olvidada por el público generalista, la huella más duradera Zardoz permanece fijada al modelito que en ella exhibía su estrella, Sean Connery –por entonces tratando de sacudirse a James Bond de encima, con escaso éxito-, quien se pasa todo el metraje luciendo coleta indómita, mostacho mexicano y viril pelo en pecho gracias a su escueto taparrabos rojo.

Y sin embargo, pese a que no se trata ni mucho menos de una obra maestra y ni siquiera es un gran filme fantacientífico, Zardoz sí merecería una revisión, aunque solo fuera por su desmedida ambición de trascendencia en contraste con su más bien pírrico presupuesto y su incuestionable personalidad propia, seña de un autor, John Boorman, que nunca se amedrentó ante género alguno, llevando siempre su obra a una perspectiva singular y especial, hecho que ya había demostrado anteriormente con el cine criminal en A quemarropa, también con una fuerte presencia de lo metafísico en su ambientación y su contexto dramático.

            El comienzo de Zardoz ya se sale fuera de la norma, con una cabeza parlante con ínfulas de demiurgo que, en su presentación del argumento, sitúa al mismo nivel ficción y realidad, vida y película; todos ellos igualados como frívolos ejercicios de intriga y sátira, de drama y comedia.

Nos encontramos por tanto ante títeres que mueven títeres. Un teatrillo autoconsciente, escenificado en un futuro distante en el que el ser humano vive segregado entre una oligarquía inmortal recluida en arcádicos oasis de conocimiento y progreso técnico, y una mayoría brutalizada, condenada a exterminarse entre ellos en cumplimiento de un ficticio culto al arma y a la muerte.

Como atestiguan 2001: Una odisea del espacio o El planeta de los simios, la ciencia ficción poseía ya entonces la madurez suficiente como para diagnosticar y diseccionar la deriva del hombre en unos tiempos especialmente oscuros e inquietantes como es el cambio de década entre los sesenta y los setenta.

            Boorman establece como guía del filme al personaje de Z (Connery), un salvaje infiltrado en uno de esos idílicos reductos de eternidad con aspecto de campiña inglesa decimonónica. Es una figura mesiánica y  rebeldía, capaz de entregar la muerte –la letra Z no deja de ser una omega contemporánea- a unos autoproclamados dioses enfermos de aburrimiento, decadencia y falta de estímulos fisiológicos, condenados a la senilidad eterna o a la apatía incurable.

           Más que probablemente de forma intencionada, la estrafalaria estética mantiene al espectador siempre distanciado al argumento, incapaz de implicarse a fondo en una propuesta marciana como pocas, a ratos fascinante por la misma razón. Algo similar le ocurre a los actores, con un Connery supersexualizado e hipermasculinizado que se lo toma con resignación y oficio o una bellísima Charlotte Rampling bastante más abochornada.

            La combinación entre abundante simbolismo filosófico y puesta en escena psicodélica hacen pensar en una cinta dirigida por Alejandro Jodorowski siguiendo un estricto régimen de drogas, a pesar de que no obstante pueden aventurarse rasgos estilísticos que el realizador británico perfeccionaría en cintas sucesivas como la monumental Excalibur, caso de la estructura de las escenas de ensoñación o el reflejo de ese mundo paupérrimo o barbarizado en contraposición con una supuesta Edad de Oro, cosa que se extiende incluso al empleo de una actriz en concreto –si no es la misma, son dos gotas de agua- como imagen viva de la desesperación.

Desde la sexualidad y la violencia a la tecnología y la religión, del sentido de la existencia a la naturaleza de lo divino. Ningún tema elevado queda sin tocar en Zardoz, lo que, por consiguiente, se traduce en un discurso un tanto embarullado y frío, superficial e irónico.

            Entre tanto mensaje metafórico y críptico, en exceso inescrutable –de nuevo, puede que con esa actitud tendente al absurdo y el nihilismo-, parece señalar hacia una concepción esencialmente pesimista del hombre, la cual, con muy mala baba, invita a su inmolación cruenta como única posibilidad de redención como especie.

            Quizás otra cosa no, pero Zardoz es sin duda una película diferente, atrevida como pocas.

 

Nota IMDB: 5,7.

Nota FilmAffinity: 5,3.

Nota del blog: 6.

6 comentarios to “Zardoz”

  1. plared 17 abril, 2013 a 04:34 #

    Como dices una estética marciana y una frialdad que hace que la historia te importe un pimiento. Una de tantas sesudas tonterías que cineastas con oficio les da por hacer de vez en cuando. Cuidate

    • elcriticoabulico 17 abril, 2013 a 11:33 #

      Es un delirio en sí mismo, pero a ratos tiene su gracia y me parece toda una curiosidad. Como reconoce ella misma, no hay que tomársela demasiado en serio. Eso sí, recuerdo que me había hecho más gracia la primera vez que la vi. En fin, me doy cuenta de que cada vez soy menos tolerante con el surrealismo, con lo que me gustaba antes…

  2. ALTAICAaltaica 18 abril, 2013 a 01:21 #

    Una de las cuestiones más apasionantes es la mirada con la que nos acercamos, en este caso, al cine. Resulta curioso como el paso del tiempo, la formación o todo lo contrario, la pérdida de inocencia, el viaje dogmático o la desaparición de sus límites, la intransigencia o la apertura de miras, el poso de lo visitado, visto o desnudado, hacen que una misma obra nos parezca aún mejor, aún peor o todo lo contrario.

    Por eso, a veces, no quiero volver a visitar ciertas películas, y otras, las más, me apasiona su nuevo análisis pues me doy cuenta que uno no es el que era y no será el que es.

    • elcriticoabulico 18 abril, 2013 a 15:01 #

      Simplemente que, aunque nos neguemos a ello, los gustos cambian. Hay películas ahora que dentro de unos años no me gustarán, y al revés. A mí por lo general ha habido cintas que no me gustaban antes o no supe apreciarlas y al volverlas a ver con mayor madurez (o así) me han encantado. En este blog hay unos cuantos ejemplos de ello.

  3. Lost-Angel 11 junio, 2013 a 16:29 #

    Muchas gracias por la crítica, es justo lo que estaba buscando.

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