Academia Rushmore

7 Abr

“Wes Anderson tiene un talento muy especial: sabe cómo transmitir las emociones y las relaciones de la gente con total precisión y riqueza.”

Martin Scorsese

Academia Rushmore

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Academia Rushmore

Año: 1998.

Director: Wes Anderson.

Reparto: Jason Schwartzman, Bill Murray, Olivia Williams, Seymour Cassel, Brian Cox, Mason Gamble, Sara Tanaka.

Filme

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            Prototipo del autor indie personalísimo y de irredenta libertad surgido en los noventa, el texano Wes Anderson expone a través de su cine un mundo singular, dulce y amargo al mismo tiempo, cargado de emociones reconocibles y bañado en un cierto surrealismo. Un microcosmos que, probable reflejo autoreferencial, tiene su razón de ser como álbum privado en el que coleccionar sentidos cantos al diferente, a la mirada disfuncional hacia una realidad que siempre ha sido más cruda para las sensibilidades fuera de la norma.

A pesar de sus credenciales y su estatus de cineasta de culto -incluso dentro de la una industria depredadora como Hollywood-, el primer contacto del que suscribe con la obra de Anderson no pudo ser más desalentador.  Cierto que fue hace muchos años y no en óptimas condiciones, pero Los Tenembaums. Una familia de genios, dejó impresa en mi memoria la sensación de haber padecido una pretenciosa y elitista comedia destinada a listillos, con mucha menos gracia y sustancia de la que en su ostentosa autocomplacencia pretendía exponer.

Superando estos prejuicios, hay que reconocer que Academia Rushmore, película que hoy nos ocupa y primera cima de Anderson en cuestión de prestigio internacional, es una cinta original y simpaticona.

            Escrita en colaboración con su amigo, el actor Owen Wilson, la película queda articulada en torno a un personaje peculiar, un inadaptado para el que el mundo gira alrededor de su pertenencia a la exclusiva academia del título, el filme exalta la figura del soñador y de los sueños como energía imprescindible para una vida saludable. La preeminencia de la ilusión y de las aspiraciones del individuo como medio y fin de la existencia.

            El tono tragicómico de Academia Rushmore utiliza como vara de medir la propia mirada de su héroe de instituto, siempre traducida por la formalista realización del cineasta: elaborada al milímetro, de fuerte cromatismo, tierna y comprensiva, con una selección musical igualmente cuidada y con funciones guion paralelo.

De este modo, los procesos naturales de la adolescencia, su traumático patetismo, el descubrimiento del primer amor y el primer desengaño, las relaciones con los adultos -niños grandes a los que la realidad les ha roto el juguete-, la desorientación en el hallazgo del propio camino y el aprendizaje que todo ello conlleva quedan magnificados desde la óptica del protagonista, un individuo aferrado a sus innegociables quimeras y con un fuerte sentido melodramático de la vida.

Por fortuna, Jason Schwartzman resulta menos irritante de lo que acostumbra interpretando un papel excéntrico y excesivo que fácilmente podía serlo, bien contrarrestado por otra parte por secundarios tan solventes como Bill Murray, colaborador habitual del cineasta.

           Así pues, una dirección atractiva, bien ajustada a las necesidades de su curioso argumento, y un reparto acoplado, hacen que la película salve la exigencia de identificación con su particular centro de gravitatorio y sepa hacerse querer.

Notable.

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7.

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